CAPÍTULO SEIS.

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-No puede ser.

-Sí, chica del serio, soy yo. Y eres tan aburrida como pareces, que lo sepas.

Me siento demasiado mal, por su comentario, por el fraude...por todo.

-Mira chico, que te quede claro, no me vas a gustar nunca, no soy aburrida y a partir de ahora en adelante hasta que llegue el final de tu estancia aquí, vamos a parecer amigos o menos que eso ante mi padre y nada más. Eres estúpido. Te odio.

-Oh, me hieres. Que te quede claro a ti que no pretendía más que eso. A diferencia de ti, aunque sea lejos, tengo amigos y novia y no tenecesito, eres una pesada, normal que estés sola. Ahora vete a llorar con tu mamá, niña mimada.

Joder. Se me llenan los ojos de lágrimas, no puedo más. No sé si es porque me gustaría llevarme bien con él y no lo hago, si es porque me gusta o porque ha tocado un tema tabú para mí, pero no aguanto más. Juré que nunca lo admitiría, pero le suelto:

-No sé si al igual que mi padre te informó de que estoy sola, te informó de que mi madre está muerta, pero por siacaso lo hago yo, así que, deja de mencionarla, gilipollas.

Y me voy a mi cuarto dando un portazo como nunca lo he dado y me deslizo lentamente por la puerta cerrada hasta sentarme en el suelo abrazada a mis rodillas y llorando a moco tendido.

Dos horas más tarde, Javier llama a mi puerta. Recuerdo cada palabra que le he dicho. Y no sé si me arrepiento de haberlo hecho. Al ver que le ignoro veo que aparece a mi lado un papel blanco, una servilleta, que ha pasado por debajo de la puerta.

-Joder, lo siento. No...no sabía lo de tu madre y estaba teniendo un día de mierda y lo he pagado con quien menos se lo merecía. Tienes toda la razón. Soy un gilipollas y un creído. Y no me soporto. Y menos todo lo que te he dicho, porque no lo sentía. Me pareces una gran persona tan sólo por el hecho de hacer que nos llevemos bien para vez feliz a tu padre y bueno...por todo eso, ya sabes. La servilleta es símbolo de paz, por favor, acéptala, o si no, bueno...lo entendería -espera un instante y después dice- ah, y he hecho fajitas para cenar, así que, cuando tengas hambre, las sacas del tupper rosa y ya están listas. Y puedes insultarme y todo lo que quieras porque me lo merezco. Y si sirve de algo...me gustaría conocerte o al menos llevarme bien contigo estos dos meses.

Y se me ablanda el corazón. No pensé que se iba a denigrar tanto una persona con un ego como el suyo. Uau. La verdad es que quiero estar bien con él y ver si es o no tan imbécil como parece. Sé que sigue tras la puerta, así que le escribo en la servilleta:

No me gustan las fagitas, pero haré el esfuerzo y cenaré la tortilla que las envuelve.

Se la paso y oigo como se ríe, bajito, pero lo hace y eso mejora mi humor.

Abro la puerta y se levanta. Parece que ha llorado, pero no lo ha hecho, ¿verdad? Me seca una lágrima perdida en mi mejilla y me abraza. Nadie me había transmitido tanto con un abrazo: arrepentimiento, seguridad, súplica por el perdón...Puf.

-Perdonado quedas. Y bueno...yo también siento lo dicho. Y no te odio, ¿eh?

-Gracias, en serio, y...perdonada, pero eso de sobra. Pero lo que no te perdono -dice soltándome y mirándome a los ojos con esos suyos verdosos tan bonitos haciendo latir muy fuerte mi corazón- es que no te gusten las fajitas, ¿las has probado?

-Sí... -digo lanzando un suspiro con una sonrisa en la cara- pero es que ni me gusta el maíz, ni la lechuga, ni el pimiento.

Se me queda mirando con los ojos abiertos y me empiezo a morder las uñas, hábito que creía extinto en mí y que por lo visto ha vuelto (oh, no es por él, que me pone nerviosa, seguro).

Me aparta el dedo de la boca y me coge la mano:

-Bueno, pues al menos cenarás pollo envuelto en toritilla de maíz, pero cenar...cenarás algoz -me dice dedicándome una de sus medias sonrisas.

'Mantente fuerte, Sofía, tiene novia y no te gustan los egocéntricos.' -me recuerdo.

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