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—¿Me estás diciendo que llamaste y te atendieron acá?

Ella sonrió asintiendo. Las largas hebras blancas de su peluca brillaban tornasoladas ante la luz de la ventana.

—¿Y qué hiciste?

—Pregunté por él.

—¿Preguntaste por él así como así?

—Solamente dije su nombre y me preguntaron que para cuando quería una reservación.

—¿Y después?

—Colgué.

—¿Colgaste? ¿Por qué?

—Porque justo ese día, él decidió volver temprano, parece que lo presienten ¿no?

—¿El qué?

—Cuando estás por descubrir algo.

Le di vueltas al café con leche que tenía adelante mientras esperaba sentada en una mesa contra la ventana del bar ese que está en la esquina de la cortada Falucho, quedaba lo suficientemente lejos de mi casa y lo suficientemente cerca como para tomar un taxi y llegar pronto, en dicho caso de que alguna urgencia se presentara, la única "urgencia" que podía llegar a presentarse, seguramente sería una llegada inesperada de mi esposo seguido de un: ¿dónde estás? ¿con quién? Te busco.

Resultaba que cuando era yo la que no estaba, cuando era yo a la que había que hacer preguntas, estaba bien y no era molesto.

En cualquier caso, ya no importaba. Yo sólo quería confirmar algo, sabía que con Federico sería imposible, tenía otra opción más segura.

—¿Querés gastar la cuchara o hacerle un agujero a la taza? —Levanté la mirada justo para verlo sentarse exhalando un suspiro— ¿Para qué soy bueno?

—Nacho*. —Sonreí dejando de revolver el contenido— Ya sabés por qué.

—¿Y ahora qué hizo? Nada bueno seguro... mirá Euge, yo ya te dije que no quería estar metido entre vos y él, no puedo, no quiero, me trae problemas con él... y la verdad no te entiendo.

No me miraba y me sentí culpable, siempre hacía lo mismo, siempre lo arrastraba conmigo.

—No quiero que hagas nada, solamente quiero que me respondas algo. —Ahora sí me miró, enfocando su par de oscuros ojos en mí.

—¿Qué? Si puedo te lo digo.

—Encontré una tarjeta ayer en la billetera de Federico, una tarjeta rarísima. —Acentué.

—¿Y?

—Llamé, y cuando contesté ¿sabés qué dijeron? —Entrecerré los ojos para mirarlo, solamente quería ponerlo nervioso, sabía que cuando lo hacía era más fácil sacarle la información ¿Cómo hacía cuando estaba en los tribunales? Misterios de la vida— Me contestaron y dijeron Anónima.

Por un segundo sus ojos se ampliaron, pero fue sólo un segundo, un instante antes de que volviera a la relajada posición de antes.

—Mmm.

—Mirá Nacho que parezco, pero no soy boba, le di el nombre de Federico y me preguntaron que para cuándo quería una reservación, busqué en toda la guía telefónica, lo googleé incluso y no encontré ni un lugar con ese nombre. Decime qué es ese lugar, yo sé que vos sabés.

—No puedo Eugenia.

Me quedé en silencio mirándolo fijamente, al final me tiré hacia atrás en la silla y desvié la mirada, a unas mesas de distancia un hombre leyendo el diario extendía su pie izquierdo hacia un chico, no sabría precisar la edad. Sólo me quedé mirando ese movimiento, el paño sacando lustre sobre el cuero de su zapato Oxford... siempre que venía me sorprendía de la atmosfera del bar, esta escena era usual, me sentía retroceder unas cuantas décadas.

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