Al día siguiente de haber llegado a Hogwarts, Elizabeth comenzó con su rutina diaria sin molestarse, le gustaba estar en control y mantenerse distraída le alegraba. Dumbledore le había dado su habitación propia finalmente, y eso no hizo más que alegrarle, y alegrar a Draco que ya había empezado a caminar encorvado por dormir en el sofá cada noche.

     ''Vas tarde, de nuevo'' le dijo su serpiente mientras la chica se pasaba el cepillo por el cabello.

      —No es mi culpa que no me despertaras —dijo la chica mientras posaba su cepillo frente a lavabo de su baño, y se miraba frente al espejo — . ¿Todos mis primeros dias seran asi? ¿Tarde a todas las clases?

    ''Si dejaras de soñar con Draco esto no sucedería'' se burló la serpiente.

      — ¡Eso es mentira!  —chilló Elizabeth con horror —. Por tu bien será mejor que te calles, o te quedarás aquí encerrada todo el día.

    Sus palabras tuvieron el efecto deseado ya que Septem no dijo nada desde entonces, ya estaba aprendiendo a dominarla.

     Elizabeth con Septem en hombros salió de su habitación deprisa, se dio cuenta de que no había nadie en la sala común, y camino más rápido fuera de ésta, por los pasillos hacia su clase de Historia de la magia, cuando llegó a la puerta de la clase de Historia, se acomodó el cabello y respiro profundamente, después de haber recuperado la compostura entró al salón, todos los estudiantes habían estado copiando en sus pergaminos pero al escuchar la puerta abrirse levantaron la mirada para observar a quien había entrado al aula, Elizabeth se dio cuenta que el profesor Binns estaba muy metido en el profeta que no reparó en su repentina presencia, la chica se deslizó con mucho cuidado y sigilo por la fila de mesas que había a su lado y se sentó en el primer asiento disponible que vio y suspiro aliviada cuando se dio cuenta que el profesor no se había dado cuenta.

     Agarró un pergamino y como todos los demás, empezó a copiar lo que había en el pizarrón. En toda la clase el profesor no había levantado la vista del profeta, sólo cuando dijo que ya había terminado la clase que todos salieron del salón. Elizabeth salió y se recostó en la pared frente a la puerta del salón viendo como salían los estudiantes uno por uno, esperando a Theo y a Zabini, cuando el trío de oro salió Hermione saludo con una radiante sonrisa a Elizabeth, la chica solo asintió con la cabeza ya que solo podía maldecir cuando vio que Harry se separó de sus amigos para acercarse a Elizabeth.

      —Hola Elizabeth, Hola Septem — saludó Harry con amabilidad.

      ''Hola Harry'' respondió Septem con mucho entusiasmo, cosa que irritó a Elizabeth.

      —No le hables a mi serpiente, joder —gruñó Elizabeth molesta.

     — ¿Qué más puedo hacer? Le caigo bien —dijo Harry encogiéndose de hombros.

      — ¿Qué quieres Potter?   —preguntó molesta, cerca de soltar chispas por los ojos.

      —Siempre tan encantadora como una patada en la rodilla...  —murmuró en voz baja, aún así Elizabeth pudo escucharlo.

      —¿Es en serio Potter? 

    — Lo siento, la razón por la que estoy aquí es por que me había olvidado darte esto —explicó Harry mientras le acercaba un galeón, Elizabeth lo aceptó desconcertada divagando en la idea de que él estuviera insinuando que es una pobretona—: Muestra la fecha de la próxima reunión del ED, espero que sepas usarlo.

     — ¿Te molestarias si digo que no?

     —Esta bien, observa —empezó Harry mientras sacaba de su túnica su propio Galeón, se acercó a Elizabeth quedando muy cerca uno del otro, el chico le mostró su galeón sin percatarse de ese hecho —: ¿Ves el número de los bordes? en el galeón real es una serie de números referente a no sé qué Duendes...

La hija de Voldemort ➻Harry Potter¡Lee esta historia GRATIS!