Capítulo 16

15.4K 2.8K 527

¡Feliz día de Reyes!  No sé si todas lo festejen, pero este es mi regalo para ustedes, un beso :*

Llevaban un mes navegando, para ese entonces, Blake ya se había acostumbrado al constante movimiento de la embarcación, a los chirridos nocturnos, las tormentas ocasionales y el frío implacable. También comenzaba a conocer más los hábitos de su marido, al menos, los que tenía cuando estaba en medio del mar.

Calder era conciso siempre en su hacer. Despertaba muy temprano, se aseaba y salía rápidamente junto a su tripulación, regresaba con ella a eso de las once, comía un ligero desayuno que se basaba en pan, queso y vino; después, volvía a salir, ella podía escucharlo por horas gritando a sus empleados, era normal que se juntara a la hora de la comida con ella y otros cuantos marinos de confianza, para después, en la cena, pasarla haciendo cuentas, revisando el mapa, bebiendo con Loren, Víctor y, en ocasiones, con Luisa y Megan, con las cuales también hablaba de trabajo.

Blake era una compañía hermosa, que ocasionalmente intervenía con opiniones sabias que eran tomadas en cuenta por su marido y el resto de los visitantes. No había nadie que no quedara encantado con su presencia, entre la tripulación se había dispersado el rumor de que el capitán se había casado con una sirena, puesto que la señora era hermosa, su voz angelical encantaba a cuanto hablara y, muchos decían que con un simple roce de sus dedos podían quedar prendados de ella para toda la vida. Todo lo anterior complacía al hombre dueño de aquella mujer, además de que atemorizaba a los hombres quienes nada más verla, le sacaban la vuelta para no agredir al capitán al observarla en demasía.

Faltaba menos de un mes para arribar a Nueva York, o eso era lo que había escuchado Blake de los labios de Víctor, quién en esa ocasión había llegado antes de lo acordado y se había sentado junto a ella, bebiendo largamente mientras esperaban a Loren y Calder.

—Mi señora, ahora puedo decirle sin temor que aprecio lo que ha hecho por los tripulantes de este barco —dijo el gran hombre de piel morena—, gracias a que la traemos abordo, no hemos sufrido ninguna baja.

—No debes acreditarlo todo a mi persona Víctor —negó Blake, dejando su copa de vino a un lado—, agradezcamos a la medicina y las buenas enseñanzas de mi tío.

—Vuestro tío —profundizó su voz el hombre—, habla usted de Thomas Hamilton.

—El mismo —asintió—, veo que ustedes hablan de él con respeto ¿por qué lo hacen?

—Bueno, vuestro tío ha sido un ejemplo a seguir de muchos de nosotros —concedió el hombre—, incluso del capitán.

—¿Mí marido? —sonrió la joven— ¿Admira a alguien además de a sí mismo?

Víctor dejó salir una carcajada estridente y sonrío cuando su cabeza volvió a la posición ordinaria.

—Por supuesto, cuando era chiquillo, claramente admiraba a alguien y ese alguien era Thomas Hamilton.

—No lo sabía.

—Y no tendrías por qué saberlo —dijo la voz del aludido—, veo que el vino te suelta la lengua Víctor, habrá que tomarlo en cuenta.

—Vuestra señora es alguien de confianza, capitán.

—Seguro que sí —la miró el hombre que encarcelaba al sol en sus ojos.

—Le decía a la señora de lo mucho que agradecíamos su presencia —Víctor recobró el hilo de la conversación pasada—, puesto que ella ha hecho que nadie muera durante el trayecto.

—¿Es así? —preguntó despreocupado, dejando de lado su saco sobre la cama.

—Iré a preguntar por la comida —se apresuró Blake a salir de ahí.

El último Bermont¡Lee esta historia GRATIS!