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Sophie subió a su habitación y le dió la sensación de haberse equivocado de casa

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Sophie subió a su habitación y le dió la sensación de haberse equivocado de casa. Todavía no se acostumbraba a las paredes vacías, a su muro de sueños que había pasado por tantas cosas ahora guardado en una caja debajo de su cama; que ya no le servía de refugio por la cantidad de cosas que la producción había escondido ahí. Sus libros ahora estaban bien acomodados, se habían asegurado de colocar solo los que tenían la mejor portada, para que se lucieran frente a cámaras, el resto estaban también encajonados, junto a sus comics y mangas. Sophie no era especialmente ordenada, pero ahora el lugar estaba tan limpio que parecía la fotografía de una revista de decoración; un lugar donde no habitaba nadie.

Se tiró sobre la cama de todas formas y le pareció estar en una publicidad de suavizante de ropa, con flores de caricatura brotando de las sábanas. Ni siquiera olía como ella. Miró a su alrededor, buscando la novela que había empezado a leer la noche anterior e insultó a Susan en todos los idiomas, puesto que dicho libro no estaba a la vista y le daba una flojera increíble buscarlo.

Lo único a mano era el guión del programa, dispuesta a estudiarlo ya que no encontraba nada mejor que hacer, fue interrumpida por la puerta. Dio la orden de que pasaran y casi se cae de la cama al ver a Steve y a su padre, quien con una mirada le daba a entender que no podía estar con el chico a solas en su habitación.

— ¿Qué haces aquí? —le preguntó.

—Vine a visitarte, habíamos quedado en ser amigos ¿no? Y andas molesta y deprimida así que pensé en hacer algo para animarte —respondió haciéndole una seña para salir. El padre de Sophie los dejó viendo que no se quedarían en la casa y Steve le sugirió a Sophie llevar un abrigo.

— ¿A dónde vamos a ir?

—No muy lejos. No podemos hacer nada con Susan, y sé que andas molesta y triste y no quiero verte así. No hice la gran cosa, pero espero hacerte olvidarla un poco.

Al salir por la puerta Steve la llevó hacia la parte trasera del jardín, donde había preparado un picnic. En el pasto había un mantel a cuadros rojos y una cesta de mimbre con la comida, como en una típica escena salida de un programa norteamericano. Al ser de noche el lugar estaba iluminado por las luces artificiales del jardín y algunas velas.

Sophie se sorprendió y pensó que era una de las escenas más románticas que había vivido. Estuvo a punto de mencionarlo en voz alta cuando se dio cuenta de las intenciones de Steve.

—Esto es trampa, te pedí que me dieras tiempo y que no quería nada de citas.

—Esto no es una cita —se defendió con esa sonrisa tan encantadora a la que Sophie no podía resistirse—. En serio, supuse que te gustaría y después de esto no espero nada. Solo comeremos y conversaremos. Aunque no quieras nada conmigo sabes lo que siento y me importas, así que quiero verte feliz, aunque sea por un momento.

La chica sonrió y se sentó junto al mantel, mientras Steve sacaba de la canasta sándwiches de mantequilla de maní.

—Lo hice yo, es lo único que sé cocinar.

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