잡종 아들

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En el gran bosque viven creaturas de todos los tamaños, formas y colores

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En el gran bosque viven creaturas de todos los tamaños, formas y colores. Miles de años atrás fueron creados por los tres grandes Dioses para que vivieran en armonía y paz.

Lamentablemente la maldad llegó a los diversos clanes, desatando una guerra incluso entre los mismos hermanos.

Así fue como se irguieron las nuevas reglas del bosque. Todas las creaturas se dividieron y los muros se construyeron.

Fue el final de la unión y la paz.

— ¡Cariño! ¡Despierta por favor! — El pequeño zorro abrió sus ojos ante el llamado asustado de su madre.

Su mente seguía nublada por el sueño, así que intento despabilarse. Al principio pensó que seguía aturdido, pero a medida que la realidad disipaba la niebla de la inconsciencia, gritos desgarradores retumbaban por toda la casa.

Abrió los ojos desmesuradamente, confundido por el caos que podía intuir desde adentro.

— ¿Qué? .... ¿Qué está pasando? — los ojos de su bonita madre estaban brillando por las lágrimas que corrían sin tregua y su rostro pintado por la angustia visceral que la ahogaba por dentro.

— Tienes que irte, cariño... Quiero que huyas... — su madre intentó hablar con tranquilidad. Pero los estruendos y el sonido del sufrimiento del exterior ponían los nervios al filo del renglón.

— ¡Madre! ¡Por favor dime qué está pasando! — exigió al borde de las lágrimas. El olor a humo le llegó de golpe y el sonido alcanzó un nivel horrible.

La mujer quería decirle algo, pero la explosión de la madera de su casa y el grito ronco de un hombre interrumpió todo.

— ¡Los quiero a todos afuera! ¡Salgan ya malditas ratas! — gritaron desde otra habitación, no fue necesario nada más para que el joven cambia forma se diera cuenta de que los rebeldes estaban asaltando su aldea.

Los lobos rebeldes eran aquellos que cometían crímenes tan graves que las manadas tomaban la decisión de expulsarlos de las manadas. Esa era la máxima humillación que un lobo pudiera recibir.

Hace mucho tiempo, la expulsión era sinónimo de muerte asegurada, un lobo nunca podría sobrevivir sin una manada, pero pocos años atrás, se habían formado grupos de rebeldes que se encargaban de sacar aldeas enteras y arrasar con todo a su paso.

Esa fue la principal razón de que el bosque se convirtiera en un lugar tan peligroso. Ya nadie estaba seguro ni fuera, ni dentro de su propio terreno.

— ¡Hijo! ¡Tienes que correr! ¡Vete por favor! — la desesperación que ambos sentía se acrecentaba a cada segundo con el sonido de las pisadas acercándose a ellos.

— ¡No mamá! ¡Tenemos que irnos los dos! — rogó con los ojos inundados en lágrima y un nudo enorme en su garganta.

El miedo lo recorría por cada centímetro de su cuerpo. Estaba a punto de desmayarse.

— ¡Vete! — el gritó histérico de la mujer se mezcló con el sonido de la puerta siendo reventada de una patada.

— ¡aquí están! — gruñó un hombre con su animal a nada de salir.

Movido por el miedo evocó a su animal interior y se transformó en un pequeño zorro de campo. Con el corazón hecho un nudo corrió lo más rápido que pudo.

La agonía de su pueblo lo hizo sentirse cobarde por huir, dejando a su madre y todos los que quería atrás, pero estaba dominado por un instinto de supervivencia fuera de su mente.

Cuando estaba a nada de llegar a los límites de la manada, el fuerte dolor que le produjo ser tomado por el pellejo de su cuello lo hizo lanzar un chillido agudo y gutural.

Vio el rostro de un hombre con una horrible cicatriz en el ojo y su sonrisa de desquiciado que le indicó que su vida se había acabado.

🍂🍂🍂

Dicen que el tiempo es relativo. Cuando eres feliz los minutos se escapan como agua entre las manos, cuando eres infeliz, un solo segundo parecen siglos.

Mirando el cielo pintado de colores naranjas y amarillos se preguntó que sería de su vida si no lo hubieran alcanzado hace tantos años.

— ¡Papi! — Tal vez no tendría a su bonito cachorro consigo.

Su pequeño zorrito era la mejor cosa que la Diosa Luna le pudo haber regalado. Jamás se imaginó que esto le sucedería.

El día que se lo llevaron de su aldea, creyó que no viviría para contarlo. Hace cuatro años quizá hubiera deseado estar muerto que convertirse en el juguete personal del líder de los rebeldes, pero después de enterarse que estaba en cinta... Bueno, se había replanteado su visión de la vida.

No mentiría; su vida era un infierno y sobre todo cuando su pequeño bebé sufrirá en manos de su propio padre. Era un sentimiento de impotencia asqueroso, pero él hacía todo lo que estuviera a su alcance para protegerlo y lo haría hasta la muerte.

— ¿Qué pasa pequeño zorrito? — su pequeño niño de bonitos ojos afilados y regordetas mejillas lo miro con curiosidad.

— Estás triste. — fue lo que dijo con su curiosa pronunciación infantil.

— No zorrito, nunca puedo estar triste si estás aquí. — el niño se acurrucó en su regazo y comenzó a acariciar sus rojizos cabello, iguales a los suyos.

Disfruto de ese momento de tranquilidad, los cuales solían ser efímeros y pocos. Por eso eran más especiales.

Aún recuerda como fue amenazado cuando se descubrió su embarazó; era muy difícil lograr una cría para cualquier cambia forma y todavía más imposible cuando era una cruza de dos razas. Pero aquí estaba su zorrito, nacido un día donde a pesar de la estación, nevó como si el invierno se estuviera apoderando de la tierra.

Todo cubierto de un blanco hermoso. Simplemente perfecto igual que su bebé.

Soltó una lágrima de melancolía.

Deseaba el día en que su bebé fuera libre, que pudiera ser feliz y crecer como el hermoso chico en el que se convertiría.

Se lo pediría a la Diosa Luna hasta que se lo cumpliera.

5. Instinto rebelde [첸민]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora