Capítulo 30-El diablo (metafóricamente)

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Thomas y Georgiana decidieron ir a Norfolk, estaban seguros de que Charles Peyton no sería tan indulgente como ellos. Sabiendo su pasado y conociéndolo en el presente, no sería de extrañar que le resultara extremadamente díficil dejar escapar a una mujer que había atentado contra su familia y su apellido.

—¡Georgiana!— exclamó Sophia entre eufórica y amorosa al ver a su hermana política en el vestíbulo. Cuñada a la que no tardó en abrazar con sincero afecto.

—Sophia...— devolvió el abrazo Gigi, sintiéndose renovada tras ese pequeño desvanecimiento que había sufrido por la mañana.

—¿Dónde está papá?— demandó Thomas después del beso que su hermana depositó sobre su mejilla.

—No lo sé— resolvió levantando los hombros— lo he visto salir temprano con algunos hombres...— Gigi y Thomas se miraron sospechando lo peor. Por una extraña razón y a pesar de que Virgin les había causado tanto daño, no le deseaban la muerte. Así como tampoco deseaban dejar al pequeño Johan en manos de Charles —¿por qué?— se extrañó Sophia por el repentino interés de su hermano en localizar a su padre. 

Las explicaciones no fueron demasiado largas, pero sí contundentes. Sophia estuvo de acuerdo con el proceder de ambos, dejar marchar a Virgin con el pobre Johan era lo mejor, siempre y cuando jamás volviera para arremeter contra ellos, pero para eso estaba Vincent; el cual se encargaría de su bienestar y de guiarla correctamente. 

—Habéis obrado correctamente— ultimó la blonda apartando un tirabuzón de su frente en un movimiento nervioso. —Espero que papá no haya cometido ninguna locura...

—Será mejor que salga a buscarlo — se incorporó Thomas.

—Sí, será lo mejor...—  convino Sophia.

  — Tú quédate aquí con mi hermana Gigi— imperó Thomas saliendo del lugar.

— De acuerdo—  obedeció la pelirroja que, realmente, estaba agotada tras todos los sucesos de la noche anterior. — ¿Podría descansar en alguna recámara?

— ¡Por supuesto!¡Pero qué pregunta! Si esta es tu casa... Ven, te mostraré la recámara de mi hermano...

Gigi siguió a Sophia a través de un sinfín de pasadizos que ya conocía, en parte, por el día en que se infiltró como empleada y finalmente llegaron a una puerta de madera cobriza. 

— Es aquí—  abrió la puerta Sophi dejando a la vista de su cuñada la habitación de Thomas. Estaba impregnada con su perfume, a pesar de que hacía meses que no dormía ahí. Las cortinas eran de tonos rojizos, los muebles señoriales y repletos de libros así como la cama parecía demasiado cómoda; tan cómoda que sin ningún pudor Georgiana anduvo hasta ella y se tumbó sin esperar a que su cuñada se marchara.

— Estoy agotada—  trató de justificarse dejando caer sus párpados mientras se arremolinaba entre los pliegues de las mantas.

— Descansa Gigi— salió de la alcoba la blonda cerrando la puerta tras de sí —  En esta habitación está durmiendo la esposa de mi hermano—  informó a las doncellas— estad pendiente de sus peticiones e id a la cocina a mandar que le preparen algo para comer. 

— Sí Señorita—  se apresuraron en obedecer las muchachas fieles a sus Señores.


Thomas deshizo el camino hasta donde había dejado partir a Vincent junto a Virgin y su medio hermano, desde ese punto emprendería la ruta hacía donde su antiguo lacayo le había dicho que iría.  Por suerte iba a lomos de su caballo, aquel que había dejado en casa de padre meses atrás, y su semental jamás le fallaba. Era rápido y enérgico por lo que podía correr con él sin problemas. 

Manto del firmamento ( IV Saga de los Devonshire)©¡Lee esta historia GRATIS!