Capítulo Once

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Miércoles por la mañana

Me desperté y me levanté rápidamente. Me vestí enseguida, tenía tantas ganas de empezar el día... Pero me di cuenta de que todavía eran las 7:15. ¿Qué hacía levantada tan pronto? Ni yo me lo creía.

Supuse que Carlos seguiría durmiendo y decidí despertarle yo misma con una llamada de teléfono. Le llevó bastante tiempo cogerme.

-¿Paula? ¿Eres tú? ¿Qué haces despierta a estas horas?-me preguntó bostezando.

-Buenos días a ti también. La pregunta es ¿qué haces tú durmiendo todavía? Deberías estar preparándote para venir a las 8:30.

-Pero yo me levanto quince minutos más tarde... Bueno, por ser tú voy a ir aún más pronto.

-Gracias-le acradecí-¡Besos!

Mientras, me puse mis cascos y esperé en el banco que hay delante de nuestra cafetería escuchando la preciosa letra de la canción favorita de Carlos.

De repente, apareció un chico.

-Hola ¿qué hace una chica tan guapa como tú aquí sola?-me preguntó con su tono de voz tan estúpido.

-A ti que te importa.

-Si no tienes nada que hacer podemos ir a mi casa-me agarró del brazo.

-¡Suéltame pedazo de idiota!-le chillé.

-Y ¿si no quiero?

-Suéltala-apareció Carlos por detrás y le dio un puñetazo en la cara. El chico se cayó-Como te vuelva a ver cerca de ella el golpe que vas a llevarte será más grande que este-le advirtió.

El chico salió corriendo. En realidad era un gallina.

-¿Estás bien?-me preguntó Carlos mientras se acercaba a darme un abrazo.

-Sí, gracias a ti.

Estuvimos abrazados durante unos segundos. Desayunamos y nos dirigimos hacia el ayuntamiento; aunque en realidad, no íbamos a ir allí.

¡El puerto otra vez!

Carlos llevaba una cesta de picnic, entonces supuse que nos íbamos de picnic. Alquilamos una barca. ¡Menuda aventura! ¡Nos íbamos a la isla de Santa Clara!

Carlos remaba mientras yo disfrutaba del paisaje. Aproveché y saqué fotos.

-Este sitio es precioso-comenté-Y tú sigue remando que sino no llegamos ni en diez años-dije bromeando.

-¿Prefieres remar tu milady?

-No, gracias.

-Ya verás cuando lleguemos a tierra firme. Te vas a enterar.

Llegamos a la isla enseguida. No había casi nadie, lo que me alegraba aún más. ¡La isla para nosotros solos! (Tampoco es eso pero estaba demasiado emocionada).

-¿Qué vamos a hacer primero, mi marinero?-pregunté.

-Un paseo por la pequeña playa.

-No vamos a tardar mucho, la verdad. Es tan pequeñita...

Nos cogimos de la mano y empezamos a andar en la playa. Fui la más lista; me puse un vestido y en esa isla hacía mucho viento. A saber si saldría volando...

Estábamos teniendo mucha suerte con el tiempo porque no llovió ni un solo día.

-¿No hace un poco de frío aquí?-dije mientras me frotaba los brazos para calentarme.

-Toma mi chaqueta.

Carlos me dio su chaqueta y me abrazó para que entrara en calor. ¡Cada día me gustaba más!

Unas chicas que estaban allí nos sacaron una foto juntos; parecía una luna de miel.

¡Ojalá tuviera una algún día!

Subimos por un camino y llegamos a una casita. Estuvimos allí un ratito, quería ver las vistas desde un telescopio que había. De repente, Carlos se puso delante y me dio un susto de muerte.

-¡Tonto!

Él solo contestó con una sonrisa y yo no pude evitar reírme.

-¿Alguna vez podrás perdonarme?-preguntó mientras me daba un beso en la frente.

-Ya veremos-me reí.

Bajamos para encontrar un bonito sitio para el picnic.

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