Capítulo 15

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FELIZ AÑO NUEVO MIS NIÑAS!!! MIS MEJORES DESEOS PARA TODAS, GRACIAS POR SEGUIR CONMIGO OTRO AÑO, LAS AMO A TODAS!!!

Blake se despertó en la última noche que pasarían en ese lugar. Faltaban solo tres horas para el amanecer y dos, para que Calder despertara. Con cuidado de no despertarlo, Blake se soltó de abrazo en la que él la mantenía y salió de la habitación, corrió escaleras arriba para tocar en la recamara veintiséis, donde se quedaba su escandalosa prima y por la cual no la había pasado nada mal en sus últimos días en Inglaterra.

Sophia abrió la puerta adormilada, con los cabellos cafés hechos un lío y el camisón muy mal acomodado.

—Es demasiado temprano.

—Lo sé —sonrió Blake y la abrazó—, vengo a despedirme.

—¿Qué? —abrió los ojos su prima— ¿Ya han pasado tres días?

—Sí, Calder despertará en una o dos horas y nos marcharemos, pero no me quería ir sin antes darte las gracias por todo y darte un abrazo.

—Vale, ven aquí —abrió los brazos la hija de Elizabeth y envolvió a su prima con calidez —: espero que pongas en práctica lo que te he enseñado.

—Voy por partes —sonrió Blake.

—Bien, te echaré de menos ¿has leído las cartas? —inquirió la Pemberton.

—No, pero lo haré en el camino, tendré demasiado tiempo libre en ese barco.

—Eso crees —Sophia sonrió pícaramente.

—Basta Sophi.

—Bueno, solo decía, pero léelas y danos respuesta ¿vale? —ella le dio otro abrazo a Blake—, no puedo creer que nos separaremos.

—No hagas travesuras Sophia.

—Jamás prometeré eso —sonrió la menor y se desprendió de los brazos de su prima—, vente anda, no es como que estés muriendo. Prometo que iré a Nueva York pronto.

Blake asintió, le dio un último abrazo y corrió de nuevo a su habitación. Cuando lo hizo, sintió que el único lazo que tenía con su familia se rompía, se iría muy lejos y era probable que no los viera a todos en muchísimo tiempo. Entró a la recamara, maldiciendo por su mala suerte al ver a Calder levantado, acomodándose la barba frente al espejo.

—¿Dónde estabas, a estas horas y vestida de esa forma?

—Yo... —no sabía mentir, más bien, estaba demasiado asustada como para poder hacerlo.

—¿Fuiste a despedirte de tu alocada prima Sophia Pemberton?

—¿Lo sabías?

—Por supuesto que lo sabía, desde el día en que llegó me enteré.

¡Esa maldita mujer! Negó Blake, seguramente la tía de Megan y Luisa le había informado todo a Calder. No podía creer que no lo hubiera pensado ella misma, era más que obvio que su marido se iba a enterar, él era casi el dueño del hostal.

—Bueno, sí, he ido a despedirme de ella.

—Y supongo que es el motivo por el cual te has portado tan condescendiente conmigo ¿Te ha estado enseñando a ser una mujer atractiva para los hombres?

Era vergonzoso decir que sí.

—Por supuesto que no —dijo con rapidez—, ella solo estuvo aquí para aligerarme el golpe de que me iré de Londres.

—Por favor, no es como que en la capital te dieran el visto bueno —minimizó Calder—, Nueva York te abrirá nuevos horizontes.

Blake se quedó de pie en su lugar, sin hacer nada puesto que en realidad se quedó pensando en todas las posibilidades que se le abrían al ir a un nuevo lugar, donde nadie la conocía, donde no tenían el prejuicio y ni siquiera le darían importancia a su apellido, puesto que allá no significaba nada.

El último Bermont¡Lee esta historia GRATIS!