Capitulo 35. Nuevas oportunidades Parte 2.

Ya se veía la madrugada, el sol comenzaba a salir, era algo hermoso pero a su vez triste. Saber que no lo puedes ver con todos los que quieres porque lo ves con una persona menos.

Una vez de negro, una vez más en llanto, una vez más sin pegar ojo, una vez más con mentiras, una vez más jodida, una vez más perdí a una de las pocas personas que quiero. Sé perfectamente que Simón me había mentido todo este tiempo y que ha puesto a todas nuestras vidas sobretodo la mía y la de mi padre en peligro, pero aún así ahora mismo me da igual, lo quería y lo sigo queriendo como mi hermano, estuvo conmigo desde el principio y eso era lo importante.

Más vale perdonar y olvidar a seguir con una vida llena de rencor como decía mi querida madre.

Me puse unas medias negras tupidas, unos short grises algo sueltos de vestir y altos hasta tapas mi ombligo, una blusa negra de mangas bajas, una chaqueta que cubría hasta un poco más abajo de mis short negra y abrochada y atada con un lazo, dejando mi pelo suelto liso y mis botines con tacón negros.

Salí de mi habitación para ir a velar a mi hermano, los demás ya estaban en el coche esperándome, así que bajé corriendo las escaleras y cogí mi pequeño bolso de colgar con mis pertenencias.

Iba en la parte trasera junto a Matt, Zack conducía y Ryan iba de copiloto. Todos íbamos callados, yo solo me dedicaba a mirar por la ventanilla, era fantástico ver como las nubes pasaron a ser oscuras a rosadas y naranjas por los rayos solares. Poco a poco salía el sol y nosotros seguíamos velando a Simón.

No podía creer que todo esto esté ocurriendo. Primero mi madre, ahora Simón quien falta ahora... No tenía ganas de vivir ya pero tenía que protegerlos al igual que ellos lo hacen conmigo.

Pasaron las horas y nosotros seguíamos ahí en un tanatorio solos junto a mi padre, no nos separamos en ningún momento estábamos unidos como una familia, que en realidad eso es lo que éramos.

No podíamos permitir que nadie supiera del paradero de ninguno, es más cada uno supuestamente no existe para nadie ya que se deberán de dejar tener contacto con su familiares y todo eso. Era una de las normas una vez que entras en esta mafia.

-Ya es la hora Dian- llamó mi atención Ryan y dejé de mirar a un Simón dormido y pálido con un traje negro y una corbata azul.

-Vale- asentí y me levanté de la silla.

Nos dirigimos a los coches y nos fuimos para enterrar y ver por última vez a mi hermano.

-Te quiero y te quise Simón, siempre serás un hermano más y permanecerás en mí.- puse una rosa negra en su pecho mientras mis lágrimas caían- me da igual que hayas sido un Diamond Black, porque siempre te consideramos un Rattlesnake, siempre estuviste a nuestro servicio y te lo agradezco.- sonreí tristemente- Adiós para siempre hermano.- giré sobre mis talones y me fui a los brazos de Ryan quien me recibió sin problemas.

Todos se despidieron y se acabó todo, ya solo quedaba de él una lápida con su nombre y muchas coronas de flores con dedicatorias.

-Adiós.

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Llegamos a casa cansados, tenemos que hacer pronto las maletas, ya que nos mudaríamos a otra casa más cerca de la ciudad sería casi igual que esta solo que no creo de acostumbrarme pronto a ella. Según mi padre era por una máxima seguridad.

Mientras arreglaban nuestro próximo hogar nosotros seguiríamos viviendo en la misma solo que con más guardias y sin poder salir sin por lo menos dos guardaespaldas. Sería un martirio.

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