Capítulo 3: Un túnel oscuro (parte I)

252 58 93


—¡Necesitamos ayuda! —desesperada—. Creo que el edificio se está derrumbando, hay aquí más de 20 niños —hacía una pausa para escuchar las indicaciones de los bomberos—. Intentaré... intentaré sacarlos —la voz de Mailen temblaba—. Por favor apúrense.

La encargada tenía que despertar, sin generar pánico, a todos lo más rápido posible. No sabía que estaba pasando, pero sea lo que sea, debían salir inmediatamente. «¿Un sismo?» se preguntaba.
Mientras se ponía algunas prendas casi sin pensar en qué lugar va cada una, ideaba el plan a seguir. Le convenía despertar primero a los más grandes así la ayudaban a sacar con los más pequeños.
Podía sentir al acercarse a la habitación de Leo como se intensificaba el temblor y empezaba a distinguir la voz del adolescente despertando a Milton. Estando a unos metros del cuarto de los adolescentes, logró ver una figura y supo darse cuenta que dicha figura no pertenecía a nadie que conociera. Temerosa, retrocedió unos pasos para esconderse y dar aviso a la policía.

—Hay una persona en el orfanato —agitada intentando que no se eleve su voz—. No pude distinguir su sexo ni su rostro, pero no es uno de mis chicos. Creo que pueden haber puesto bombas. Apuren... —empezaba a quedarse sin aire y las palabras no le salían. Intentaba inhalar y al hacerlo notaba como su garganta no se lo permitía. Sin fuerzas, cayendo en el piso mientras sus ojos se le cerraban, logró ver una gran luz azul que caía del cielo y otra luz roja que empezaba a ocupar toda su visión. Sus últimos segundos de consciencia le mostraron como lo que alguna vez había sido su sueño, ya no existía.


—¡No! —gritaba Milton tragándose sus lagrimas—. ¿Qué fue lo que paso? —observando la habitación en la que se encontraba—. ¿Los maté? —ahora ya podía reconocer la habitación. Era aquella en la que había despertado luego del episodio de la escuela.
El joven no podía quitar sus manos de su cabeza y su mirada estaba clavada en el piso. —Necesito que me respondas —lo miraba—. Y sin vueltas.

Taniel le indicó dormir, se lo notaba muy cansado y confundido; pero al ver la insistencia por parte del joven, le ordenó a uno de los guardias que le traiga "Ishaidi".

—¿Qué es esto? —preguntaba Milton mientras Taniel le acercaba una copa de hierro con pequeñas gemas de colores que la adornaban.

—Esto es Ishaidi, lo que tomaste la primera vez que te traje. Te tranquilizara, podremos hablar mejor —al ver que el joven tragaba el brebaje verde empezó a hablar. Nuevamente le contó la historia que horas antes se había tomado el trabajo de explicarle. —Fue una equivocación lo que sucedió en el momento de tu nacimiento—decía con voz de pena—. Debiste despertar aquí y vivir con nosotros... Pero se ve que en el momento en que mis padres permitieron a ciertos humanos migrar otro mundo, se llevaron algo que no les pertenecía —lo miraba serio.

—Pará —decía pensativo frotando sus ojos—. Entonces mis papás...

—No nos apresuremos —cortaba la frase del joven—. Y en cuanto a lo que sucedió en el orfanato —caminaba hacia la ventana y miraba al exterior—. No pudiste controlar lo que Mytri te obsequió —lo miraba agresivamente—. No quisiste escucharme y yo, tuve que molestarme en irte a buscar nuevamente —se frenaba y cambiaba el enfoque—. Entendeme, no es que esté enojado... sólo me apena que hayan sufrido las consecuencias de tu arrogancia, personas ajenas a esta guerra —miraba el paisaje y volvía la mirada a al joven.

Milton volvía a llorar más fuerte que antes, pero esta vez, sin sentir pena, culpa o tristeza. El Ishaidi estaba haciendo su trabajo, el joven lloraba sin tener emoción alguna.
«Esto es una locura, apenas se si puedo confiar en él» «Parece tan seguro de lo que dice»... «¿Y si tiene razón?». En ese momento el adolescente empezó a recordar lo que le había pasado en el parque, sus sueños, todo empezaba a tener coherencia.

Fhender ©¡Lee esta historia GRATIS!