Cuando Niall me lo dijo, me quedé en estado de shock. Por fuera no hacía ninguna expresión, pero, por dentro, todo estaba hecho una fiesta. Y entonces, decidí reaccionar.

-No... - Le dije yo. - ...cuando acabe la universidad no. - Niall abrió los ojos como platos. Me hizo demasiada gracia. - Yo quiero antes. Cuanto antes.

-Entonces... ¿aceptas? - Dijo ahora serio él.

-¿Tú que crees? - Dije yo. Después, atrapé sus labios con los míos. Empezó a reír con esa risa que tanto me gusta, y después me tiró a la hierba. Me empezó a dar pequeños besos por toda la cara. - ¡Ya! ¡Para!

-¡No quiero! - Reí. La verdad, no quería que parara. No quería que eso parase. Quería que este momento se congelase. Me gustaría que sólo existieramos en la tierra él y yo. Ahora que lo pienso. Los chicos. Miré hacia atrás un poco, y ya no estaban. Me alivié.

-Niall, para ya, anda. - Le dije yo. Él me hizo un puchero. Así es irresistible, pero, intenté hacerme la dura. - No, no funciona. - Dije con una sonrisa en la cara.

-Jo. - Dijo haciendo sollozos.

-No me engañas Horan. - Dije riéndo.

-¿Ah, no? Pues ya verás. - Se levantó y me cogió por las piernas. Pataleaba, gritaba, pero no me bajaba. Me llevó al templete. - Ya verás. Tendrás que ver mis bailes irlandeses, ¡por toda la eternidad!

-¡No! - Dije riéndome. Empezó a bailar. Cuando acabó, estaba rojo, y se podía notar el latir de su corazón a cien kilómetros. Por esta escena, me empezé a reir a carcajadas. - ¿No ibas a bailar por toda la eternidad?

-Mejor me lo pienso un poco. - Dijo con la respiración acelerada. Empecé a reír más. - ¿De que te ríes pequeña duendecilla? - Se acercó.

-De nada. - Reí más.

-¿Quieres reír de verdad? - Dijo él. - Vamos a ponerte igual de colorada que yo. - Acto seguido, me empezó a hacer cosquillas. Estuvo haciéndome cosquillas un rato, hasta acabar igual de colorada que él. - ¿Ves? Ya estámos igual.

-No del todo, porque a ti se te ha pasado ya. - Empezó a reír él esta vez. - ¡No te rías!

-Es que estás tan monosa. - Empezé a pegarle puñetazos. Me cogió de las muñecas y me empujó contra el suelo. - Ahora, no puedes escapar.

-¡Socorro! - Dije yo riéndome.

-¿Qué te parece si soy el brujo y el príncipe a la vez? - Me preguntó él con uno de sus pucheros. Esta vez no me pude resistir.

-Cuando tú quieras Nialler. Pero con una condición. - Él me miró atento. - Debes seguir siendo mi duende siempre. - Me dió un beso rápido.

-Eso no tienes ni que preguntarlo. Tú siempre vas a ser mi duendecilla. Y mi princesa. Y mi loca. Y mi todo. Siempre. - No sabía porqué no estaba llorando. Esas palabras me llegaban demasiado al corazón.

-Y tú siempre vas a ser mi duende, mi príncipe, mi loco, y por supuesto mi todo. - Dije yo.

-¿Loco? Lo estoy, pero por ti. - Me derretí con esas palabras. - Te quiero loca. Mucho.

-Y yo loquillo. Te quiero muchísimo. Demasiado para mi gusto. - Reímos. Así fue hasta la noche. Cuando nos íbamos hacia casa, me planteé una pregunta. - ¿Qué sería de mi vida sin ti? - Le dije. - Unos meses que estuve distanciada de ti, y casi me muero.

-Si yo muero algún día, me gustaría que si tú quieres, te vinieras conmigo. - Reímos. - Pero cómo eso no va a pasar hasta que estemos pequeños y con arrugas, no. - Reímos de nuevo. Cuando llegamos a casa, me cogió de la mano. - ¿Dormimos juntos? - Yo soy demasiado mal pensada.

-¡Pervertido! - Grité. Él empezó a reirse. - ¿Qué te hace tanta gracia?

-Que eres muy mal pensada. - Dijo.

-¿Tú también te has dado cuenta verdad? - Reímos los dos. - Sí podemos dormir juntos. - Cargamos un gran colchón hasta el salón, y nos tendimos allí.

-¿Estás segura de que quieres casarte conmigo? - Miré a sus perlas azules. Él estaba serio. Quería ver esa sonrisa de nuevo. Así que le decidí contestar cuanto antes. 

-No puedo estar más segura al casarme con el hombre que más feliz me hace. - Reímos los dos. - Te quiero. 

-Y yo. Por muchas veces que te lo diga jamás me cansaré de decírtelo. - Lo abracé. Así, nos quedamos dormidos. 

-NARRA JAMES- 

   Bajé pronto a desayunar. Había quedado con Tiffa. Quería proponerle lo mismo que Niall le ha propuesto a Elena. Cuando bajé, me los encontré a ellos abrazados. No había que ser tonto para saber que se querían más que Alex a los teletubbies. Me hice el desayuno, y me vestí. Cuando estaba listo, me fui. Llegué al apartamento de Tiffa, y en ese momento ella salió. Iba tan elegante como siempre. Tan hermosa. Justo cómo la vi cuando la conocí. Le di la mano. La llevé al Big Ben. A estas horas no solía haber mucha gente. Era perfecto. 

-Tiffa... - Empecé. - ..te quiero decir algo. 

-Yo también. La verdad una pregunta y otra cosa más. - Dijo ella. - Empieza tú. 

-No, dilo tú. - Ella asintió.

-Verás, la pregunta, ¿Niall y Ele se casan? - Yo afirmé con la cabeza. Ella dió una de sus mejores sonrisas. De las de verdad. - Y... lo que de verdad me importa. James, no sabes sobre mi pasado. Sobre lo que hice en tiempos pasados. - La miré extrañado. - James, yo, en mis tiempos pasados, mi oficio era pasearme por las esquinas de la ciudad. - Cuando me lo dijo, caí en la cuenta. Tiffa, había sido, ¿pu*ta? - Sí, fui pu*ta. - Dijo cómo si hubiera leído mis pensamientos.

-Yo... necesito tiempo para pensar en esto... - Me levanté, y me fui. Pensé que nada volvería a ser lo mismo. Pero, vivía con la idea de que aún quería a Tiffa. Así, me fui a casa.

-NARRA ELENA-

   Me levanté. Me hice el desayuno, y me lo tomé. Oí la puerta, y vi que era James. Tenía la cara triste, cómo si le hubieran golpeado, pero no físicamente, si no en el corazón.

-¿James que ha pasado?

A thousand years |Niall Horan| ~ Terminada.¡Lee esta historia GRATIS!