Capitulo 33

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No había movimiento. El tiempo se había parado. No había latidos de corazón, pensamientos irracionales.

Lo único que importaba, era la persona que yacía en la camilla, en una habitación en el hospital público de California.

El tiempo fuera de esa habitación, las horas, los minutos, habían desaparecido como prioridad.

Nunca nos damos cuenta que estamos pendientes del reloj creyendo que llegamos tarde a los sitios importantes. Lo creemos ya que es lo que nos inculcan, pero lo que realmente es, aprender que el reloj no marca nada más que el principio y el final del día, el principio y el final de la muerte.

Medio segundo, un minuto, media hora, una hora... En una fracción el mundo cambia y da un giro de 180°. Sin previo aviso, sin prevenciones. Termina y punto aparte.

Un minuto de felicidad, de tristeza, de hambre, de silencio.

Aun que no nos demos cuenta, es que un minuto es un corto periodo de tiempo que no le damos ninguna importancia. Lo que, son 60 segundos. 60 segundos en los que te puede cambiar la puta y jodida vida.

Y era cierto, el reloj se había parado. No por lo dicho, si no, el artilugio de la habitación no funcionaba como era debido.

-Os dejaré solas - la voz de Justin sonó lejana, cargada de esperanzas y baja tratando de no despertar a la persona de la cama.

Una vez que escuché como se cerraba la puerta, fue cuando sentí como pasaban los segundos poco a poco, el tic tac de un reloj mental contando los segundos que estaba desperdiciando.

Y ahí estaba la pregunta, ¿qué estaba desperdiciando? Mamá estaba en la cama, durmiendo y no se podía despertar.

Mamá estaba cansada y necesitaba dormir.

Con delicadeza, endureciendo mi corazón y dejando en blanco mi mente di unos pocos pasos hasta la silla que estaba a su lado.

La mujer que yacía en la cama estaba tendida boca arriba, tapada con una manta pero eras capaz de distinguir la bata asignada que se daba cuando estabas allí ingresada; piel blanca, el color había desaparecido, de ella, de su rostro.

Tubos que entraban por sus labios, el respiradero, el bombeo de su corazón débil latiendo.

Mamá estaba durmiendo e iba a ser para siempre.

No me senté en la silla con delicadeza, me dejé caer, me tiré, como una maldita niña pequeña cuando no consigue lo que quiere.

-¿Sabes lo egoísta que estás siendo hija de la gran puta? - susurré sonriendo - eres... - suspiré mirando para otra parte - todo este tiempo me has jodido bien, tanto que era una detrás de otra. He estado en la cárcel por ti, he adoptado a tu hijo, por que tu lo renegaste. Te he dado un techo donde vivir, ayudas con las drogas. Pero mírate. ¿En qué estabas pensando? ¿Sabes las ganas que tengo de estrangularte? Entras en mi casa cuando te da la santa gana para observar a mi hijo - enfaticé mi - unos días antes de su cumpleaños, le regalas una mierda de caja y una carta haciéndote la víctima. ¿De qué? Tu misma has logrado esto. Tu misma has cavado tu jodida propia tumba. ¿Por qué? Eres... Tan egoísta pensando solo en tu dolor y no en el dolor que puedes causar a los demás.

Silencio. El bombeo de su corazón era lo único que podía escuchar de ella.

>>¿Tienes idea de lo que hemos sufrido? Por que parece que sólo tu perdieses a papá hace cinco años. Es cierto que, cada uno lleva el dolor como quiere, como lo ve conveniente. Pero vamos mamá, ¿por qué así? Te estabas matando a ti misma poco a poco. Cierto, yo sufrí el dolor de la muerte de papá, todo este tiempo, desde que era pequeña ha sido una tras otra decepción en mi vida y no por eso tienes que tirarte de cabeza a la tumba, tirar la toalla. La vida es eso. Mierda, tienes una edad en la cual estos consejos me los tendrías que decir a mi. ¿Sabes cuantas veces soñé una charla madre e hija cuando os fuisteis? Pensaba en una habitación, yo con mi mala adolescencia y mis hormonas revolucionadas y tu explicándome que así es la vida, que cada uno la vive como quiere, que cometemos errores a montones y que poco a poco aprendemos de ellos. Nos estancamos, nos tropezamos e incluso nos caemos. Pero jamás, debes tirar la toalla. Mierda, todas esas veces que lo soñé y nunca se cumplió. Dime, ¿debería ser como tu? Llevar el dolor al lado extremo de la locura, ¿no? Dicen que los hijos hacen lo que ven de sus padres. Entonces, ¿debería ser cómo tú? Por que si es así, hazme caso, haría cualquier cosa por cambiarlo.

Vuela Libre #2 (EDITANDO)¡Lee esta historia GRATIS!