Capítulo 14

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LA MUJER MÁS LINDA DEL MUNDO

Fanfic por Yukino

Viktor x Yuuri

Capítulo 14.

«¿Está bien eso?... Dar mi arma cuando está aún cargada...» (*)





El siguiente capítulo tiene alto contenido de relaciones sexuales explícitas hombre con hombre. Si no es de tu agrado, por favor sigue de largo en esa parte. Gracias.

Yukino.

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Y los amantes que por dos semanas debían separarse, se daban un banquete de despedida donde el plato principal eran sus cuerpos ardientes y lujuriosos, todo el sexo de esa noche debía durarles para el tiempo que no estarían juntos.

Viktor, desnudo y bañado en fluidos propios y ajenos, jugaba en su boca con los delicados y provocativos testículos de Yuuri, que se retorcía ante cada lamida, ante cada atentado de aquellos dientes que deseaban arrancárselos. Viktor reprimía toda la fuerza que tenía en su mandíbula para no morderlo, ese sitio era muy delicado, así que solo con su lengua y con sus dedos lo estimulaba, como si se tratara de un delicioso algodón de azúcar. Yuuri que llevaba las marcas de aquellos dientes por todo el resto del cuerpo, gemía a más no poder, no le importaba si estaba siendo escandaloso, si acaso molestaba a Viktor, esos gritos eran su forma de agradecer que lo estuvieran cogiendo como si el mundo fuera a terminar en unas horas.

Con excusas muy tontas había logrado convencer Yuuri a su amante de ojos zafirinos que esa noche en que salió sin avisar de la Universidad, fue porque Beka había tenido una emergencia personal. Viktor le preguntó insistente que había querido decir con aquella frase que no terminó... Y Yuuri volvió a tergiversar todo para hacerlo parecer que era cuestión de la gravedad del momento y la urgencia que tenía Otabek. Viktor un tanto incrédulo de aquello, no quiso indagar y solo confiar en Yuuri, pero los celos aumentaron al mil por ciento y quería esa última noche en la cama, dejarle claro a cualquiera a quién pertenecía Yuuri Katsuki.


De nuevo, Yuuri intentó alejar a Viktor de su miembro pero fue imposible hacerlo a tiempo y otra lluvia del líquido de la lujuria bañaba el rostro y el cabello cenizo de su amante que no había querido limpiarse nada y relamía lo que había caído en el abdomen de Yuuri. Al parecer estaba dispuesto a demostrarle al de cabellos oscuros que su semen no era asqueroso como se lo habían dicho, si no que para él era el agua de vida que esperó por años para resucitarlo del mundo gris y vacío en el que había estado sumergido.

Yuuri apenas respirando, vio como Viktor le abrió las piernas para hacer la entrada triunfal a su cuerpo. La escena para otros podría ser muy asquerosa, porque por el rostro y el cabello del profesor del Ballet de deslizaban el esperma de Yuuri que por alguna razón no quería limpiar pero que para el amante de cabellos negros se veía tremendamente erótico. Por segundos recordó lo que le dijo a Beka y sonrió, entendía lo incómodo que debió sentirse su amigo ante la imagen mental de Viktor bañado en su líquido. Viktor lo miró y le preguntó el motivo de su sonrisa.

—Me gusta verte cómo estás ahora —respondió en gemidos mientras sentía un dedo intruso en su ano, por ningún motivo diría que pensaba en alguien más en semejante situación.

Viktor con fuerza increíble levantó por la cintura a Yuuri y lo llevó hasta la cabecera de la cama donde lo penetró tan rudo como le fue posible, le gustaba eso y sabía que Yuuri adoraba esa invasión dolorosa, para luego sentir como entraba y salía de su cuerpo ese pene que empezaba a amar con su vida. Yuuri abrazado y enganchado a la cintura de Viktor por sus piernas, se movía sensualmente haciendo que su propio miembro rozara el abdomen de su amante de cabellos de luna y viniera otra erección. Viktor empujaba con dificultad y mucha fuerza, quería que Yuuri gritara en cada embestida su nombre, que su cabeza y su trasero estuvieran solo invadidos por su presencia, que Yuuri solo tuviera vista frontal de sus ojos de cielo que ahora se combinaban con fuego. Eran en ese momento dos hombres que se amaban, sin que nadie les observara ni les juzgara, sin que nadie pudiera señalarlos ni decirles que lo que hacían era asqueroso. Lamerían lo que se les diera la gana, morderían por donde quisieran y se bañarían en litros de semen si era necesario para darse placer.

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