Capítulo 40

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Ignorar la inútil presencia de Austin, Pecky y Damien me hacía sentir mucho mejor. Me debilitaba más ver que ellos han perdido por completo la esperanza, que estar encerrada en una habitación especial como si fuera un experimento dentro de un gigantesco tubo de ensayo. Durante cada momento en que tenía la oportunidad de mantenerme con mis cinco sentidos completamente alertas, rogaba por volver a ver a Evan y Greg. Sé que ellos jamás me revelarán un futuro exacto, ya sea bueno o malo; pero con el simple hecho de saber que aún existe una mínima pizca  esperanza para nosotros, me conformaré.

¿Existe forma de salir de aquí? Estoy segura que sí. Zack no es el único con la capacidad de "saltar" en el espacio, lo cual me hace pensar que mis sospechas sobre cuál es la razón por la que Pecky está aquí, se han confirmado. Con alguien como él, no sabes qué es lo que espera en realidad. ¿Intentará burlarse de mí demostrando que siempre está un paso antes que yo? ¿Los habrá puesto aquí a mi lado para destruir mi espíritu? ¿Espera verme morir lentamente, perdiendo fuerza cada día más estando encerrada? Y la pregunta más importante: ¿Sabrá dónde está Edmund en realidad?

Me hace tanta falta...

Poco a poco, la iluminación de la habitación blanca se iba apagando como si representara el transcurso del día. Pero algo me hace pensar que el tiempo no pasa tan rápidamente como parece. Al cabo de un largo rato, la habitación pasó de ser completamente blanca a tener un color gris que a cada minuto se hacía más oscuro; y apenas pudiendo ver, me di cuenta de que eso hacía que los demás cayeran dormidos al cabo de un instante. Yo procuraba mantenerme despierta con todas mis fuerzas, porque llegué a sentir que también estaba surtiendo efecto en mí. Por un momento llegué a pensar que en cualquier momento caería completamente inconsciente, lanzando todo mi esfuerzo al demonio.

- Aguanta. - Oí una voz en mi cabeza, y era la de él.

Probablemente sea un producto de mi propia imaginación, pero aún así me es de mucha ayuda.

Cerré mis ojos con fuerza y comencé a contar lenta y tranquilamente, respirando con calma para evitar agitarme cada vez más. El saber que me encontraba en un espacio reducido tampoco servía de mucho, pero si antes pude llegar a superar muchos de mis peores temores, ahora mismo también lo haré...

- ¿Has pensado en la opción de cambiar de opinión respecto a defender a los débiles y ponerte del lado de los tuyos? - Oí, e inmediatamente, como si me hubiesen inyectado veneno en las venas, sentí un ardor dañino recorrer mi cuerpo. Su voz me provocaba, y creo que mi odio hacia él es tan fuerte como para lograr ponerme de pie una vez más.

Uní fuerzas, y una vez que me encontré a su altura, lo miré a los ojos pues se encontraba exactamente frente a mí; y no solo, sino acompañado.

- Tú no piensas defender a los de tu especie. Lo que tú quieres es destruirnos a todos, maldito. - Gruñí, y luego mi atención fue dirigida a las dos personas que lo estaban acompañando.- Ustedes lo saben, y aún así están del lado de este bastardo. Saben que lo único que quiere es hacernos pedazos.

Reptile y Terra bajaron la mirada, negándose a prestar oído a mis palabras. Son un par de tontas...

- La única manera de salir de aquí amor, es aceptando que tengo la razón... ¡Ah! Y también debes disculparte conmigo por haber huido así de mí para estar con él imbécil de Hudson. Si no hubieses sido tan estúpida como para escogerlo antes que a mí, le habría perdonado la vida.

- ¿Perdonarle la vida? ¿Tú? - Escupí una risa débil y sin gracia. A pesar de que mi cuerpo no podía dejar de temblar por no poder soportar por mucho más tiempo mi peso, mi rostro se mantenía imperturbable.- Si realmente hubieses querido matar a Edmund, ya lo habrías hecho hace mucho tiempo. Tú le temes, y con mucha razón; casi tanto como me temes a mí porque sabes que él es mucho más fuerte y hábil que tú. Siempre lo ha sido, y siempre lo será. - Dije, y él se acercó amenazante a mí para colocarse a unos centímetros frente a mí rostro. Lo único que nos dividía era el grueso cristal, y lo único que nos impedía matarnos el uno al otro...

- Haré que algún día te tragues tus palabras, Moune. ¿Recuerdas que alguna vez no fuiste más que una maldita tonta sin amigos? Pues volverás a esos viejos tiempos, con la única diferencia de que ni tu propia familia estará para ti. Te vas a pudrir en un maldito agujero. Te consumirás lentamente con el remordimiento de saber que a causa de tu estupidez, muchos van a morir. - Sonrió levemente sin una pizca de gracia, y se alejó lentamente de mí.- Duerme en paz, Bonita. Quizás para cuando despiertes todos tus amigos ya habrán muerto en el desierto...

Me dio la espalda para desaparecer, pero al hacerlo me di cuenta de que tanto Reptile como Terra también lo hicieron y sin la necesidad de tener alguna especie de contacto físico con él. ¿Cómo pudo ser eso posible? Ellas no poseen el poder de tele transportarse... Algo aquí me parece mucho más extraño de lo que es. Quizás todo sea nada más que una ilusión y en realidad no se trata de una habitación impenetrable.

Rápidamente quise despertar a los demás para discutir el descubrimiento que probablemente les dará una pizca de esperanza, pero todos se encontraban inconscientes. Quise golpear el vidrio con fuerza para lograr despertarlos, olvidando que ya no tengo las suficientes como para llamar su atención y mucho menos permanecer más tiempo de pie.

En un descuido mis piernas acabaron por ceder a mi peso y caí sobre mis piernas de tal manera que mi cabeza golpeó contra el suelo. Sentí un fuerte dolor punzante que me provocaba náuseas, pero en cuestión de segundos todo el espacio a mi alrededor comenzó a dar vueltas y poco a poco fui perdiendo el conocimiento por completo...

✴✴✴✴

- Volveremos a estar en casa juntos otra vez.- Le aseguré al verlo de pie frente a mí. Un grueso cristal nos impedía estar juntos, colocado entre ambos, pero aún así yo podía sentir su calor.

- Sé que así será, Reina. - A pesar de las dificultades, él aún tenía las fuerzas suficientes para sonreír porque sabía cuánto lo estaba necesitando. Involuntariamente lágrimas cayeron por mi rostro.

En un impulso de desesperación e ira, golpeé aquel cristal con todas mis fuerzas hasta quebrarlo. Pero cuando los miles y miles de fragmentos afilados cayeron frente a mí, él desapareció. Toda la habitación se había convertido en un enorme cuarto oscuro, en donde me encontraba completamente sola y sin la compañía ni el apoyo de nadie.

Caí sobre mis rodillas y rompí en llanto; pero no de dolor, sino de ira y desesperación. Mi frustración lograba consumir mi cuerpo rápidamente, como si hubiese perdido hasta la más mínima pizca de fe y felicidad. Era un sentimiento tan desagradable, que ni siquiera a mí propio enemigo se lo querría desear... ¿O quizás sí?

- Despierta, Cora. - Podía percibir voces que sonaban casi como susurros a mis oídos, pero yo no hacía ni caso.

- Cora. ¡Rápido! No tenemos mucho tiempo...

Mis ojos se abrieron de golpe, y me di cuenta de que había estado sufriendo una pesadilla; pero lo que se encontraba en frente de mí no era para nada un sueño...

Offenbarung 3Donde viven las historias. Descúbrelo ahora