Capítulo 30

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Sofía esperó a que la vela se consumiera por completo, replegada detrás de la puerta. Había dejado el cuaderno escondido en el cajón del escritorio y lo había trabado poniendo un lápiz parado, un poco clavado en la madera, de manera que la única vía para sacar el cuaderno era quitar la parte baja del cajón. La cinta la tenía guardada en el brassier y solo había rescatado sus llaves del coche y su cartera. Todo lo demás estaba sobre la cama.

Todos los sobrevivientes de la catástrofe habían muerto de vejez o enfermedad. La familia de David había muerto en un accidente de coches y algunos sobrevivientes sin registro oficial de haber salido de las ciudades hermanas estaban en manicomios u hospitales. Sin embargo, había una persona que seguía viva: Villanueva.

Estaba decidida a escapar y buscar al culpable del desastre y liberador del monstruo. Él tendría que responderle y, si Sogblé no fallaba, tenía una hija oculta que también podría saber algo sobre esta historia.

Sogblé abrió la puerta con cautela. Sofía estaba lista para empujarlo con la puerta y correr, pero sus palabras la detuvieron en seco.

-No es necesario- dijo él.

Sofía se quedó inmóvil y en silencio. Sogblé cerró de un golpe la puerta y encontró a Sofía apuntándole con la punta de un bolígrafo.

-No voy a matarte. Aún no- dijo él.

En la oscuridad, solo sus ojos y sus horribles dientes producía tenues reflejos, pero Sofía sabía que su enorme y sucio cuerpo cubría toda su vía de escape.

-¿Qué necesitas de mí?- se atrevió a preguntar.

-Como habrás podido deducir, hay un cabo suelto... y tú tienes un coche.

-¿Por qué no solo fuiste a buscarla?

-No sé cómo. El mundo ha cambiado. Si tú me llevas a tu ciudad, te dejaré vivir un año más.

-Hecho.

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