CAPÍTULO CINCO.

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A las cuatro horas mi móvil suena. Es un número desconocido así que no lo cojo. Suena tres veces. Cuatro. Y a la quinta veo que es mi padre el que llama ahora.

-¿Sí?

-¿Donde estás? ¿Por qué no le coges el móvil a Javier? ¿Estás bien? ¡Contesta!

-Papá, respira, estoy despejándome la cabeza y no le he cogido el móvil porque era un desconocido y no lo suelo coger. Cálmate.

-Pf...estaba muy preocupado, Javier, digo. Me ha llamado como llorando sin saber dónde estabas, ¿va todo bien por allí?

-Sí, bueno, una pequeña discusión sin importancia... -digo cuando no puedo quitarme de la cabeza un sentimiento de culpabilidad y emoción al saber que se ha preocupado por mí- ahora le llamo aita. ¿Qué tal el viaje?

-Ya verás cómo os haréis uña y carne...Pues bien, ya he llegado y ahora me instalaré en el hotel.

-Eso nunca papá. Y...vale, te dejo, te quiero.

-Soo, nunca digas nunca. Y yo a ti hija. Buena suerte.

Bajo las escaleras y entro en casa. Me lo encuentro tumbado en el sofá dormido. Es bastante guapo. Y bastante gilipollas. Le despierto y se asusta, pero su expresión cambia en cuanto me ve:

-¡¿Dónde estabas?! -grita.

-Dando una vuelta, relájate -le digo en tono tranquilo y le echo a un lado para sentarme en el sofá.

-¿Que me relaje? No es fácil cuando la persona con la que vas a vivir en los próximos dos meses ha desaparecido.

-Ni había desaparecido ni te pongas así. Y no te preocupes tanto, que sé cuidar de mí misma.

-Eres una desagradecida -dice cogiendo el móvil.

-Y tú un maleducado. ¿Con quién hablas todo el rato?

-Con mi novia. Tú también me controlas, ¿eh?

-Curiosidad.

-¿Por mí? ¿Tan pronto? Vaya, has conseguido un récord.

-Pero qué creído te lo tienes...antes te enamoras de mí que yo de ti, tenlo claro.

-Já, me gustaría verlo. No porque seas fea -dice al ver mi cara- sino porque tengo algo que os vuelve locas. Y por cierto, no te lo tengas tan creído tú tampoco.

-Te lo demostraré. Y no me vengas dando lecciones de modestia...y a ver, ¿cuál es tu arma para enloquecerme?

-Una moto. Todavía no me has reconocido, ¿verdad?

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