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No podía creer lo que había pasado, después de haber estado a punto de perder a Tati, recuperarla fue un verdadero alivio

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No podía creer lo que había pasado, después de haber estado a punto de perder a Tati, recuperarla fue un verdadero alivio.

Comencé a recorrer las calles de Londres con una sonrisa que me delataba como un hombre enamorado, sonrisa que se esfumó cuando llegué a casa y me encontré con Mía esperándome en la entrada.

—¿Qué haces aquí? —espeté, no olvidaba todo lo que su comentario había provocado, ni mucho menos la mala intención con la que fue hecho.

—Ay, Tom —sollozó mi ex novia, refugiándose sorpresivamente en mis brazos—. Disculpa por aparecerme así en tu casa, es solo que no encontraba con quién venir.

—¿Qué paso, Mía? —formulé preocupado por ella, la verdad pocas veces la había visto llorar de esa forma, así que debía de haber pasado algo grave—. ¿Por qué estás llorando?

—Es Phil, el muy imbécil me ha estado engañando —confesó, mientras secaba con sus manos las lágrimas, yo elevé mis cejas en señal de sorpresa, esperaba cualquier cosa, pero eso nunca pasó por mi mente—. Me regalas un vaso de agua, por favor.

—Claro, pasa por favor. —Abrí la puerta de la casa y fui por el vaso de agua—. ¿Cómo fue que lo descubriste? —me atreví a preguntarle.

—Fue ayer... —Bebió del vaso de agua—. Se suponía que yo me quedaría en casa de mis padres, pero cuando fui resultó que se habían ido de viaje a visitar a mi hermana, así que no me quedó más que volver a casa. —Soltó un sollozo y sentí pena de ella—. Entonces lo encontré con una mujer en nuestra cama, ¡no imaginas, Tom, fue horrible! —Volvió a abrazarme.

—Lo siento, Mía —me limité a susurrarle, después de todo no podía sentir rencor, ella había formado parte importante de mi vida en algún momento y de cierta manera le guardaba aprecio—. Pero piensa que aún existen hombres buenos en este mundo, más adelante encontrarás a alguien que te valore como mereces.

—Así como lo hiciste tú —musitó, mirándome a los ojos, me sentí algo incómodo con su comentario, así que retrocedí algunos pasos—. Fui una tonta, Tom, dejarte fue la peor decisión que pude haber tomado en mi vida.

—No es momento para pensar en el pasado, Mía —repliqué, y me acerqué nuevamente para secar sus lágrimas—. Lo que vivimos juntos fue muy hermoso y lo conservo en mi corazón, pero cada quien tomó un camino diferente y ya no hay vuelta atrás.

—Amas a la rubia, ¿verdad? —inquirió, así que terminé asintiendo—. Tom, perdóname por el problema que te ocasioné con ella, no fue mi intención, pensé que no había nada entre ustedes.

—Está bien, no te preocupes —musité con una sonrisa en mis labios, su rostro terminó relajándose y también me devolvió una sonrisa—. ¿Te gustaría tomar una taza de chocolate caliente? Siempre es bueno para aliviar las tristezas.

—Claro que sí, Tom. —Cuando se tomó la bebida ya estaba mucho más tranquila y con el semblante totalmente diferente—. Por cierto, ¿a que no adivinas a quién vi esta mañana?

Bajo el cielo de LondresDonde viven las historias. Descúbrelo ahora