Capítulo 1.

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Despierto y sólo veo a mis padres en la enorme sala del hospital. Están abrazados y me parece notar la presencia de lágrimas en los oscuros ojos de mi padre, que me mira fijamente. Como si no me conociera.

Lentamente se aparta de mi madre que reposa la cabeza sobre su hombro izquierdo.

Parece derrotada, hundida, y cuando se gira, su mirada se cruza por un momento con la mía.

En seguida lo veo; esa expresión. La expresión que tenía el día que murieron sus padres. Los ojos rojos y levemente hinchados debido a las lágrimas, la punta de la nariz roja igualmente y le tiemblan los labios, lo que me rebela que está luchando por ser fuerte, por no romper en un llanto y acabar en los firmes brazos de mi padre.

- Kiara.

-Mamá.

-Hija...- murmura y sus labios son una fina línea.

- ¿Qué pasa? -pregunto con voz débil.

Entonces me doy cuenta.

Estamos en un hospital... pero no me había percatado del porqué.

Intento recordar algo que haya pasado para haber acabado aquí. ¿Qué ha podido suceder? Nunca he tenido una enfermedad. No entiendo nada. Cierro un momento los ojos y justo entonces;

Todo a mi alrededor se derrumba.

-¡¿DÓNDE ESTÁN LUNE Y JOHN?!

- Cielo túmbate, tienes que descansar. - oigo la voz de mi padre y noto la presencia de sus manos sujetando mi brazo pero no veo nada por culpa de las lágrimas.

- ¡DIMELO! ¿Dónde?

- Tuvisteis un accidente.

Tengo que salir de aquí. Inspiro. Expiro. Consigo tranquilizarme. Soy yo la que está en la camilla, sí. Pero me encuentro bien. Tengo intención de decirles que me estoy bien y que volvamos a casa. Separo los brazos del cuerpo y los uso para incorporarme y sentarme sobre la camilla. Me pesan las piernas, pero no le doy importancia.

-Hija, ¿qué haces?

-No pasa nada, papá. Estoy bien ¿sabes? -digo tranquilamente.

Me inclino más y justo cuando voy a salir, me caigo. No sé que ha podido salir mal. Mi padre corre a ayudarme mientras que mi madre permanece en la silla, sollozando con las manos sobre la cara. No puedo moverme. No sé que me pasa.

-Papá, se me han dormido las piernas ¿cuanto tiempo llevo ahí? -digo sonriendo.

De repente mi padre, el que siempre había sido fuerte tanto por dentro como por fuera, empieza a llorar como nunca antes. Las lágrimas corren por sus mejillas, cuando dice:

-Lo siento cariño... El médico ha dicho que...-hace una pausa para soltar el aire que estaba conteniendo- ...no podrás volver a usar tus piernas.

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