Terminé de ducharme y cuando entré a la habitación no había nadie, ni un rastro de Scott, creo que así era mejor, estar lejos de él después de besarle era lo mejor, no quería ser otra más, no yo, no yo con él. Me vestí y bajé las escaleras corriendo, no quería encontrarme con Scott, pero tarde o temprano acabaría pasando. Cuando llegué al piso de abajo no había nadie, ni mi padre, ni mi madre, ni Scott, ¿ él mundo se había puesto de acuerdo en dejarme sola?

No sabía que hacer, ahora mismo no tenía ganas de nada. Decidí ponerme Los Juegos Del Hambre, ya que Scott no me dejó la última vez. La película pasaba, y yo no era capaz de concentrarme, en mi mente solo pasaban imágenes de Dylan con una chica sin cara. Las ganas de vomitar crecían, pero no podía vomitar, básicamente, porque no tenia nada en el estómago. Decidí quitar la película, era tontería tenerla en reproducción cuando sabía que no estaba prestando atención. Me tumbé en el sofá y puse la música, que era lo más parecido a un escape que conocía. Era magia, cada nota, cada palabra que dicen las canciones, cada instrumento solo era magia para mis odios y para mi cerebro. Cerré los ojos y intenté olvidarme de todo hasta caer en un sueño profundo.
Al cabo de un tiempo me desperté por el ruido del timbre, ¿cuánto tiempo he estado durmiendo? miré el reloj y era las dos de la tarde, ¿y mi familia?
El sonido del timbre me alarmó y fui a ver quien era. Cuando abrí, de todas las personas que creía capaces de llamar a este timbre, era el menos indicado.

-Vete. - Intenté cerrar la puerta en sus narices, pero Dylan era más fuerte que yo, y lo odiaba.

- No. - Dijo abriendo la puerta de golpe. Di un paso atrás, permitiendo que entrará. Había sido demasiado lenta.

-Vete. - Dije otra vez.

- Escúchame. - Demandó. Fijé mi mirada en sus ojos, esos ojos que en estos meses me habían echo reír, disfrutar y ahora llorar. Pero había algo que no cuadraba. Su ojo izquierdo estaba decorado con un moratón que estaba haciendo su aparición.

-¿Y eso? - Le interrumpí señalando a su ojos. Sabía que no me tendría que importar, pero lo hacía. Los sentimientos no se iban tan fácil, ni yo olvidaba tan rápido.

-No es nada. - Rodó los ojos y le hice una señal para que hablase. - Sé que esto es una mierda, que soy una mierda, y no te voy a engañar sobre lo que pasó, porque pasó, y no puedo hacer nada para cambiarlo. Estaba confuso, mi novia compartía casa con un gilipollas, y yo como uno igual que él lo permitía. ¿Sabes lo qué es eso para mi?

- ¿Sabes lo qué es para mi? - Gritaba, y no sabía por qué, solo necesitaba gritarle -¿Qué confie en ti, y me hayas engañado? Oh, y encima que tu no confiases en mi ¡Cuando yo no había hecho nada! -Estaba clavandome las uñas en la palma de la mano, pero no me importaba, era reconfortante.

Dylan empezó a pasarse la mano por la
nuca. Sabía que no tenía más argumentos. Me había engañado y punto, no tenía escusa.

-Supongo que esto se ha acabado.. - Dijo Dylan más como una pregunta que una afirmación.

Asentí. Lágrimas salían de mis ojos, no podía controlarlas, un nudo en mi garganta no me permitía pasarlas, salían sin pedir permiso, haciéndome ver débil y vulnerable.

-Brook, no llores, por favor no...

-No me pidas que no llore cuando es por tu culpa. Vete por dios. -Dije intentando mantener la calma.

-Está bien, Brook, pero antes de nada. - Se paró enfrente de mi. - Scott no es de fiar, no te atrevas a convertirte en otra más de su juego.

Y salió por la puerta, sin decir nada más, haciendo que mi mente quedara completamete enmarañada.

Scott POV

Ver llorar a Brooklyn me había matado, y lo digo enserio, me había roto en pedazos. Ella era una de mis mejores amigas, aun que había pasado mucho desde esa época, pero yo todavía sentía algo, completamente diferente a ella. Solo quería que mi antiguo amigo, Dylan, se fuera calentito a la cama.

Llamé a la puerta de su casa. Él es vecino mio, así que todo era más fácil que ir buscándole por la ciudad.

-Que quieres. - Dijo Dylan con una voz de cansancio.

No me lo pensé dos veces, mi puño se estrelló contra su cara. Él se tapó con la mano la zona tocada por mi puño y soltó un gemido de dolor ronco.

- Eres muy hijo de puta, ¿cómo se te ocurre hacer eso a Brook? - Pregunté con rabia. Me daba igual si estaban sus padres.

- ¡Cabrón! ¡Ese era mi ojo! - Gritó.

- Pues ten cuidado, sino quieres ser como un dalmata, con manchas en los ojos. - Dije. En un movimiento él me atacó y acabamos cayendo por las escaleras de su puerta principal. Recibí unos golpes,  al igual que él recibío míos. Si no fuera porque la señora Dolgen llegó a tiempo, juro que lo hubiera matado en ese momento.

-¡¿Qué está pasando aquí, señores?!  - Gritó la señora Dolgen un poco extrañada.

-Nada mamá. -Dijo Dylan mirándome fijamente.

-Esto no me parece nada. Scott mira tu labio, ¿estáis locos? ¿queríais mataros? - Volvió a gritar. - ¿Qué ha pasado aquí? Contarme.

- Señora, creo que eso debería preguntárselo a su hijo. Ahora tengo que irme. - Dije y me giré para seguir caminando por la calle, hacia la casa de los Holt.

- ¡Scott! - Gritó Dylan, seguí andando, pero sus amenazas entraron por mis oídos cómo una bala. - Si Brook cae en tus brazos, recuerda las palabras que me dijiste hace 4 meses y la razón de porque debería salir con Brook. Puede que si intentáis algo, esas palabras lleguen a sus oídos, y sabes que no te perdonará.

Seguí caminando, olvidando eso. Era inútil todo lo que estaba diciendo. Pero una cosa tenía clara.

Si Brook se enterase, no me dirigíria la palabra nunca más.

Antes de que termine el verano.¡Lee esta historia GRATIS!