Capítulo 17

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Era un día extrañamente nublado y fresco como no había habido en semanas. Villanueva estaba en su oficina, el lugar más personal y cómodo para él. Era ya casi el final del día y se encontraba meditando diversas cuestiones en su mente. Estaba preocupado y tenso. Se le notaba en los labios, que ya había mordido tanto que tenían costras, y en la mirada, que cambiaba rápido de rumbo y observaba todo con un nerviosismo y con una desconfianza que no justificaba su trabajo ni ninguna otra situación que se le conociese. Sentía que se estaba volviendo paranoico con tanto sigilo y tanto miedo. La sola idea de volver a ver a Sogblé le hacía temblar hasta el grado de tener que levantarse y caminar para calmarse. Sin embargo, quería verlo. Había visto que cumplía lo que decía al ir al centro del pueblo y haber encontrado cerrada la sastrería. La gente le dijo que ya llevaba varios días así y que nadie lo había visto a él o a su familia. Habían desaparecido. Villanueva sintió que algo andaba mal. Él sólo había pedido la muerte del sastre, no la de su familia. Sogblé le había dicho que bastaba la voluntad humana para que él pudiera hacer y deshacer. Y ya había visto que podía hacer cosas incluso mágicas como aparecerse y desaparecerse tan sólo por el hecho de que había quedado con él en volver para ajustar cuentas. Al parecer mientras hubiera una razón, un trato o un acuerdo el podía moverse a su antojo. Villanueva estaba nervioso, muy nervioso. Empezaba a darse cuenta de lo peligroso que era hacer tratos con él. Tal vez al matar al sastre había intervenido la familia y, no pudiendo más que defenderse, la había matado.

Al fin, le entregaron los últimos papeles y terminó de revisar sus cuentas. Su secretaria miró de reojo el muñón donde había estado la mano de Villanueva y se retiró en silencio. Él había explicado parcamente que había sufrido un accidente. Nadie hizo más preguntas y Villanueva se sintió un poco ignorado, pero lo olvido rápido al empezar a trabajar.

Tomó su portafolios y salió de la oficina. Se despidió con un breve gesto de su secretaria y partió rumbo a su casa. Había empezado a llover así que se metió rápido a su coche e indicó a su chofer que lo llevara a su casa. La lluvia había reproducido los carros haciendo más denso el tránsito y mucho más lento el camino. Algunos tocaban el claxon desesperados por llegar pronto a sus destinos que, en general, eran los hogares de los trabajadores, pues eran pocos los que se veían avanzar hacia el centro de la ciudad donde se encuentran la mayoría de los negocios y las oficinas. En general, esa era la hora de ir a la casa a descansar.

Villanueva estaba pálido. Iba pensando en la posibilidad de deshacerse de la ciudad vecina, sin embargo, le atemorizaba pensar que para eso Sogblé echara mano de su propia ciudad perjudicándola e incluso a él. Sus medios eran demasiado primitivos y salvajes y, al parecer, al pedirle algo también se le daba permiso de hacer todo lo que fuera necesario para llevarlo acabo, pues si no era así, ¿qué había hecho desaparecer a la familia del sastre? Hasta donde él sabía, el sastre era casado y creía haber visto a un chiquillo en su sastrería que tal vez sería su hijo. ¿Por qué habrían huido así, escondiéndose? ¿Sogblé lo habría engañado y los habría escondido tan sólo? No, eso era imposible. Al parecer si algo tenía Sogblé era su palabra y nunca parecía detenerse ante nada, ni siquiera al dolor o la piedad de las personas. No había dudado en arrancarle la mano. Sería incongruente que dudara en matar a ese hombre a quien ni siquiera conocía ni tenía por qué conocer. Pensaba que entonces tal vez la familia del sastre se había ido pensando que no sólo matarían al hombre sino también a su mujer y a su hijo y entonces decidieron huir y esconderse. Eso estaría bien. De ser así, Villanueva no tenía ningún problema de que sospecharan de él, ya que él prácticamente ni los había visto en años y cuando volvió a buscarlos, habían desaparecido junto con el cadáver y estando tan lejos como suponía que estaban no podrían perjudicarlo con chismes ni verdades.

Ahora bien, su mayor problema era la ciudad de Almasi, si Sogblé realmente era capaz de deshacerse de ella sería interesante saber qué tanto más haría mientras se encargaba de la ciudad. Tal vez además se deshiciera de otras personas de los alrededores. Eso era malo, pues podían verse afectados los habitantes de su ciudad. O lo que sería peor, tal vez pedirle algo tan grande le permitiera andar libre por ahí a Sogblé y haría más tratos. Llegaría tal vez el punto en que quedaría completamente libre de la voluntad humana y dadas sus capacidades eso sería peligroso para la humanidad. Con que sí, tal vez era eso lo que Sogblé buscaba, libertad. Pero esa libertad sería riesgosa y requeriría mucho trabajo y tal vez hasta un enredijo de tratos hasta que alguno de ellos lo liberara... Entonces, ¿había sido un ser humano quien lo había atrapado o era sólo parte de su naturaleza el vivir atado a la voluntad humana? Primero que nada, ¿qué era Sogblé? A decir por sus ojos, podría ser un humanoide, un brujo todo viejo y putrefacto que había sido deformado por tanta magia obscura, aunque más bien parecía un monstruo de la cueva en que lo halló.

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