Capítulo 7

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Los pasillos estaban completamente desiertos. Nos tocaba clase en la segunda planta con Gema, nuestra profesora de Inglés. 

Sinceramente, tenía cierto parecido a Verónica. Era una bruja, y lo decía en serio;era alta, delgada, con la nariz aguileña y la verruga, y sus formas de vestir lo decían todo. Solíamos decir en clase : ''Solo le falta el gato y la escoba''. Y en cuanto a lo que me refería de que se parecía a Verónica, lo decía por su comportamiento, en cuanto al físico era todo lo contrario.

Estábamos esperando en el banco a que llegara. Normalmente era puntual, pero hoy no. Irene y yo decidimos ir hasta la sala de profesores. No había nadie. 

Todas las luces estaban apagadas, excepto la sala y la conserjería. La puerta estaba cerrada y por abajo se veía una tenue luz. Oíamos voces y risas, y sin pensármelo me aventuré.

Apoyé la oreja y pude oír entre carcajadas—Sí, todo listo, no os preocupeis —Pude distinguir que era la horrible voz de Gema. 

—Pobres chavales, no saben lo que les espera—dijo mi profesor de Plástica, Paredes. 

Las voces cesaron de repente y empezé a escuchar pasos de tacones hacia la puerta. Irene y yo nos miramos con cara de susto y supimos perfectamete lo que había que hacer. 

Correr de un sprint o ser pilladas. Nunca había corrido tanto desde que tuve que hacer los 10 metros lisos en gimnasia en 5 segundos. Recorrimos el pasillo prohibido y los cinco nos miraron con cara de asustados.

—¿Qué ha pasado? —preguntó Yoli con cara estupefacta.

—Oh...dios —dije respirando todavía recuperandome por lo ocurrido.

—Escuchad esto—comentó Irene a los demás—Fue de hace nada, cuándo estuvimos en la sala de los profes.

Era apenas de un minuto. En unos de esos segundos Irene y yo corrimos como nunca. Si no hubiera sido por el taconeo,hubiésemos tenido un problema gordo. 

Cuando finalizó, todos se quedaron ojipláticos. Inés iba a articular una palabra, pero se abrió la puerta del pasillo y apareció Gema.

—¡Perdón por el retraso! Estuve resolviendo unos asuntos —nos comentó con una estúpida sonrisa forzada.

Todos la miramos con cara de ''Ya sabemos perfectamente lo que ocurre, no intentes engañarnos''. 

A partir de ese momento y por primera vez en todo el curso, estuvimos serios. Cada uno se sentó en su sitio. Irene y yo siempre nos sentábamos juntas, desde el primer curso ya era costumbre. Nos puso una peli de miedo, aunque yo no vi ni la mitad, estaba encajando cosas. Ya había acabado y solo faltaban cinco minutos para que se acabara la clase. Cinco minutos.

—¿Después que clase teneis, chicos?—preguntó riendose enseñando sus podridos dientes y mirandonos de reojo a nosotras tres.

—Nos toca Biología, profe, vamos a jugar —respondió al segundo Juan.

—Un juego eh...muy bien, pasaoslo bien —nos dijo con su sonrisa malévola.

Yoli, Irene y yo nos miramos muy seriamente.

—¿Ali, tienes ahí la canica? —me susurró Irene.

Abrí mi bolsillo, y allí estaba junto a mi móvil. La saqué y se la enseñe. Me fije en que estaba divida en dos colores : verde y ámbar. A medida que pasaba la clase hasta el final, el color ámbar iba absorbiendo al verde, hasta quedarse en ese color. Tocó el timbre. Salimos de la clase apresurados, por si las moscas.

—Irene, ahora esta tirando para un tono rojizo claro— comenté preocupada y hechizada a la misma vez por  aquella mágica canica.

—No sé que podra significar esos cambios de colores, lo voy a buscar un momento en el móvil—dijo y saco su móvil para investigar.

Ya estábamos subiendo las escaleras para la tercera planta, y miré hacia atrás y allí estaba Gema, mirandonos con cara de ''Ya está todo listo''. Cuando nuestras miradas se encontraron, siguio caminando hacia el pasillo.

—Bien, Ali, me pone cada uno de los significados— comento Irene algo pálida.

—¡Dilos! —exclamé impaciente.

—El estado verde, significa tranquilidad o que todo va bien ; El ambar inestabilidad o presagio de algo malo ; Y el rojo, que andemos con cuidado o que algo malo va a pasar seguramente— me dijo Irene asustada.

—Al principio del día estaba verde. A medida que nos íbamos acercando a última hora, iba cambiando a diferentes colores, los que tu dijiste. Mira, ahora esta roja.

—Rojo claro, mas bien rojizo, como dijiste antes.

Seguimos caminando hasta la 301, donde estarían los demás. Antes de entrar al aula, Irene me dijo una cosa muy rara.

—El semáforo, Alicia, el semáforo —me habló en un tono muy bajo.

—¿Cómo que el semáforo?¿Qué dices? —pregunté con intriga.

—Ahora no te lo puedo explicar, lo acabo de suponer, pero piénsalo y lo entenderás—replicó bastante seria—Entremos a clase.


El juego del aula 301[Editando]¡Lee esta historia GRATIS!