Capitulo 8

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-         Hola - saludé acercándome.

-         Nao - me abrazo sorpresivamente - Te he extrañado tanto.

Trague y le devolví el abrazo, de cierto modo esto era reconfortante.

-         Tanto tiempo - dije.

-         Sé que quizás... - nos separamos y ella estaba llorando - No estamos en los mejores términos pero nunca he dejado de quererte prima - confeso - Siento tanto lo qué pasó.

Verla llorar me producía las mismas ganas pero no quería hacerlo.

-         Entremos - pedí.

Y al entrar era una sensación tan extraña estar pisando la casa ella y Santiago. No podía negar que era bonita.

-         ¡Por Dios, olvide sacar el pollo! – anuncio – Ya vengo, ponte cómoda.

Estaba en territorio enemigo, así que eso sería difícil. La verdad, quería salir y regresar a casa. Pero tome aire, y me acerque a una mesa que decoraba el pasillo, donde habían varias fotos. El día de su boda, el nacimiento de Liam, navidad y otras ocasiones que solo me incomodaron aún más.

-         Pensé que habías pasado a la sala – comento regresando.

-         Solo veía... - respire hondo - Bonita casa - comenté.

-         Gracias - me condujo hasta la sala - Liam ella es...

-         ¡Tía Nomi! - corrió abrazarme las piernas.

-         Hola lindo - me baje a saludarlo.

-         ¿Ya lo habías conocido? - dudo.

-         Si - lo tomé en brazos y le di un beso - ¿Liam no le contaste a mamá que papá nos presentó en la clínica?

El negó con la cabeza. Creo que era muy inteligente para su edad. Lo baje y se marchó a jugar.

-         ¿Cuándo sucedió eso? Santiago no me dijo nada.

Oh oh.

-         Nos topamos saliendo de la habitación de Sabana. Cuando dio a luz, pensé que lo sabías.

-         ¿Crees que si lo fuese sabido apenas te estuviese contactando ahora?

-         Pensé que los esposos no se tenían secretos - comenté.

Me invito a sentarme en uno de los sofás y se sentó a mi lado.

-         Santiago es el hombre con más secretos en el mundo - comentó girando los ojos.

Lo imaginaba. Internamente reí.

-         Pero en fin ¿Cuéntame cómo has estado, donde has estado, haciendo que? - tomo mis manos.

-         He estado bien - me solté de su agarre lentamente porque me era incómoda - En Estado Unidos.

-         ¿Volviste hace cuánto?

-         Hace casi un mes y medio.

-         ¿Aún tienes la empresa de cosméticos?

-         Si - asentí.

-         ¿Dónde estás viviendo? Supe que vendiste la casa donde convivimos.

-         Rente un departamento - mentí - ¿Qué tal tu nueva vida? Al fin y al cabo tú ganaste - comenté tranquilamente.

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