Anteriormente...

Nunca hay que sobrevalorar a una persona, porque esta puede derrumbar nuestros mundos en un segundo. Zain era la viva imagen de ello; el me había enamorado para luego dejarme. Me había hecho llorar tantas veces, que ahora derramar una lágrima más por él me parece absurdo. Solo quiero morir, porque así mi vida se simplificaría.

Capítulo 14:

 -Hija, ¿Qué sucedió con Sarah y Raquel? –Exclamó mi madre despertándome de mi trance. Aquella pregunta me apuñaló en medio del pecho, dolía.

-Pues, nos peleamos. Nada importante. –Suspiré mientras tranquilizaba a mi madre. Realmente no me gustaba que se preocupara mucho por mis problemas escolares. Sabía que ella tenía verdaderos problemas a la hora de pagar por todo a fin de mes.

-Hay mi niña. –Suspiró mientras me abrazaba. –Hija, no te guardes las lágrimas, porque recuerda que una gota sola no hace nada, pero si se acumula se convierte en un mar de dolor, que te terminará ahogando. –Murmuró a mi oído. Las lágrimas no tardaron en salir, y cada vez mis brazos se aferraban más a los de mi madre. Ella había sido todo lo que tenía, y el hecho de que ella siempre esté conmigo me tranquilizaba. Si había Una persona que se que jamás faltará, esa era mi madre.    

-Gracias mamá. –Murmuré mientras secaba mis lágrimas. –Ahora, me ayudarías a cocinar. Pero no te robes la comida. –Exclamé mientras le tocaba la mejilla. Ella definitivamente era una mejor amiga para mí.    

Siguieron pasando los meses. Algo había mejorado con Liam, pero nunca hicimos un gran progreso en nuestra relación. Zain me seguía mirando, pero nunca se atrevió a hablarme. Raquel y Sarah, pues habían parado de juntarse con Marie, y por alguna extraña razón, me veían con lástima. Yo solo trataba de ignorar mi tristeza. Muy a menudo iba al taller de Jardinería, y hasta ingresé al Club de diseño. Eran pasatiempos que lograban distraerme. Con el tiempo todo volvió a ser como en el inicio. Yo no conocía a nadie, era invisible. Nadie me notaba, nadie se preocupaba por mí.    

Una parte de mi no quería admitir que se había acostumbrado a la hermosa vida de las amistades y la vida social activa; pero había que ser realistas. Yo no pertenecía a aquel mundo, yo era invisible y eso funcionaba para todos. Supongo que el destino solo quizo que probara un poco de felicidad. El destino solo quizo hacerme sentir feliz y querida por un corto plazo... agradesco haber pasado esos dos meses felices.

*3 Meses Después.*

-Mamá… ¿Dónde dejaste el vestido azul que hice? –Exclamé mientras observaba el reloj de mi mesa de luz. Eran las 6:30 pm, a las 8 tendría que estar en el baile escolar de primavera. Miré mi muñeca, habían cortes. Una lágrima cayó en uno y luego intenté refregarlas lo más cuidadosa posible.    

Me había hecho daño de multiples maneras; no quería vivir más. Fue la tercera vez que me estaba cortando que mi madre me descubrió. Ella comenzó a llorar al lado de la tina, en dónde estaba. 'Dime Shanie, ¿Eh hecho algo mal?' sollozaba ella entre cada lágrima. Ahí fue cuando me dí cuenta que haciendo esto solo lastimaría a mi madre.        

Solo lastimaría a la persona que más amo en el mundo. La que más me comprende. Yo moriría, pero mi madre quedaría sola en el mundo. Y no podía hacerle eso. Arrojé el pedazo de metal lejos y comencé a abrazarla; ella no me castigó, solo se preocupaba de que yo estuviera bien. La amaba, era la mejor madre de todas.      

Tres meses habían pasado, todo era normal ahora. Liam volvió a hablarme, eso fue lo único que cambió. Supe que Zain había terminado su compromiso con Marie; de eso, todos me echaron la culpa. Ahora era odiada por todos, todos salvo Liam. Raquel y Sarah se cambiaron de turnos escolares, ahora iban a la tarde al instituto.        

–¡Mamá! –Solté en un gritó aún más grande.  

-Está junto a esa mesa de allí. –Exclamó mi madre mientras hacía gestos en dirección a la pequeña mesa ratona de la sala. A un costado se encontraba el vestido azul Francia que había confeccionado semanas atrás.      

No tardé mucho en prepararme, era de pocos detalles. En ese instante, imágenes de Zain volvieron salvajemente a mi cabeza ¿Por qué me preocupaba tanto de mi aspecto cuándo él estaba presente? Era raro, pero él era el único que podía hacerme cambiar. Liam lo lograba también, aunque en una forma más amistosa que amorosa.        

Esa separación con Zain me había servido para darme cuenta de una cosa, yo lo amaba. Lo amaba más que a cualquier cosa, era un hombre tan importante en mi vida; estaba terriblemente feliz cuando se dio la noticia de su separación. Era una mala persona, pero mis sentimientos hacía Zain cada día se hacían más fuertes. La puerta sonó, bajé algo cuidadosa por mis tacos. Al abrirla, pude notar a un chico de traje negro, con una corbata violeta a rayas, y de ojos color avellana puros; Liam.

Llorando no se solucionan los problemas¡Lee esta historia GRATIS!