Capítulo 35.2- Joyas predilectas

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Mis astros bellos gracias por estar ahí! Que tengan unos bonitos y bendecidos días! Por cierto... gemelas es cuando son idénticas ( poseen el mismo código genético) y trillizas cuando son diferentes( diferentes óvulos). Karen y Gigi son mellizas ( no se parecen en aspecto físico), así como los hijos de Audrey (Anthon y Mary) pero las joyas de Norfolk son iguales, igualitas, las tres poseerán los mismos rasgos físicos. 


Los meses transcurrieron con esa acostumbrada habilidad de hacer correr el tiempo en los momentos de dicha. Las joyas de Norfolk, como fueron apodadas por todos los familiares e incluso sus propios padres cuando hablaban de sus tres hijas a la vez, crecían hermosas e idénticas físicamente - en excepción de esas pequeñas diferencias que sólo los más allegados conseguían ver- no así en carácter. Mientras Ámbar tenía temperamento, Rubí era toda ella tranquilidad y Perla...Perla nadaba entre las dos, como si tuviera la capacidad de reflejar cuanto aconteciera a su lado. 

  —Son verdaderamente únicas y bonitas— alabó Bethy dejando que Áurea anduviera hasta sus tres nuevas primas y las observara chocando con algo tan particular como lo era ella.

— Son una bella mezcla entre ella y Thomas — convino Audrey observando el pelo de sus sobrinas, el cual nadaba entre el negro y el rojizo mientras sus ojos eran grandes pero perfilados como los del padre. 

— ¿Habéis visto el color de sus ojos? — pronunció orgullosa la madre levantando a Perla para que sus tías pudieran fijarse mejor  —  no son ni verdes ni grises, sin embargo, emanan los dos tonos.

El llanto ensordecedor de Anne, la única hija de Karen, inundó la recámara de Georgiana, reclamando la atención que se merecía. 

  —  Necesito hacer un repaso o de lo contrario me volveré loca — rió Sophia, un poco más recuperada de la ausencia de su padre gracias a sus sobrinas  — son demasiados niños en una sola habitación  —  parloteó haciendo que Audrey levantara imperceptiblemente su ceja izquierda como siempre que Sophia Peyton  iniciaba uno de sus acostumbrados monólogos —   Mary y Anthon son mellizos, hijos de Audrey aquí presente —  señaló con poca delicadeza a la susodicha provocando en ella una sonrisa de puro convencionalismo .

    — Tenemos seis años —  cantalearon los aludidos.

— Eso, seis años, nacisteis en 1841.

— Yo también tengo seis — se aquejó Rouney no queriendo ser tomado por uno de los menores de la familia. 

— Sí, tú eres Rouney, el único hijo varón de Bethy —  clavó el dedo índice en la dirección de la Marquesa de Salisbury que trató de devolverle la confianza en su gesto con una mueca sincera de afabilidad —  Continuando con los hijos de Audrey, encontramos a Alice — acarició el pelo oscuro de la benjamina de los Seymour, la cual no tardó en volver a pasar la mano por su cabecita simulando peinarse tras la ofensa de haber sido tocada por esa extraña de Sophia — tras ella viene Áurea, sin lugar a dudas hija del sol aquí presente —  miró con ese asombro que nunca podía disimular al observar la blanquecina y única niña de los Talbot .

— Ahora viene mi hijo William —  señaló Karen a un revoltoso de dos años que estaba tratando de romper uno de los jarrones más preciados de los Norfolk  — después mi niña Anne — estiró a la bebé que tenía entre los brazos de apenas unos meses.

— Y las gemelas —  concluyó Gigi meciendo las tres cunas a la vez con un ingenioso aparato que Thomas había mandado a construir. 

— Y mi John —  hizo una mueca Karen llevándose la mano sobre el vientre.

— ¿Cómo sabes que es niño? —  refunfuñó Audrey que le molestaba la ligereza en que Karen hablaba de sus vástagos  —  es de mal augurio poner el nombre antes de que nazca.

— Sé que es niño porqué es tan molesto como lo fue William y punto — arrebató la pelinegra que amenazaba con traer a muchos más herederos a ese mundo solo por su aspecto fuerte y, para algunos, demasiado enérgico. 

— Me gustan los nombres de las niñas de Gigi —  musitó Bethy sentada en uno de los sillones tapizados de color azul mientras Rouney amenazaba con iniciar otra batalla de espadas amaderadas con Anthon.

— A mi también, me parece muy progresista. Quizás cuando yo tenga mis hijos también los nombraré con nombres de ese tipo. Estoy aburrida de los nombres clásicos.

— Sophia, no deberías de hablar de tener hijos cuando todavía ni si quiera estás casada —  corrigió Audrey haciendo ver a la cuñada de su hermana que no era bonito que una joven casadera hablara a la ligereza de esos temas. 

— Vamos, vamos... huyamos antes de que el sermón dé su inicio — salvó Karen a su compinche de travesuras, saliendo de la alcoba.  — las beldades problemáticas debemos volver a unirnos    —  informó seriamente la pelinegra una vez estuvo a solas con la otra integrante del grupo.

    — ¿Ha pasado algo?

— Sí, no puedes continuar escapándote para ir al encuentro de Brondon Howard. Si lo quieres debe ser tuyo de inmediato. 

— Pero sabes que mis primas lo tienen  convencido para que no me pida la mano y no puedo pedirle a mi hermano que...sería demasiado vergonzoso incluso para mí. 

  — Por eso Sophia, por eso. Tengo un plan para sacar a tus primas del medio...yo te ayudaré...


  

Manto del firmamento ( IV Saga de los Devonshire)©¡Lee esta historia GRATIS!