Capítulo 3: Un túnel oscuro (parte III)

231 52 137


La joven descendía de los arboles a toda velocidad disparando unos cuantos cuchillos de formas diferentes que impactarían contra la violenta bestia que acechaba a Milton. Fue así como Kinta se dio cuenta que sus ataques no acertarían sobre ningún blanco vivo y que su emocionante descenso del árbol no había valido la pena.

—Oh dios de las hojas —se burlaba la joven acercándose al adolescente que seguía en la misma posición, con sus brazos extendidos—. Si me hubieras dicho que podías hacer eso —le daba la mano para ayudar a que se levante—. Te hubiera puesto a pelear con algunos más.

—¿Estas bromeando? —rechazaba su ayuda y se paraba solo—. Pude haber muerto.

—Pero no fue así —inspeccionaba el cuerpo del Skud. Estaba enjaulado con una parva de ramas y otras cuantas lo atravesaban debajo de sus piernas, donde no contaba con escamas—. Escuchaste bien en el camino —observaba la escena. De los arboles más próximos había extraído lo que usó como defensa y posterior ataque—. Reconociste a la perfección sus puntos débiles. Estoy impresionada... Y un poco excitada —lo abrazaba.

—Yo estoy confundido —decía Milton mientras recibía el abrazo—. ¿No debería haber sentido algo? —preguntaba corriendo a Kinta que ya comenzaba a darle besos en el cuello.

—No lo sé. Le preguntamos a Taniel al volver... ¿Te parece? —hacía una pausa—. Dale, no acabes con la diversión... Estamos solos —decía cambiando su voz; pero al ver que Milton no asentía  buscaron al Gaper para volver al castillo —. Igual —continuaba después de un silencio incomodo—. Te estaba vigilando, no te podía pasar nada. El joven no prestaba mucha atención sólo quería hablar con Taniel y obtener explicaciones.
No le había gustado ver sufrir al Skud; pero no podía evitar sentirse poderoso, al ver una bestia tan imponente rendida a sus pies.

El Gaper los estaba esperando exactamente en el mismo lugar donde lo habían dejado. Sin necesidad de estar encerrado o atado. Una vez domesticada, la bestia entendía que pertenecía a quien se hubiera animado a domarla. Además, los Gapers que nacían en los establos, lejos de la violencia de los bosques, sólo conocían la vida de llevar y traer personas. Había otras bestias que también eran utilizadas como monturas; pero lo que tenían de particular éstas, es que cualquier ser vivo podía domesticarlas, hasta los seres humanos, claro con algo de entrenamiento. Los Gapers son los menos agresivos y se encuentran en casi todos los reinos.

Los jóvenes sin mucho más que hacer montaron al animal y emprendieron el viaje de vuelta

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Los jóvenes sin mucho más que hacer montaron al animal y emprendieron el viaje de vuelta. En el camino el adolescente se mantuvo callado escuchando las historias que Kinta le contaba.
No podía dejar de pensar en lo que había hecho «acabé con esa bestia», pensaba «yo solo».

—Así —hablaba la joven—. Hay quienes dicen que los creadores fueron la primera luz en la oscuridad y otros, los contrarían diciendo que quienes se hicieron llamar dioses, son parte de la misma oscuridad —hacía una pausa—. Yo también creo eso... es decir, dejaron todo al azar —decía Kinta mientras observaba las aldeas ya estando cerca del castillo. A Milton le sorprendía con la seriedad que la muchacha estaba hablando—. ¡Permitiendo que nosotros dominemos todo! —en un instante volvía a ser la misma de siempre. El joven se estaba acostumbrando a estos cambios de ánimo constantes y de a poco comenzaba a hacerle gracia, a gustarle.
Una anciana que parecía no ver muy bien, caminaba dejándose llevar por el viento sobre una senda que a unos metros conectaba el camino por el que los jóvenes venían y el de las aldeas. Milton se preguntaba al verla que hacía una señora caminando sola sin rumbo, «¿irá al bosque?» «Qué haría allí?».
La anciana no aminoraba su paso, parecía distraída. Al acercarse lo suficiente como para chocarse con el Gaper, Kinta dio la señal, de mala gana, para que éste frenara. Lo que ocasionó un gran susto en la señora y su posterior tropiezo.

Fhender ©¡Lee esta historia GRATIS!