Capítulo 14

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Al día siguiente, tal y como Calder había recriminado, ella estaba abrazándolo como si se tratara de su oso de felpa. No podía creer que lo que él decía era verdad, intentó apartarse con lentitud, pero él despertó.

—Te dije, siempre lo haces, tienes tendencia a acercarte a mí.

Blake se apartó de él, fingiendo somnolencia y sonrió, cosa que a logró descolocarlo completamente.

—¿Por qué sonríes?

—¿No puedo hacerlo?

—Normalmente a mí me diriges miradas de odio o de lascivia.

—Eso es mentira.

—Sí tú lo dices, entonces bien.

Blake se puso en pie en cuanto él lo hizo y se apuró a alistarse al mismo tiempo, Calder no dejaba de mirarla con intriga, pero no decía nada en lo absoluto, estaba acostumbrado a discutir con ella cada mañana, sin embargo, Blake estaba tranquila mientras se peinaba el largo y lustroso cabello negro.

—Te recuerdo que no irás conmigo, no pienses que por estarte arreglando te llevaré.

—No pensaba ir, ayer me dijiste que no querías que fuera, entonces lo comprendo.

—¿Tú? ¿Comprender algo?

—Sí, supongo que me estás cuidando de algo.

—Me alejo de ti —intentó molestarla.

Sin embargo, ella sonrió y rodó los ojos con coquetería.

—Ay tontito.

—¿Tontito?

—¿Qué pasa? ¿Algún problema?

—¿Qué sucede con ese tono tan consecuente? ¿Y por qué diablos no estás peleando o berreando por algo?

—No tengo que pelear a cada instante, amanecí de buenas.

Calder arqueó lentamente una ceja y asintió. Su esposa estaba demente, si apenas el día anterior lo había insultado de todas las formas imaginables y ahora, ella parecía hasta feliz de estar a su lado. Decidió no moverle demasiado al asunto, quizá luego todo volviera a la normalidad y él dejara de sentirse tan extraño a su lado.

—¿Ya te vas? —le preguntó ella dulcemente cuando abrió la puerta.

—Sí, ¿no estás viendo?

—Bueno, que tengas un buen día.

Calder entrecerró los ojos.

—No hagas tonterías, no sé qué estás planeando, pero te mataré si estás maquilando algo.

—¿Por qué siempre tengo que estar pensando en algo?

—Porque eres tú. Sé con quién me casé.

—¿Seguro? —sonrió ella, acercándose tranquilamente—. Podría darte una sorpresa.

Calder dio un paso atrás con el ceño fruncido y ladeó la cabeza. Ella sonrió, le tomó de las solapas del saco de gala y lo jaló hasta sus labios, él no se negó.

—¿Qué significa esto? —preguntó.

—Nada, solo que mi esposo es atractivo y quería besarlo.

—Estás verdaderamente rara.

—¿Te disgusta?

—No tengo idea Blake, adiós.

El último Bermont¡Lee esta historia GRATIS!