Decepcionada

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Llegué a casa en taxi. Fui a mi habitación y me tiré a la cama. Mis lágrimas recorrían mi cara. Por mucho que tratara de calmarme no había manera. No entendía nada. Si sabían el daño que me hizo, ¿por qué lo habían invitado?. Por lo menos podrían habérmelo preguntado y no hacerme una encerrona. De haberlo sabido no habría venido, me habría quedado en Palma, con Noelia.

Llamé a Noa. Necesitaba hablar con alguien. No me lo cogió. Llamé a Noelia y tampoco. Me sentía muy sola así que llamé a Raúl. Pensé que por lo menos él alegraba mis días. Traté de parecer calmada.

-¡Hola! ¿Cómo lo estás pasando?-. Me preguntó Raúl desde el otro lado de la línea.

-¡Bien!-. Mentí. - ¿Y tu? ¿Has estado con tu familia?

- Nosotros no celebramos nada si no está Íker. La Navidad no es lo mismo si no hay niños pequeños a quienes hacer regalos.

- A mi me encantaba la Navidad-. Dije triste. Se me empañaron los ojos.

-¿Qué ha pasado?. Estabas entusiasmada antes de irte. ¿Por qué este cambio?

Comencé a llorar, sentí vergüenza pero no podía parar. Le conté entre sollozos lo que había hecho mi familia. Le dije que no era capaz de ver a Vicente. Todavía sentía un gran dolor en mi pecho. Trató de calmarme.

- Marta, respira. Quizás tu familia lo haya rozado más después del accidente. Se conocen desde hace muchos años y habrán sentido lástima, es Navidad. Y quizás él, después de haber perdido a los que más quería, pensó en que no valía la pena perderte a ti también.

¡Lo que me faltaba! Tu no por favor, no te pongas a favor de ellos.

- ¿Tu perdonarías a Sophie?-. Le pregunté seca.

- No-. Dijo rotundo.

- Entonces, me entiendes. ¿Pero comprendes que me sienta traicionada por mi propia familia?. Eso de no perderme son pamplinas, excusas para limpiar su conciencia.

- Te entiendo. Sólo trataba de entenderlos a ellos.

Poco después colgamos. Hablar con él me había ayudado, por lo menos, a desahogarme. Apagué el móvil y me quedé dormida.

Me desperté de madrugada. Tenía hambre. Fui a la cocina y me hice un vaso de leche con colacao. Supuse que todos estarían durmiendo a esas horas. Encendí el móvil. Había algunos mensajes.

Noa: ¿Me has llamado? Quedamos mañana por la tarde. Dime cosas si te apetece.

Noelia: Marta, me ha llamado mi madre y me lo ha contado todo. ¡No me lo puedo creer!. He visto tu llamada perdida y te

he llamado varias veces pero está apagado. Llámame. Te quiero.

Había unas siete llamadas de Noelia. Me alegré de que se hubiera quedado con Enric.

Mañana la llamaré.

Raúl: ¿Cómo estás? Si quieres hablar, llámame. Besos.

Estaba en línea pero no me apetecía hablar con nadie. Apagué el teléfono. Acabé de cenar y volví a mi habitación a descansar.

Dormí fatal. Un gran peso oprimía mi pecho. Tenía ansiedad.

Por la mañana bajé a desayunar. Estaba mi madre en la cocina.

-Buenos días-. Me dijo.

- Buenos días-. No tenía ganas de hablar con ella.

- ¿Podemos hablar? -. Me dijo.

Te besé¡Lee esta historia GRATIS!