Capítulo 3: Un túnel oscuro (parte II)

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Los ojos de Kinta no se corrían del rostro del joven, «esta noche sos mío» pensaba mientras mordía sus labios.

—¿Querés decir algunas palabras? —preguntaba el rey a Milton, quien no podía disimular la incomodidad que las miradas de la joven le generaba.

—¿Yo? —titubeaba—. No... ¿qué diría? —respondía bromeando.

—Algún día, dirás muchas cosas —cargaba al joven de entusiasmo. Taniel sabía elegir perfectamente las palabras para generar en otros las emociones que él quería. En este caso, buscaba que Milton se sienta poderoso, parte de una familia irreal que le pintaba el rey—. Ahora ya no sos un nadie... No, ahora sos parte de mi familia.

«Familia» un término que al adolescente siempre le había molestado, le hacía recordar que era diferente, que él no la tenía. Pero en este caso, era diferente, empezaba a confiar en Taniel y pensarlo como un padre.

—Kinta, llevalo a dar un paseo mientras yo resuelvo algunos asuntos —cambiaba la mirada hacia el joven—. Niño, por la tarde te daré una insignia y hablaremos de lo que te estuvo sucediendo.

A la joven le brillaron los ojos ya podía sentir los labios de Milton besándola.—Iremos a cazar —decía mientras ambos se levantaban y se comprometía a cuidarlo.
Al adolescente no le agradaba la idea pero todavía no tenía la suficiente firmeza para negarse. «Sólo veré que es lo que hay fuera del castillo».

Fueron directo a la habitación de Kinta a buscar las armas con las que ella cazaría. Milton pudo notar al salir del divino comedor como todos los guaridas que antes quizá se habían burlado de él, ahora lo saludaban y alagaban haciéndolo sentir uno más. Por la ingenuidad y el poco tiempo que el joven llevaba en Noinor, no era capaz de darse cuenta que en verdad lo estaban tratando como a un superior.

Llegando a la habitación de Kinta, pudo notar que estaba muy cerca de la suya, de a poco iba consiguiendo cierta orientación dentro del castillo.
Subir cuatro pisos todos los días para ir a cuarto, eso si que le parecía un martirio, «me pondré en forma», pensaba sin tener una idea de lo que le esperaba.

—¿Como podés... —decía Milton impresionado mientras entraban a la habitación de la joven—. Dormir con tantas cabezas de animales aquí? —la habitación de Kinta estaba llena de "trofeos" como ella lo llamaba. Estos eran cuadros con la cabeza de algún animal, la mayoría eran desconocidos para el joven—. ¿Cómo se llama éste animal? —decía acercándose impresionado a un Skud.

—No es un animal —decía la joven cerrando la puerta—. Aquí no hay animales, solo bestias... Y no dudarían un segundo en destriparte y bañarse con tu sangre... Asique, mas te vale que me hagas caso —contaba mientras acariciaba las escamas que la cabeza del Skud tenía.
Además de ese, había otras especies que también le llamaban la atención e iba aprendiendo sus nombres y características escuchando a Kinta. —Gapers, Sthiguel y muchas, muchas bestias aprenderás a domar estando a mi lado —hacía una pausa—. Sin duda de lo que más debés cuidarte es de los Skuds, su color marrón pálido atrae tu atención y comienza así —decía mientras se le acercaba seductoramente—. A vulnerar tus defensas —se frenaba estando frente a Milton—. Claro que si no caes en su juego, te dará pelea, sus escamas no sólo cubren su cuerpo sino que también te lastiman e infectan tus tejidos —lo empujaba hacía la cama y caían juntos—. Una bestia casi indomable —empezaba dándole besos suaves en su cuello y apretando con sus dedos la espalda del joven. Se podía notar como la respiración de Milton iba transformándose y la excitación lentamente comenzaba a florecer. Era la primera vez que el joven sentía algo así y lo comenzaba a disfrutar. No se oían ruidos ni palabras, sólo ellos acariciándose.
Kinta había entendido perfectamente que tipo de persona era el joven a quien estaba desnudando y tenía mucha experiencia con los "tímidos", como los llamaba ella.

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