Te Quiero Mamá.

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Te Quiero Mamá.  

Silver disfrazo ese nerviosismo con su frialdad. Y entonces, ocurrió lo inesperado; Taddea comenzó a reírse.

– ¿Cómo puedes ser tan seca? Solo estaba bromeando. Claro que me encanta tu nueva faceta amable. Ven y ayúdame a enganchar la carne a las lanzas.

La chica no perdió su apatía, pero algo dentro de ella se relajo. Su cuerpo entero se había tornado rígido como una roca. Durante un segundo creyó que su madre la iba a descubrir. Pero no.

Después de comer. Se recostaron en el césped, a observar el atardecer. Hasta el momento, ningún perseguidor había hecho aparición, su madre no sospechaba y sus piernas mejoraban con el baño de río que había tenido la molestia de tomarse. Lo único que no cambiaba era su ala.

– ¿Madre?

– ¿Sí?

– ¿Por qué los encantamientos del libro no sirven conmigo?

–Dejame adivinar. ¿Intentaste sanarte?  

–Y nada ocurrió – murmullo Silver sin despegar sus parpados. Mantenía los ojos firmemente cerrados. No le gustaba hacer contacto visual con alguien cuando se encontraba ensimismada. 

–No se puede aplicar en personas.

–Qué tontería –bufo con desacuerdo.

–Y veo que también dañaste tu ala… Esta sangrando.

Silver ya tenía un pretexto así que no se preocupo del todo. –Me atasque con una rama.

–Dejame vendarte. Sé que duele mucho, Hadriel a menudo se lastimaba las alas y se quejaba como un animal pariendo. –Taddea sonrió. –El utilizaba hielo para cerrar la herida.

– ¿Hielo? –Silver se incorporo hasta quedar sentada. –Pero aquí no existe.

Taddea no se inmuto. Persisto observando el cielo.

Pero Silver continuo; –Solo existe en el mundo detrás de la montaña ¿cierto?

–Cierto –susurro Taddea, entre sus pensamientos. Silver la ojeo durante un largo periodo, vacilante.  

–Nunca te lo dije pero… Te quiero mama. –Y a partir de ese instante, Silver lo noto. La energía alrededor de su madre cambio y agradeció sacar las palabras de sus labios. Algo atropelladamente pero al fin las había pronunciado después quince años. Algo se removió en su interior, una nueva emoción, y Taddea elevo sus brazos, para acariciar su cabello.

–Yo también hija.

Se durmieron antes. Silver necesitaba descansar. Esta vez, no tenía planeado volver al poblado. En aquella ciudad solo existía la destrucción. Demonios que necesitaban matarla. ¿La razón? Era desconocida y no tenía interés por desvelarla.

Se propuso seguir su vida al pie de la letra. Tal como estaba escrita y como siempre debió ser. Normal y sin riesgos rondando constantemente, a excepción de los animales salvajes que tanto adoraba matar. Así como, leyendo y memorizando algunos encantamientos que podrían resultar útiles o divertidos.

–Necesito bañar mis piernas con agua de río, las picaduras están sanando –informo Silver comenzando a correr. – ¡Ahora regreso madre!

–Yo iré a buscar algunas frambuesas. No tardes.

Esquivo los arbustos con espinas y troto a una velocidad media. Ya podía oler el agua en el aire y oír el sonido de la corriente fluyendo. Era suave y acompasada. Un deleite para sus oídos. Se sentía bien, se refería a interiormente. La tarde de ayer había ocurrido lo impensado. Todo había cambiado.  

Se arrodillo lentamente en la orilla del río e introdujo con goce sus piernas. El contacto del agua fría con su piel cálida, era casi maravilloso. Los peces seguían acercándose a ella como un imán, danzando a su alrededor. Cuando, de repente, gritos atronadores se escucharon a lo lejos. Pero esas voces eran totalmente desconocidas. No correspondían a la su madre y además, eran masculinas. Un escalofrío recorrió su columna.

Miedo.    

Inmóvil, miro en dirección del gran bullicio. Justo frente a ella, una sombra emergía de entre los frondosos árboles. Una silueta que se elevo a una altura de más de dos metros, aun recóndita en la oscuridad. Ella la observo con ojos abiertos como platos, pensando que se trataba de un oso negro, como el que su madre siempre narraba en sus historias; negros y feroces, con garras y colmillos afilados. Dos cuencas profundas, mirándote con odio. Siempre había deseado cazar un oso, era su mayor deseo.   

Pero aquella silueta no pertenecía a un oso.

Era algo peor.

La sombra dio un paso al frente, cediendo a la luz para revelar la perturbadora apariencia de aquella bestia. No era algo que sus ojos pudieron algún día ver. No era algo que su imaginación pudiera concordar. Simplemente, era un monstruo y su aspecto era cercano a una deformidad. 

~~Ahh.. Perdon por dejarlo asi es que no me dio tiempo de seguirle D: Gracias por comentar, leer y votar !! Besoos:) ~~

Silver Flame. (Llama Plateada)¡Lee esta historia GRATIS!