Capítulo 4

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Finalmente amaneció.

— Hoy es el día. —suspiré cuando abrí los ojos y sentí una punzada en el estómago al ver mi cuarto absolutemente vacío. No había ni rastro de mis objetos personales que ya habían sido enviados a nuestra nueva casa en California.

Me levanté perezosamente y me vestí para poder guardar el pijama y cerrar la maleta. Me lavé la cara y los dientes, me peiné y bajé a desayunar, para hacer acto de presencia.

— Buenos días, ¿qué te apetece desayunar? —preguntó mi madre.

— No tengo hambre —contesté sentándome en una de las sillas que había alrededor de la mesa de la cocina.

— Deberías desayunar algo, el viaje va a ser muy largo y la comida de avión además de costar un ojo de la cara, no es muy buena. —aconsejó mi padre.

— Tengo el estómago revuelto. —le corté antes de que pudiera decir algo más.— Si me disculpáis, voy a por mis maletas. Las he olvidado en mi ex-habitación. —remarqué el ex con cierto tono irónico.

— Salimos en 5 minutos. —habló mi madre justo cuando iba a cruzar el umbral de la puerta

— ¿Tan pronto?

— El avión sale en dos horas y si quieres tener tiempo de despedirte de tus amigos hay que salir ya. —contestó mi padre.

Por lo menos me dejan despedirme, qué considerados.

Pista: No.

Bufé y finalmente abandoné la cocina. Subí de nuevo a mi cuarto, guardé el movil y el cargador en el bolsillo de mi pantalón para echarle un ultimo vistazo a lo que una vez fue mi cuarto y salir cerrando la puerta desanimada, maleta en mano.

Bajé las escaleras y en un abrir y cerrar de ojos me encontraba en un taxi de camino al aeropuerto ya que nuestro coche también había sido mandado a California días antes mediante el trabajo de mi padre.

Me pasé todo el trayecto hasta el aeropuerto mirando por la ventanilla, intentando no pensar que esa podía ser la última vez que viera Madrid y en seguida llegamos a nuestro destino.

Tardamos cuarenta y cinco eternos minutos en pasar todos los controles y cuando terminamos llegaron mis amigos.

— ¡Ana! —gritó Cris y se me tiró encima seguida de Lucía y Mar.

— Te vamos a echar muchísimo de menos. —dijo Lucía con los ojos cristalizados aún abrazada a mí.

— Esto no va a ser lo mismo sin tí. —apoyó Mar y las lágrimas empezaron a caer.

Estoy harta de llorar, en serio.

— Y yo a vosotras.

Se escuchó un carraspeo y asomé la cabeza por encima del hombro de Lucía para ver a Miguel con los brazos cruzados y una mirada divertida.

— ¿A nosotros no nos vas a echar de menos? —dijo intentando hacernos reír de manera no muy eficaz.

Las chicas me soltaron y corrí a abrazarle, Gonzalo y Dani se unieron y me apretaron entre los tres.

— Os quiero mucho y os voy a echar mucho de menos, pero... no puedo... respirar. —me soltaron riendo entre lagrimas.

Miré a Dani y nuestras miradas conectaron.

— Creo que es mejor que os dejemos solos. —habló Gonzalo y se alejaron unos pasos dejándonos a Dani y a mí solos.

Yo le abracé y él respondió apretándome con fuerza.

— Te voy a esperar. —susurró en mi oído haciendo que se me erizara la piel.— Sé que vas a volver, y yo voy a estar aquí esperándote. —me apretó más fuerte.

— Te quiero.

— Y yo a tí. —contestó.— Y eso no va a cambiar. —añadió.

Se alejó de mí tras dejar un beso en mi húmeda mejilla y los demás se acercaron de nuevo.

— Esto es para que no nos olvides y para que te lleves un trocito nuestro a California. —dijo Mar sonriendo entre lágrimas y sacando un paquete envuelto en papel de regalo.

— ¿En serio? —lo cogí secándome las lagrimas con una sonrisa.— No teníais por qué. —lo abrí cuidadosamente y era un marco con la foto que nos hicimos todos juntos durante las fiestas del instituto de este último año.

El marco estaba decorado con dibujos que representaban a cada uno de mis amigos. Era un detalle realmente increíble y las lágrimas volvieron a mis ojos.

— Es perfecto, me encanta, en serio. —y nos fundimos en un abrazo grupal.

No se cuanto tiempo estuvimos abrazados pero cuando nos soltamos era hora de subir al avión. Me separé de ellos con una sonrisa triste.

— No nos olvides. —habló Mar.

— No puedo hacerlo. —contesté intentando mantener la sonrisa.

— Hora de irnos. —se acercó mi padre poniendo una mano en mi espalda que yo alejé.

Tras abrazar fuertemente a cada uno de mis amigos e inevitablemente derramar unas cuantas lágrimas más, finalmente subí al avión dejando en la puerta de embarque a los que para mí eran mi segunda familia. Intentaban sonreír entre lágrimas y se abrazaban los unos a los otros.

Me senté en mi asiento guardando el marco en mi mochila y el avión no tardó en despegar.

Por lo menos tengo ventanilla.

Me pasé todo el vuelo escuchando música y viendo las nubes y el océano pasar por debajo de mí. Hay que reconocer que las vistas eran increíbles.

De alguna forma quería que ese vuelo durara para siempre.

No quería llegar a California. Un nuevo continente, una nueva vida y nuevas personas. Tenía miedo a no encajar y al rechazo, a ser la chica rara o la chica nueva. Pero mientras estuviera en ese avión aún no era nadie, solo una chica mirando la nubes.

Desgraciadamente no se puede parar el tiempo y demasiado pronto para mi gusto, el avión estaba aterrizando en California.

— Bienvenida a California. —me alenté en un suspiro.

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Esto es todo un drama sos

No desesperéis, aquí se acaba el dramón por un tiempo ^^

Este capítulo se lo dedico a @monidrid bc es su santo!! Te quiero Monoo ♥

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Os quiero baesss ♥

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