12.

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De acuerdo, John Wayne, has dejado claro quién manda aquí. – ironizó la voz interior con gesto divertido. – Pero, ¿no te has parado a pensar que tarde o temprano tendrás que bajar de aquí?

– Claro que lo he pensado, ¿a dónde quieres llegar? – replicó con impaciencia, mirando hacia abajo.

Que mientras estés bajando no vas a poder defenderte en caso de que te quieran atacar. Lo que quiero decir es que no deberías ir dándotelas de tío duro por la vida y apuntando a la gente con un arma cuando no estás realmente dispuesto a usarla. Vamos…que tal vez ellos sí quisiesen que les ayudaras, ¿pero quién te dice que ahora ese tío no quiera vengarse por haber apuntado a su hijo con un arma?

– Yo no le he apuntado con un arma a ningún niño. – respondió con nerviosismo en la voz, comprendiendo qué le quería decir.

Tal vez no, pero has ido corriendo a sacar el arma como un macho alfa para defender tu territorio, y eso no suele gustarle a la gente, ¿sabes? Además…ahora ellos saben que estás armado de verdad.

– ¿Y eso es malo? – preguntó esbozando una sonrisa socarrona en su mente. – Ahora saben que no tienen que intentar nada raro contra mí o de lo contrario…

– O quizá se planteen el robarte el arma cuando estés durmiendo para cambiar las tornas, o simplemente marcharse. No puedes ir enseñando todas las cartas por la vida o no tendrás ningún as bajo la manga cuando las cosas se tuerzan, Jackie, y se torcerán…puedes apostar lo que quieras a esa carta.

    .Una vez más la voz interior tenía más razón de la que él quería admitir y le había hecho pensar seriamente en lo que había hecho y en cómo reaccionaría esa gente ahí abajo una vez descendiera del árbol. ¿Podría fiarse de…? Una vez más el torrente de preguntas y desconfianza amenazaba con desbordar todo en su cabeza, inundándolo de preguntas.

– Bueno, ¿y bien? – preguntó la voz de la mujer con tono impaciente, mirándolo fijamente.

– ¿Y bien qué? – preguntó sin entender, no había estado prestando atención a lo que hubiese estado ocurriendo allá abajo.

– ¿Qué opinas sobre mantenernos juntos durante algún tiempo? – volvió a preguntar el hombre, cruzándose de brazos.

Cuidado con lo que vayas a responder, ya sabes lo que hemos hablado y lo que puede pasar. – advirtió la voz interior.

– Está bien – respondió sintiéndose seguro sobre la copa del árbol. – por el momento. – añadió.

– ¿No deberías bajar de ahí? – preguntó el niño con curiosidad.

Creo que esa es una buena pregunta, Jackie. Este niño no es precisamente tonto.

– Vete al infierno. – contestó de mal humor.

– Yo llevo en él toda mi vida, Jack. Tú en cambio has entrado hace unas pocas horas.

    Con aquellas palabras aún resonándole en la cabeza se deslizó lentamente por la rama para intentar bajar con todo el cuidado del mundo. Intentaba no ponerse nervioso al pensar en la caída que le esperaba de resbalar, o en la posibilidad de que aquella gente intentase atacarle por la espalda mientras lo hacía.

– ¿Cuál es el plan? – preguntó el hombre una vez que Jack logró pisar tierra firme.

– No tenía gran cosa pensada – admitió él con un encogimiento de hombros. –Al menos, no hasta que me hiciera una idea más clara de lo que estaba pasando por aquí. ¿Qué habíais pensado hacer vosotros?

La sombra del cielo¡Lee esta historia GRATIS!