Capítulo 21

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David llegó quince minutos después a la casa de Sofía. Venía acompañado por un hombre cubierto por unas telas largas y enredadas. David tocó el timbre y les abrió la sirviente. Pasaron al patio donde se quedó el hombre encapuchado justo bajo los rayos del sol mientras David iba adentro. El calor era sofocante y terrible. Todas las calles se veían secas y las plantas de los camellones se veían ya casi muertas. De nada servía que lloviera si a media mañana otra vez desaparecían la humedad y el frescor. Los rayos ya no daban tregua ni un momento pues no quedaban nubes en el cielo. Estaba despejado e incluso las nubes de contaminación habían desaparecido con el poco viento que había. David había llegado sudando, esperando que algún árbol lo refrescara. Sin embargo, aún cuando había estado dentro del camión junto al señor de las ropas, había sentido un calor desafiante y espantoso, al grado de que se sentía nervioso y notaba cómo le temblaban las manos y le castañeaban los dientes.

Al entrar en la casa de Sofía, había sentido una rara frescura pues aunque se daba cuenta de que la casa también estaba muy caliente, la sintió más fresca y deliciosa que la sombre de los árboles, el camión y la escueta brisa que soplara. Encontró a Sofía recostada en el sillón de la sala con la televisión encendida a un volumen casi inaudible. Sofía estaba recostada boca arriba con los ojos cerrados respirando muy suavemente, tanto, que si no hubiera movido un poquito los labios, David hubiera pensado que ya había muerto. Se acercó en silencio y depositó lentamente un dulce beso de príncipe en los fríos y pálidos labios de su amada. Ella abrió poco a poco los ojos y sonrió al verlo parado frente a ella con su tranquila sonrisa.

-Buenos días. ¿Cómo estás?

-Bien, gracias, ¿mis papás fueron a buscarte?

-Sí. ¿Cómo te sientes?

En ese momento, la sonrisa de ambos se volvió triste y disfrazada de fingida calma mientras todos sus músculos se les tensaban y les oprimían el pecho impidiéndoles respirar con normalidad.

-Bien, creo. De cualquier forma ya no hay salida.

David se sentó a su lado en uno de los sillones y le tomó una de sus frágiles y blancas manos con cuidadosa suavidad.

-Tal vez sí la haya. Acabo de encontrarme a alguien que puede ayudarte.

-¿De qué hablas? Además, no tenemos dinero y...

-Tú déjamelo a mí. ¿Puedo hacer que pase para que te vea?

-Sí, pero, David, ¿no te estás metiendo en muchos problemas por mí?

-No, mi amor, puedes estar tranquila. Ahora vuelvo.- Le besó la frente y corrió hacia la salida donde encontró a Sogblé admirando las flores del jardín, quienes se marchitaron completamente al instante en que las tocó. David vio eso pero no prestó atención, estaba impaciente por ver curada a su linda Sofía.

-Pasa. Quiero que la veas. Si puedes curarla, te daré mi voz por estos tres días empezando desde hoy en la noche.

David hizo pasar a Sogblé a la sala y lo sentó en un sillón frente a Sofía. El calor estaba empeorando, incluso dentro de la casa. David empezó a preocuparse por Sofía. No sabía cuánto tiempo más resistiría con tanto calor. Así que decidió apresurarse.

-Sofía, te presento a Sogblé. Él podrá ayudarnos.- Sofía se enderezó un poco para ver al hombre encapuchado pero no pudo verle los ojos. El dolor y el cansancio volvieron a tirarla en su sillón.

-Buenas tardes.- Dijo y le sonrió con una mueca triste y débil a lo que Sogblé respondió con un movimiento descendente de cabeza. Sofía se veía inquieta y un poco temblorosa, pero lo disimuló lo mejor que pudo para no preocupar a David, ya de por sí nervioso desde hacía semanas.

David se acercó a Sogblé y casi en una súplica le preguntó si podría salvarla a lo que Sogblé volvió a responder con la cabeza. Sofía no escuchó esto sino sólo que David le contestaba "hecho". Sogblé se acercó y Sofía sintió que el calor aumentaba notoriamente hasta casi asfixiarla, por lo que tuvo que respirar más hondo. Sogblé posó sus dos horribles manos sobre el rostro de Sofía mientras ella cerraba los ojos, de modo que no se las pudo ver, a diferencia de David que vio la mano delgada y arrugada de la derecha que contrastaba con la joven mano ancha y pequeña de la izquierda. El calor se intensificaba a cada segundo y David veía palidecer cada vez más a Sofía. Empezaba a ser insoportable estar ahí de pie sin poder hacer nada, siendo que, en teoría, era justo a Sogblé a quien había traído para que hiciera algo al respecto, sin embargo, sólo la veía palidecer y perder fuerzas mientras Sogblé sonreía y ponía sus dispares manos sobre ella. David estuvo a punto de lanzarse contra él para alejarlo de Sofía pues empezaba a pensar que lejos de ayudarla la estaba chupando. En eso, Sogblé enterró las uñas de sus dedos índice en los oídos de Sofía quién lanzó un espantoso grito que estremeció a David. Sólo a él se le ocurría recurrir a alguien como Sogblé y confiar en que lo haría todo en beneficio de quien lo buscaba. Afortunadamente, David no alcanzó a dar un paso cuando Sogblé ya se estaba separando de la chica y ya había retirado sus manos de su cara. Por el gesto de Sogblé esperaba que le dijera que ya no había solución y que se había muerto en el proceso que, según había visto, era terriblemente salvaje. Esperaba lo peor. Pero Sofía abrió los ojos y volteó a ver a David con una amplia sonrisa mientras le sangraban los oídos. Ella lo sintió y trató de ver qué sucedía. Se sentía muy bien y no entendía por qué David estaba tan tenso y con tan mala cara. Estaba como nueva. David se apresuró a limpiarla con un poco de papel y fue entonces que ella vio la sangre y se asustó, pero como no le dolía nada, se quedó tranquila.

-¿Estás bien? ¿Cómo te sientes? ¿Te duele algo?- Preguntó David con la sospecha en los labios y el temor más anclado que las espinas.

-Sí, estoy perfecta. Me siento bien. Nada me duele. Amor, - lo tomó entre sus manos obligándolo a ver sus grandes y radiantes ojos.- estoy bien, en serio, gracias- y le dirigió una tierna sonrisa.

-De acuerdo, parece que ya dejó de sangrar.

Sogblé estaba de pie en un rincón como buscando algo, pero al sentir la mirada de David, desistió. Hizo una breve inclinación hacia Sofía y caminó hacia la puerta donde esperó a que David le abriera para poder salir normalmente. David se acercó y le abrió la puerta. Le hizo una seña a Sofía para indicarle que en seguida volvía y salió detrás de Sogblé. Quien ya los esperaba en el patio, junto a la puerta que daba hacia la calle.

-Lo veré esta noche para cobrar deudas. No tarde, tengo muchas cosas que hacer después.- Le dijo Sogblé con una espantosa sonrisa que dejaba entrever sus afilados dientes. Dio media vuelta y se fue caminando sobre la calle contando algo con los dedos de sus dispares manos.

David regresó junto a Sofía y la encontró tan bien que logró sonreír con verdadera alegría. David decidió no confesarle a Sofía sobre el trato y al parecer, ella no había escuchado nada. En cambio, le contó que ese hombre era curandero, que lo había conocido en la parada del camión y que él mismo se había ofrecido a ayudarlo. Lo único que omitió fueron las partes escalofriantes y lo respectivo al trato. Sofía no estaba enterada de la situación que vivía su ciudad pues nadie había querido decírselo y, como no era oficial, no aparecía en los noticieros de la televisión. Sus padres habían decidido quedarse, pues no podrían sacarla a escondidas en la noche y encima hacerla que corriera si los atrapaban atravesando las fronteras. Lo que hubieran necesitado hubiera sido un camino seguro a través del cual su padre pudiera cargarla sin problemas, pero como no había uno, habían decidido quedarse y compartir la suerte de su hija. David esperó hasta que llegaron los padres de Sofía para saber si decirle o no, pero descubrieron que ella había logrado escuchar los rumores, por medio de algunas vecinas que pasaban platicando frente a la casa.

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