Capítulo 23

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David se quedó con Sofía toda la tarde disfrutando de la salud de su hermosa niña hasta que empezó a anochecer y recordó que debía llegar temprano a casa, así que se despidió ya más tranquilo y feliz que cuando saliera en la mañana. Se despidió de ella y de sus padres y se marchó. El calor seguía implacable e incontrolable, sin ningún vientecillo que refrescara ni una nube que amenazara con llevar un poco de lluvia. Aunque ya Sofía estaba bien, estaba tenso y pensó que pronto se volvería un maníaco si no se controlaba. Estaba bien que los sucesos de los últimos días lo ponían tenso pero si ya Sofía estaba bien, no había verdadera razón para estar tan nervioso. En ese momento se acordó de la ciudad. Lo había olvidado por completo, especialmente porque casi todos estaban haciendo su vida normal pensando que sólo eran rumores lo de la destrucción de la ciudad y que si las televisoras no lo pasaban, era que no era algo tan grave como para dejar negocio y casa, pues al parecer no eran más que palabras. Al parecer era este el pensamiento de la gente en general. Sin embrago, David ya no tenía dudas. Algo muy raro y muy peligroso estaba sucediendo en la ciudad. Ahora que lo pensaba, Sogblé no se había detenido a meditar sobre las consecuencias de salvar a Sofía ni le había pedido gran cosa. Si bien era cierto que le concedía favores tan grandes a cualquiera que se encontrase, bien podía hacerlo con cualquiera sin importar sus intenciones, pues Sogblé no parecía gente de precauciones y medidas. No parecía tener moral ni tacto, y todo eso preocupaba bastante a David quien ya había cerrado un trato con él. ¿Le seguiría cobrando únicamente su voz a cambio de haberle salvado la vida a su novia? Tal vez, al menos eso esperaba. Al fin pasó un camión que lo llevó cerca de su casa. Caminó un par de cuadras y entró a su casa. Al parecer lo estaban esperando. Estaban todos muy serios y en silencio sentados a la mesa, todavía con los restos de la merienda.

-Hijo, qué bueno que llegas. Queremos decirte lo que hemos resuelto hacer para poder salir de esta ciudad.

Su padre lo miraba con una tristeza y una seriedad enormes que David jamás le había vito. Volteó a ver a Fernando, pero él solo bajó la cabeza.

-Sé que tal vez tú no quieras- continuó su madre-, pero la verdad es que tenemos que huir hoy mismo o mañana en la madrugada, cuando más tarde.

David se sobresaltó. Hasta ese momento, calculaba que aún quedaban días para huir pues el caos aún no existía y nadie había sabido nada nuevo que atemorizara a la gente o la hiciera reaccionar como lo estaba haciendo en esos momentos su familia.

-¿Cómo lo sabes? ¿Cómo sabes que mañana es el ataque o que no podremos salir otro día? Sofía está sana ¿y me dices que debo partir hoy?

-¿Se repuso? Oh, eso está mal...

-¿Qué?

-Me han dicho que hay fuerzas obscuras sueltas en estos momentos. ¿Cómo se curó?

David se enojó con esta pregunta. ¿Cómo es que su madre siempre sabía tanto? ¿Hablaba con las nubes o qué? Además, no tenía nada de malo si eso había salvado a Sofía. Su hermano se levantó con gesto cansado y buscó en el refrigerador algo frío que tomar... o si quiera tibio.

-No lo sé, pero la verdad no me importa. Ella está bien.

-Solo digo que es peligroso si no se sabe...

-Estaré arriba. No sé ustedes, pero yo me quedo. Seguramente ahora que se ha repuesto sus padres querrán irse. No lo sé, pero no me iré sin ella. Estaré en mi cuarto.

En eso se escuchó cómo la puerta de la habitación de David se cerraba con un golpe. Entonces David recordó su trato con Sogblé. Subió corriendo las escaleras y entró en su cuarto. Encontró a Sogblé sentado en su cama admirando la foto de Sofía que estaba en la mesita de noche mientras con un horrible dedo de su mano derecha acariciaba la parte en que se veía su mejilla. A David se le pusieron los pelos de punta y se apresuró a quitarla de ahí. La tomó bruscamente y se apartó. Las luces tintinearon un poco y después de que sonó el interruptor se apagaron.

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