Capítulo 9 / Madre e ¿hijo? de nuevo

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Al siguiente día, Ania y Clarissa se estaban dirigiendo hacia el vecindario. Para la chica no fue difícil convencer y mentirle un poco a su padre de poder salir "de paseo con las amigas", pues el mismo no tenía reparos en darle a su hija lo que quería. Eso sí, siempre y cuando ande acompañada de dichas amigas.

No fue difícil encontrar el lugar. Y ya dentro de aquel vecindario ubicado dentro del Barrio de la Mancha, Ania comenzó a ubicar la que fuera su humilde hogar cuando era simplemente Alfonso. Y a medida en que se fueron metiendo por los rincones de aquel lugar, las miradas ajenas se encontraban a la orden del día. La gente que pasaba por allí comenzó a mirar a las jóvenes, como queriendo averiguar qué era lo que querían o a quién buscaban. Además de que, por la ropa que llevaban, deducían con facilidad su condición socioeconómica. Para Clarissa ir a ese lugar era casi como ir a un lugar de esos al que ni siquiera iría ni aun bromeando, como una casa embrujada o algo así por el estilo. Mas si estaba allí era por deseo de su hermana mayor, así que tenía que aguantarse un poco.

Para suerte de ambas, no era necesario meterse hasta el fondo del vecindario, puesto que la casa estaba justo en una zona intermedia del mismo. Y ya estando frente a aquel lugar en la que alguna vez vivió en su vida pasada, Ania comenzó a pensar si quien fuera su madre en su otra vida la lograría reconocer de alguna manera, pese a que ahora ya era otra persona a los ojos de todos. Incluso a los ojos de ella.

Tocó la puerta una vez. Y la respuesta fue casi inmediata, quien abría era nada menos que su madre, quien se encontraba todavía con el uniforme de trabajo y dando un aspecto de un marcado cansancio.

La chica la saludó, aunque los nervios ya comenzaban a asaltarla, pero supo controlarse, a la vez que se juntaba y frotaba un poco las manos.

— ¿En qué puedo ayudarlas, señoritas? —preguntaba Mirsa, con cierto tono cansado.

Ania no sabía si irse al grano o no, lo único que se le ocurrió fue simplemente llamarla como acostumbraba hacerlo.

— ¿Mamá?

— ¿Disculpe? —preguntó la señora, extrañada por aquello.

— Soy yo, mamá. Alfonso.

— ¿Alfonso?

— ¿Alfonso? —Clarissa también se sintió extrañadamente sorprendida por la manera en que su hermana comenzaba a manifestarse.

— Sí mamá. Soy Alfonso, tu hijo.

— ¿Mi hijo? ¿Alfonso?

— Sí, mamá. Sé que es algo difícil de explicar y tal vez de entender, pero sí, soy yo, Alfonso. He vuelto a la vida, mamá. Sólo que ahora estoy aquí, dentro de este cuerpo.

— Alfonso... hijo—. Mirsa no salía del tremendo desconcierto que le estaba produciendo la situación. Por su mente salieron recuerdos referentes a su hijo, cuando éste vivía. A la vez que la fue tocando de su rostro, como queriendo sentir algo que le resultase familiar o le recuerde a su hijo muerto—. Pero, ¿cómo...? ¿Cómo es posible? Alfonso. ¿Tú, en un cuerpo de mujer? Y has vuelto...

— Sí, madre. He vuelto. No tienes idea de cuánto te extrañé. Lo de mi cuerpo, pues es una historia un poco complicada de contar. Pero aquí estoy, madre. Aquí estoy—. Y acto, seguido, se abraza de Mirsa.

La señora no sabía si creer o no en la afirmación de Ania. Por una parte, sintió algo familiar en ella, pero por la otra dudaba de que aquella muchachita fuera en realidad su hijo. Físicamente no se parecía en nada a Alfonso, pero, desde un punto de vista espiritual, parecía que sí. Pero la duda y la incredulidad no tardaron en prevalecer en ella. Por lo que se apartó de los brazos de la chica. Y le afirmó lo siguiente:

La pasión de Ania (Versión Corta)¡Lee esta historia GRATIS!