Mi hermana, Renata y yo éramos como polos opuestos, físicamente hablando. Desde pequeñas fuimos tan diferentes que casi nunca nos creían el hecho de ser hermanas. Sin embargo eso nunca implico distanciamiento en cuanto a  nuestro vínculo afectivo.

Mi hermana con su más de 1.70 de estatura, que había heredado de mi padre, tenía una figura esbelta, cabello rubio y largo.  Sumando sus ojos  verdes, hacían de ella alguien más que perfecta para ser una modelo. Claro, todo esto heredado por parte de mi madre.

En el otro extremo estaba yo quien lo único que portaba de mi madre era su estatura, 1.60 m. Mi piel un poco bronceada, cabello castaño oscuro y mis curvas que eran herencia de mi padre.

“La genética no a todos hace justicia”. Siempre habíamos sido las mejores hermanas, confidentes y amigas, pero eso cambio cuando conocimos a Woo Bin.

Para ella había sido “cosa del destino”, “atracción fatal” así era como lo describía. Desde el primer momento en que se conocieron se volvió loca por él y creo que él por ella, pero a mí no me gustaba nada. Sentía apatía por él, simplemente me caía mal, ¿Por qué? Ni yo misma lo sé. Tal vez fuera el hecho de que parecía de esos chicos que llevan una etiqueta con la palabra “peligro” escrita en la frente. Tal vez, por su aire de superioridad, su indiferencia, su mala fama o quizás porque sabía que me robaría a mi hermana. Aunque he de aceptarlo, Bin era un chico muy guapo, quizás demasiado, por el cual muchas se volvían locas, y más considerando que era hijo único de una familia muy rica, pero todo era irrelevante para mí. Para mí solo era el cretino que me robaba a mi hermana. Mis padres nunca se opusieron a la relación amorosa entre Renata y Bin, mi madre estaba realmente feliz, decía que él era un chico realmente lindo y que tendrían unos hijos bellos ¿una madre normal diría algo así? No lo creo. Sin embargo, que mi madre lo aceptara era el pase automático para formar parte de la familia, si ella estaba de acuerdo para mi padre. Así que ambos dieron sus bendiciones a ese noviazgo. Yo por mi parte, tenía cierta renuencia, simplemente nunca estaría de acuerdo.  Él era como una piedra en el zapato, solo que no me la podía quitar por más que intentara, porque ellos ya lo consideraban de la familia. Todo parecía indicar que sería mi cuñado y todos vivirían felices… o al menos eso creí.

Mi nombre es Jen tengo 23 años, estoy en mi último año de universidad. A diferencia de otros, vivo con Tina, quien a pesar de no estar relacionada biológicamente conmigo, es como de mi familia. Ella era la mejor amiga de mi madre, quien desde que éramos pequeñas llego a vivir con nosotros, después de establecerse en el pueblo. ¿Por qué vivo con ella y no con mis padres? Hace dos años, ellos se mudaron al centro de la ciudad debido a los negocios de mi padre. Yo preferí quedarme al igual que Renata. Sin embargo al parecer ella no se quedaría definitivamente, hace unos días lo supe.

Todo sucedió demasiado rápido para que pudiera asimilarlo. Una mañana mi hermana y mi madre me dieron las “Buenas Noticias”, había sido aceptada por una importante agencia de modelaje. Pequeño detalle, estaba en New York y ambas se mudarían, en un par de días. Aquello no fue pedir opinión, simplemente un aviso. Después de aquello había intentado hablar con ella. Había terminado liándome con mi madre sobre el asunto, me parecía una locura que se marcharan así. Primero, faltaba menos de un semestre para que mi hermana terminara la universidad. Y segundo y más importante, mi madre se iría con ella. A pesar de que nosotras no viviéramos con ella bajo el mismo techo eso era totalmente diferente, pues una cosa era estar a unos minutos que a horas.

Sin embargo había algo que terminaba de entender ¿Porque tenía que irse mi madre también? ¿Y qué pasaría conmigo? Mi madre siempre se había inclinado hacía Renata, pues ella era su imagen viviente. Yo por mi parte había tratado de aferrarme al afecto de mi padre, cosa que tampoco me fue posible pues él siempre había deseado un hijo varón, aun cuando no lo dijera podía verlo en su mirada. Aun así siempre había tratado de hacer todo para agradarle incluso tomar una carrera que por mucho estaba lejos de mis ideales, esto para poder trabajar en su empresa. Pero no contaba con que encontraría un hijo sustituto, Yunho, él era el hijo de su socio y mejor amigo quien había muerto en un trágico accidente cuando éramos niños. Mi padre se había hecho cargo de él y su madre desde entonces. Y ahora siendo su empleado y  su mano derecha.

Que mi madre se fuera me dolió mucho. Me sentí furiosa quise echarle en cara todo su egoísmo pero no, no podría, simplemente no era yo así. ¿Quién era yo para ser egoísta y romper el sueño de mi hermana?. Sin embargo ese día pude darme cuenta de cuanto había cambiado mi hermana, sin que yo me hubiera dado cuenta. 

– ¿Ya estas lista? –pregunte  más por cortesía que por el hecho de querer saberlo.

–Casi – dijo sin interrumpir sus labores, la mire con detenimiento y algo en ella captó mi atención.

– ¿Y eso? ¿Es nuevo? –Dije refiriéndome a un brazalete  que brillaba en su muñeca, ella lo miro con una gran sonrisa.

–Me lo regalo Franco –arquee una ceja y ella puso los ojos en blanco –mi nuevo jefe ¿verdad que es lindo? –asentí algo intrigada.

La forma en la cual había pronunciado aquel nombre, me dijo que no era solo su “jefe”. Pues por muy esplendido que fuera su jefe, dudaba que a todos sus nuevos empleados les diera ese tipo de regalos. Y también su forma de hablar me recordaba la forma en la que siempre se dirigía a Bin. Pensé en él y en el hecho de que fueran ciertas mis sospechas ¿Sería posible que esa relación llegara a su fin? ¿Aun cuando yo no tuviera mucho que ver en ello? No, eso era imposible, por mucho tiempo ella nunca me había escuchado mis insistencias sobre que terminara con él. ¿Él sabía que ella se iría? Y de ser así ¿Se iría con ella? En fin ese no era asunto mío.

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