El Muqui

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Junio 31, 1880. Cerro de Pasco, Perú.

Mí querida Violeta:

 Los días son largos y las noches demasiado silenciosas, el aire me sigue pareciendo demasiado pesado pero tal como pasan las horas me acostumbro a la altura del lugar. Ya he visitado tres veces al médico del lugar por mis constantes mareos y dificultad al respirar, su indicación fue debía volver a mi tierras ya que no era un hombre de alturas, cordilleras y de minas más bien creía que mi lugar estaba muy lejos de esos lugares, quizás hasta recorriendo todo el misterioso y problemático mar. No se equivoca, Violeta, ambos sabemos que soy un hombre de mar pero hasta que no solucione las cosas me es imposible volver a pisar la arena de Antofagasta, nadar en las aguas cálidas y salir a navegar. Te juro que pronto arreglare todo, tú y yo estaremos juntos como corresponde sin que tu padre ni tu hermano se interpongan en nuestro camino.

Debo disculparme contigo por no haberte escrito antes, querida mía, el trabajo en las minas es mucho más difícil de lo que pude llegar a imaginar. Ahora admiro al viejo Pedro que cada vez que terminaban lo único que hacía era irse a la cantina a tomar chupilcos con Don Juan, sinceramente desde mi primera jornada cada vez que bajo voy a beber del pisco peruano para poder dormir tranquilo. No me taches como un borracho, Violeta, pero las cosas que he visto y oído en este lugar justifican cada una de mis acciones hasta el día de hoy que te escribo esta carta.

Voy a contarte algo y necesito que tengas cautela al momento de leer lo que a continuación te relatare, nadie puede saber esto más que tú ya que podría cambiar el futuro para ambos y recomenzar una nueva vida sin que nadie se interponga entre nosotros. Ni siquiera se lo puedes comentar a Leonora, bien sé que es tu mejor amiga y confidente, pero la criatura me ha pedido exclusivo secreto y si sabe que te he contado a ti temo no cumpla su parte del trato, he oído a los lugareños decir que puede ser realmente peligroso si así lo desea.

Todo comenzó tres días después de llegar a Pasco, mama Eva me consiguió un trabajo en la pulpería de un viejo amigo de ella. No te mentiré, no era el trabajo que esperaba obtener luego de retirarme de la marina. Acostumbrado a navegar y a tener subordinados y mama Eva me ponía a trabajar bajo las órdenes de un viejo llamado Marcelino que apenas podía ver si no era por la ayuda de unas gafas que parecían botellas. No pienses que soy un malagradecido, es solo que nunca imagine llegar a un lugar así para ganarme la vida.

Cada tarde Don Marcelino me invitaba a un lugar donde íbamos a comer deliciosos platos peruanos preparados en el instante en que los pedías, como comer en casa. Aquella tarde fue diferente cuando escuchamos los gritos de las personas y quejas de hombres, entenderás que al ser una localidad en que la principal producción es la minería la mayoría de los hombres trabajan en la Yanacancha o tienen profesiones de buena paga en un lugar como este, los mineros pasan gran parte del día en los cerros, dentro de las minas y vuelven a casa tarde por la noche para salir temprano por la mañana nuevamente. Pero ese día el sol estaba en lo más alto anunciando el mediodía cuando el grupo de mineros estaba en el centro del pueblo, completamente sucios y enfadados. Don Marcelino me dio un empujón para que fuéramos a mirar, más bien para ayudar si es que pasaba algo porque todo era caos en el lugar y mama Eva me había comentado que todo solía ser muy tranquilo ahí, por lo que me vi altamente sorprendido.

El Señor Gobernador, Don Tenorio, llegó sacando a todos de empujones del lugar; Sin embargo Don Marcelino y yo nos quedamos ahí, porque había un hombre ensangrentado al medio del grupo de mineros, parecía absorto y balbuceaba cosas que no podía entender pero que más adelante comprendería. Un hombre robusto se acercó al Gobernador y él retrocedió unos pasos asustado porque pensaba que le iba a dar un golpe. Yo también lo pensé, Violeta, el hombre era mucho más alto que Clemente y pesaba al menos siete kilos más. Una bestia al lado de cualquiera.

El Muqui [Tercer lugar Desafio latino Watty]¡Lee esta historia GRATIS!