Capítulo 29- Carmesí

3.6K 761 84

Thomas removió la ciudad y pagó sumas considerables de dinero hasta que un juez aceptó cambiar el apellido del bastardo por  Weston a las cuatro de la madrugada. Ese era el poder del dinero y del apellido Peyton. 

—Toma aquí tienes a tu bastardo— desechó al pequeño como si le quemara en las manos encima de su antigua mujer, la cual se había sentado al lado de Vincent en un carruaje de alquiler que los llevaría lejos de ellos. Así lo habían acordado, y no cumplir ese acuerdo significaría la muerte inmediata para ambos. 

—Desearía hablar con tu esposa— tomó entre sus brazos a un hijo que no amaba dejándolo encima de Vincent, el cual lo recogió prometiéndose cuidarlo como si fuera el suyo propio. 

—No tienes nada que hablar con ella, vete y no vuelvas jamás. Estás viva gracias a ella, recuérdalo— espetó con desdén a punto de cerrar la puertecilla, no obstante Gigi apareció con todo su esplendor. Virgin descendió del carruaje no sin antes ser amenazada por Thomas.

—¿De qué quieres hablar?—se dirigió a la mujer que tanto la había perjudicado en su vida. Si no fuera por ella, se hubiera podido casar con Thomas sin escándalos...si no fuera por ella, no tendría una cicatriz en el estómago de por vida, si no fuera por ella...quizás ya sería madre. 

—¿Puedo hablar a solas contigo?— Georgiana la estudió, no comprendía que en solo unas horas esa mujer hubiera accedido a hacer algo bueno por ellos, y seguía sin creerla en demasía. No obstante, en sus ojos, totalmente distantes no había impregnada la amenaza. Tampoco le tenía miedo, Gigi era igual de alta e incluso más voluptuoso que ella y sin ningún problema podría derribarla si llegara a ser necesario.

—No.— determinó el doctor haciendo que Gigi clavara su mirada aceitunada sobre él e hiciera una seña aceptando la conversación.

Ambas se apartaron un poco de los hombres. Eran hermosas, dos beldades como pocas en Inglaterra. Aun así, Georgiana era más atractiva por el color de su pelo y sus rasgos bien definidos. 

—Habla—la odiaba, le había concedido la vida pero la odiaba. 

—No he tenido nunca nada en contra de ti— habló sin ápice de resentimiento o culpa, cosa que molestó a Gigi que empezaba a arrepentirse de que siguiera viva— solo quería hacer justicia.

—No sé qué concepto tienes de justicia. Me has dejado estéril, yo no tenía nada que ver con todo lo que te pasó.— argumentó con rabia.

—¿Estéril?¿Por la bala?

—Por el veneno que le diste a tu nana y que ella dio a mi doncella.

—No, no serás estéril por ese brebaje. Solo era un remedio anticonceptivo, no afecta para nada a tu salud, si has dejado de tomarlo puedes quedarte en cinta en cualquier momento.

—Tu nana dijo que era irreversible.

—Esa anciana todavía cree que el agua es dañina para el cuerpo, una ignorante. Sé bien lo que te di, y sé bien que no te causará problemas en el futuro — en sus palabras no había intención de hacerla sentir mejor o de pedir perdón, sino simplemente de explicar la verdad, por lo que por una extraña razón, la creyó.

—Está bien, vete.

—Sólo quería decirte que no volveré para hacerte daño, dice Vincent que tenía que decírtelo para que tu hermana no nos persiga— su sinceridad desbordante hizo ver a Gigi que algo en Virgin no funcionaba corrientemente.

—Está bien te creo— la blonda aceptó con un movimiento lento de cabeza y se giró para volver con ese hombre que acababa de conocer pero que tan bien le había hecho en poco tiempo. 

— Por fin se ha terminado— suspiró Gigi al volver junto a su esposo mientras observaban al carruaje desaparecer— estoy segura de que Vincent no la dejará volver a cometer ninguna estupidez— se cogió del brazo de Thomas haciendo que este reparara en su presencia.

—Por su bien, si me cruzo con ellos ni que sea por casualidad los mataré, y me será indiferente lo que opines...¡Gigi, Gigi!...— Thomas tomó en volandas a su esposa, la cual se acababa de desmayar.



—¿A dónde vamos?— interrogó Virgin mientras observaba a su hijo dormir en brazos de su nuevo compañero de vida.

—Vamos a América, ¿qué le parece?— respondió él, que tenia un dinero ahorrado para empezar una nueva vida lejos de Inglaterra. 

—En realidad me es indiferente, ahora que se ha salido con la suya y he dejado mis planes atrás...

—Virgin... verá como su vida mejorará a mi lado, tengo muchos planes para nosotros, antes de viajar nos casaremos y luego poco a poco formaremos una familia, verá como conseguirá sentirse una más...

El carruaje se paró abruptamente, y el mercenario no tardó en darse cuenta que algo iba mal.

—Salga, salga por abajo— abrió una escotilla inferior al tiempo que le entregaba a Johan mientras ella obedecía.

Vincent cargó su arma y por un momento pensó que Thomas no había cumplido su palabra, pero cuando miró por la ventanilla se dio cuenta de su error; no se trataba de Thomas sino de Charles Peyton. 

Salió, estaba rodeado y sabía que no tenía ninguna posibilidad.

—Su hijo ha perdonado a Virgin, yo la llevaré a América y nunca más sabrá de ella— vociferó a un Conde que lo miraba autosuficiente desde su semental oscuro. A pesar de su avanzada edad, Charles no dejaba de ser imponente.

—Mi hijo todavía tiene mucho que aprender— repuso dejando que sus cuerdas vocales chirriaran al mismo tiempo que su revólver acababa con la vida de Vincent de forma rápida y cruel.

Virgin lo escuchó, lo escuchó todo como aquella vez en el despacho de su padre.  Volvió al carruaje por la trampilla y rebuscó velozmente entre las pertenencias de Vincent alguna arma hasta que dio con una, y antes de que los secuaces de Charles abrieran el vehículo ya se había vuelto a escurrir por el mismo sitio. Dejó a su hijo en el suelo, debajo del carro y se escondió entre los matorrales hasta rodear al Conde.  Siempre había tenido sangre fría para cumplir sus propósitos, y esa vez no sería diferente. Sabía que no viviría después de lo que iba hacer pero no le importaba. No le importó nunca. Cuando estuvo posicionada se incorporó y disparó en el cogote del antiguo general. 

Charles se tocó el agujero y tuvo el tiempo suficiente como para enfocar a Virgin para luego desplomarse contra el suelo. Los lacayos no tardaron en acribillar a la asesina del Conde, haciendo que cayera ensangrentada y que el carmesí tiñera su impoluta piel. La enterraron de mala manera para ocultar su cadáver, uno que nadie buscaría, y corrieron en llevar al difunto Charles de vuelta a Norfolk donde sería velado y sepultado mientras otros se ocupaban de Vincent.

Nadie se acordó de Johan Weston, el cual se había dormido en brazos de un Vincent que ya no respiraba. Sin embargo, al término de un tiempo, su llanto inundó ese camino polvoriento. Estaba hambriento, y los brazos de su fría madre le eran necesarios. 

—¿Lo oyes?— demandó una anciana campesina que iba de vuelta a su hogar para preparar la comida a sus nietos.

—No oigo nada— repuso el cascarrabias de su marido que la sordera le había acompañado en los últimos años.

—Espera, espera— detuvo el paso la señora hasta dar con un carruaje abandonado — espera...— refunfuñó acercándose al vehículo.

—¿A dónde vas mujer? ¿Te crees muy libre porque ya eres vieja? Tienes que pedirme permiso...

—Haz el favor de callar Anselm— vociferó Marianne lo suficiente alto como para que su esposo obedeciera— mira, mira... ¿qué haces aquí pequeño?—se tiró en el suelo con dificultad para poder llegar a Johan y acunarlo entre sus brazos.







Manto del firmamento ( IV Saga de los Devonshire)©¡Lee esta historia GRATIS!