Capítulo 29

53 5 0

Al terminar de escuchar la historia me di cuenta del peligro que corría al estar ahí. Miré las manos de mi interlocutor y comprobé que eran diferentes. Las había estado ocultando, pero ahora parecía no importarle, como si hubiera estado buscando que yo lo descubriera. La lluvia ya se había calmado y me di cuenta de que pronto saldría el sol y entonces él podría leer mi credencial y descubrir en la reportera a la huidiza Sofía, única sobreviviente de su maldad. Así, terminando esta parte de la historia, le comenté que debía partir. Puse mi mano sobre la credencial, pues no pensaba quedarme un segundo más escuchando la historia, arriesgándome, pero él puso su mano sobre la mía.

-No, por favor. Al menos termine de escuchar la historia.

Me senté. Algo en su mirada me advertía, no, me amenazaba, pero no podía más que fingir que no pasaba nada, que yo no tenía nada que ver, y me senté. Guardé mi credencial en la bolsa pretendiendo estar tranquila y no demostrar mi alivio al haberla alejado de mi interlocutor. Él quiso continuar la historia, pero yo me levanté excusando que en verdad era tarde y que debía regresar para descansar un poco. Él me aseguró que mi carro estaba bien, y que podía quedarme a dormir en la casa. Intenté disuadirlo, pero fue imposible. Me acompañó a una de las habitaciones donde había una cama y un escritorio pequeño donde me aseguró que podría trabajar sin problemas. Me indicó la ubicación del baño al que se tiene acceso desde la habitación y después de desearme buenas noches, salió del cuarto, y lo cerró con llave.

Una vez sola, por fin pude llorar por mis padres, por David y por toda la enorme y aplastante verdad que me había mostrado ese monstruo. Fue hasta mucho después, cuando las lágrimas se habían terminado y el dolor me había anestesiado un poco el corazón, que pude pensar más claramente y empecé a escribir.

Ciudades Hermanas¡Lee esta historia GRATIS!