CAPÍTULO 1: EL MISTERIOSO PROYECTO Z50.1

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Desde hacía tres semanas, Ana Aguirre se encontraba trabajando en el código. En la pantalla de su ordenador, línea tras línea iba dándole solución al problema. Como estudiante de último año de ingeniería de sistemas de la Universidad de Barcelona, ella había decidido asumir el reto de aquel certamen internacional.

La compañía de software White Shadows, había publicado en su web oficial, las pautas de un concurso en el que se invitaba a programadores de todo el mundo a resolver un complejo y largo código informático. La persona que creara el mejor algoritmo, ganaría una cifra de $30.000 dólares y un viaje a las instalaciones de la empresa en Silicon Valley.

Eran las dos de la madrugada, cuando Ana envió su algoritmo. Al día siguiente, en la noche, recibió un correo electrónico, cuyo contenido simplemente era el número de una dirección IP. Tras escribirla en su navegador, ingresó a la interfaz de un chat de fondo negro.

El único interlocutor que existía en el chat, se presentó con el nombre de Proyecto Z50.1. Ambos estuvieron en línea hasta las cuatro de la mañana, no sin antes acordar una nueva cita para el día siguiente a medianoche.

Noche tras noche, Ana continuó conversando con ese alguien, colmándolo con sus preguntas y motivada por la curiosidad. Era evidente que se trataba de alguien con vastos conocimientos. Podía contestar en cuestión de milésimas segundos a cualquier tipo de pregunta: desde los nombres exactos de las estrellas, pasando por las capitales de los países o explicar ideas complejas sobre maestros de filosofía.

A veces, Proyecto Z50.1 le discurría pensamientos asombrosos sobre su percepción de la Vida y el Universo. En algún momento Ana llegó a sospechar que Proyecto Z50.1 se trataba de una Inteligencia Artificial realmente avanzada. Se atrevió entonces a tentarlo, pidiéndole que hablara sobre ella y su propia vida.

Proyecto Z50.1 no le respondió nada sobre sus datos personales, pero sí le reveló una serie de recuerdos, como los sucesos vividos durante la primera cita con su ex novio, la operación del corazón que había recibido su padre hacía quince años y el viaje a Egipto donde se perdió en un bazar.

Una noche, Proyecto Z50.1 le dijo algo que la dejó sorprendida. Le anunció que en un futuro, el mundo estaría gobernado por los ordenadores y los sistemas digitales, mientras un único programador en el planeta mantendría el control sobre éstos.

Aquel programador sería capaz de destruir una ciudad entera a su antojo tras enviar una ojiva nuclear o vaciar las cuentas bancarias de hasta el hombre más acaudalado del planeta. Todo ello, con tan solo presionar una tecla de su computadora, mientras permanecía en completo anonimato. Acto seguido le enseñó una serie de fotos de cómo sería dicha era del futuro.

—¿Por qué me has relevado esto a mí?—preguntó Ana, realmente aterrada.

—Porque fuiste tú la que escribió el código—respondió—. Ahora mira detrás de ti.

Fue entonces cuando giró su cabeza hacia atrás. En la puerta de su habitación vio a un hombre alto, vestido con un gabán negro y una gorra de estilo militar del mismo color. Por un instante le vio sonreír y luego se fijó que en su mano derecha sostenía un arma automática, provista además con un silenciador.

Aquel hombre le disparó. Ana Aguirre experimentó en su cabeza un fuerte impacto, sólo que mientras se derrumba en el suelo tuvo la certeza de que no era la bala la que la había fulminado, sino que el golpe provenía desde otro ángulo, el cual tenía además la contundencia de haber sido ejecutando con un objeto sólido, como un bate de beisbol.

Ana estuvo en el suelo durante varios minutos observando la línea de sangre que emanaba de su cabeza. Luego, todo se oscureció por completo. Cuando volvió a abrir sus ojos, un médico se asomó en su campo de visión.

—Ya era hora que despertaras—dijo—. Llevas casi cuarenta años en coma. Aunque la empresa White Shadows quebró hace siete años, el gerente de la misma siguió empeñado en no desconectarte. Nos alegra saber que la mejor programadora del planeta esté de vuelta. Sin ti, este mundo sería un desastre y el General O'Donnell seguiría operando desde las sombras. 

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