Capítulo 22

63 3 0

En la tarde, venía caminando una pareja cuando se encontraron a un viejecito pobre aventado en una barda donde pedía limosna a los viajeros que pasaban. La pareja se veía fatigada, pues al parecer había sido un largo día y el calor había estado más seco y más terrible que nunca. La mujer venía agarrada al brazo de su marido mientras él trataba de mantener un ritmo regular y más o menos rápido. Ya querían llegar a su casa. Venían sudando y ya sentían el corazón en el cerebro de lo fuerte que latía en reproche al cansancio. Les ardían los pies y las piernas y no habían tomado agua en todo el día.

-Buenos viajeros, van en sentido contrario. La salida de la ciudad está justo al otro lado.- les dijo el viejo.

-Gracias, - le respondió el señor.- Pero vamos a nuestra casa, no saldremos de la ciudad.

-¿Y eso por qué, si puedo preguntar?

-Digamos que no hay ningún camino seguro y no pienso tomar decisiones riesgosas.

Sogblé sonrió bajo la tela.

-Bueno, yo podría ayudarles. Si me lo permiten...- La pareja tembló ante la propuesta pero accedió.- Sólo vayan esta noche al monte Uzuri. En la parte de abajo verán que hay dos cuevas de piedra, bien, entren en la que mira hacia el oriente. Ahí los esperaré.

-¿Y tú qué nos pedirás a cambio? - Preguntó la mujer, a quien no se le iban detalles.

-Allá se lo diré, no se preocupen.

La pareja se alejó lentamente pensando en la propuesta que el viejo ya sabía ganada. Les intimidaba que fuera tan solícito aquél viejo decrépito que hasta pedía limosna y ahora quería ayudarlos. Era casi como si los estuviera esperando. Mas todavía no se convencían, especialmente la mujer, dudaban de la amabilidad y la soltura con que el viejo pretendía ayudarles. Además, les daban escalofríos estar cerca de él y habían notado que su sola presencia los inquietaba. Aún así, decidieron ir en la noche ellos solos a buscarlo en la cueva.

Ciudades Hermanas¡Lee esta historia GRATIS!