XXXVII

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No era extraño para Hannah salvar a Stiles, así como no era extraño para Stiles salvarla a ella. Siempre lo hacía, incluso aunque no se diera cuenta. Lamentablemente, esto significaba que la vida de ambos siempre estaba pendiendo de un hilo, de un hilo delgado y frágil, capaz de romperse en cualquier instante.

La primera vez que Hannah realmente temió por Stiles fue cuando el Nogitsune se apoderó de él, pero aún no lo sabían. Hannah temblaba de miedo. Era buena resolviendo problemas, pero no sabía cómo resolver lo que le sucedía a su novio. Habían creído que tenía lo mismo que su madre, y eso había aterrado a Hannah.

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Hannah creía haber estado asustada antes. Pero nada se sintió siquiera cerca a lo que sintió cuando le dijeron lo que podía tener Stiles. Sabía que los síntomas no eran precisamente para llevar a la ligera, pero... Stiles podría tener lo que tenía su madre. Y su madre había muerto. Y una vida para Hannah, sin Stiles, simplemente era inconcebible. ¿Cómo podría despertar todas las mañanas sabiendo que la única persona a la que había amado con tanta intensidad, estaba muerta? Sabía que estaba apresurando las cosas, pero eso solía hacer Hannah, pensar en el peor caso. Fue cobarde, y no quiso estar ahí cuando le dieran la noticia a Stiles así que aprovechó para irse a bañar y cambiarse cualquier cosa pues su cerebro apenas podía procesar las cosas. Supo que era un poco tarde su llegada cuando vio a Scott hablando a solas con Stiles en la cámara de resonancias. Escuchó la conversación con su oído lobuno, sintiéndose un poco culpable.

—Sabes que están buscando, ¿no? Le preguntó Stiles a Scott—. Se llama demencia frontal temporal. Áreas del cerebro que se encogen. Es lo que tenía mi madre. Y la única forma de demencia que da en la adolescencia. Y no hay cura.

—Stiles, si tienes eso Hannah notó como le fallaba la voz a Scott, como si quisiera llorar en cualquier momento—. Haremos algo. Hannah y yo haremos algo.

Hannah solo vio a Scott salir de ahí, y el chico le dio una pequeña sonrisa.

—Deberías entrar le dijo. Así que ella entró. Su plan era mantenerse tranquila, tal vez bromear un poco para aliviar la tensión pero todo se fue al carajo en cuanto lo vio, asustado e indefenso, con los ojos llorosos. Hannah corrió y se lanzó a abrazarlo, llorando como nunca. Stiles la abrazó con la misma fuerza, sorprendido. Sabía que Hannah odiaba llorar en público, pero no parecía importarle llorar en frente de donde podían verla su padre, Melissa y Scott.

—Debes de estar bien susurró Hannah, sin despegarse de Stiles, directamente en su oído una vez que se hubo calmado lo suficiente para hablar—. Necesito que estés bien; vas a estar bien.

—Tengo miedo.

—Lo sé, amor, lo sé. Pero vas a estar bien, me haré cargo de eso.

—No quiero terminar...

—Shh, no lo digas. Vas a estar bien Hannah se separó de Stiles únicamente porque necesitaba verlo a los ojos. Ninguno parpadeó, ambos analizando cada detalle del otro como si necesitaran desesperadamente memorizar todo. Hannah se inclinó de nuevo y lo besó, sin importarle esta vez el sabor amargo presente en los labios de Stiles, ni el público presente. Lo besó como si se le fuera el alma en ello, como si el aire ya no fuera lo que necesitara para poder vivir sino Stiles, como si ambos necesitaran ese beso para recuperar la poca cordura que les quedaba.

— ¿Me amarás, sin importar qué? preguntó Stiles, separando apenas los labios de los de Hannah.

—Te amaré, sin importar qué.

Missing /teen wolf |running #6|¡Lee esta historia GRATIS!