Capítulo 8

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Entramos por la puerta y allí estaban todos.

—Hola chicas, pensaba ya que no veníais...Alicia, siéntate entre Mario y Ainhoa, y tu, Irene, con Gabriel y Teresa —nos dijo con autoridad.

Por suerte, me tocó en última fila y con mis mejores amigos, Irene no tuvo tanta suerte ya que estaba en primera fila. 

Otra vez el maldito triángulo. 

Me puse a pensar en el semáforo. Lo acabe entendiendo en unos 5 minutos. Claro, los colores, ahí estaba la clave : Verde - Ámbar - Rojo. Miré rápidamente la canica. Seguía en color rojo, pero en un tono, de fuego ardiente. Algo muy malo iba a pasar.

—¿Qué te pasa Alicia? —me dijo Mario asomando su melena rubia.

—No, nada... —respondí yo.

—¿Y esa canica? —comentó Ainhoa.

—Me la encontré ayer cuando quedamos—le contesté algo nerviosa—Es bonita.

—Bien—dijo Verónica en un tono elevado—Callaos.

A los pocos segundos picaron a la puerta. Fue a abrirla. Era la conserje.

—Hola buenas, venía a buscar a Mercedes e Inés— dijo Rosa.

—¡Pero si no me dijeron nada mis padres!— exclamó Inés algo enfadada.

—Ni a mí...— incluyó Mercedes coincidiendo con ella.

—Será que quieren algo vuestros padres, niñas. Tened unas felices vacaciones —les contesto Verónica. 

De repente, Teresa dijo que estaba mareada y Verónica le dijo que fuese con ellas. Se levantaron, se fueron y cerró la puerta.

- ¿Cuántos quedamos? - preguntó Verónica.

- Emm...me parece que 16, profe - respondió Iván.

- Se acaba de ir Teresa - le replicó Juan

- Que sean 15 - comentó Iván de nuevo

- Perfecto, más que perfecto - dijo Verónica satisfecha.

- ¿A qué vamos a jugar, Verónica? - preguntó Javier, tan lanzado como siempre.

- A las 2 en punto lo sabreis. Os quedan 10 minutos - dijo como advertencia de que fuesemos preparando algo. Sabía que algo iba a pasar. Necesitaba un palo por si acaso. Las mesas de la 301 eran como la barra de un bar, pero mucho más anchas. Estaban bien, la verdad. Me acordé en ese momento que debajo de algunas, había palos de madera sujetos, resulta que alumnos de otras clases se aburrían mucho. Miré debajo y además de chicles fosilizados, había un palo, no muy grande, pero algo era algo. Por lo visto estaba pegado muy fuerte, así que necesitaba a alguien más.

- Mario, ayudame a quitar este palo de aquí - le susurré.

- ¿Para qué? - me respondió sin entender para que lo quería

- Callate y ayúdame, a la hora del ''juego'' lo sabrás - le dije algo estresada.

- ¿Pero qué haceis? - nos dijo Ainhoa.

- Ainhoa, tu haz que estornudas o toses, hazlo por el amor de Dios, para que no nos escuche Verónica. A las 2 te lo diré. - susurré de nuevo.

Verónica estaba sentada con el móvil, entretenida, así que tendría que ser mala suerte que alzara la vista. Los demás estaban callados, pero con el móvil, claro. Estaba pegado muy fuerte y no lo podiamos quitar. Mario se canso de hacerlo con las manos y le pego una putada. Cayó en seco y sonó mas de lo que pensaba. En ese momento, Ainhoa había dejado de hacer los ruidos. Me miro con cara de perdón. Los demás nos empezaron a mirar extrañados.

- ¿Qué ha sido eso? - preguntó Verónica con su voz chillona.

- Mi móvil se cayo, profe - mentí, pensando en que ojalá me creyese.

- Vale, no pasa nada, no es mi problema - me contestó en un tono chulo.

Quedaban 5 minutos para las 2. La profesora de puso de pie, me miró, y me empezó a hacer preguntas.

El juego del aula 301[Editando]¡Lee esta historia GRATIS!