Capítulo 2. Hogar

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Tras los acontecimientos en Venice Beach, Kitty tomó la decisión por todos de volver a casa. Pero no a Wayback; sino a la mansión Owen. Quizá allí sus hermanos encontraran la paz que tanto necesitaban; y por qué no, también ella.

El último día que estuvieron juntos en la mansión, un hombre les dijo que podrían recuperar la escritura de la mansión y una copia de las llaves de una caja fuerte guardada en un banco de la ciudad a su nombre, pero Jimmy sabía que aquello solo había sido una cortina de humo para ocultarles la verdad. En cuanto cumplió los dieciocho, aprovechó cualquier oportunidad para salir de Wayback y visitar todos los bancos de la ciudad en busca de aquella caja fuerte a nombre de los Owen, pero no existía. Nunca se lo contó a John y, después de aquello, no se atrevió a volver a acercarse al lugar donde se suponía que estaba la mansión.

Desde que los Owen emprendieran el camino de vuelta a Aberdeen, Jimmy había estado soñando su encuentro con el lugar donde compartieron los últimos momentos con su madre. En sus visiones, un mensaje delante de las puertas dibujado por el viento se repetía una y otra vez: «Vosotros sois la llave», decía. Él ya había estado en la mansión antes: la visitó cada noche desde que se separaron y hasta que John lo encontró. Entonces no lo entendió, pero el hecho de que su primer padre adoptivo no viera la mansión pese a su envergadura, explicaba por qué nadie la había encontrado: estaba oculta mediante algún tipo de hechizo en el que solo dejaba que los Owen la vieran. No obstante, y para sorpresa de todos, Christian sí pudo verla.

No habían vuelto desde el día en que se separaron, pero el tiempo no había pasado en ella. Imponente frente a ellos, la mansión seguía desprendiendo la misma serenidad y calma que antaño. Ni siquiera las enredaderas habían cubierto la fachada, y la verja negra de acero que separaba el jardín del bosque ni se había oxidado. La doble puerta decorada con bucles y cogollos de acero forjado tenía dos discos donde se suponía que debía ir la cerradura, pero no había nada. Jimmy se adelantó y extendió con lentitud el brazo para examinarlos con la punta de los dedos. Una luz despertó de sus cimientos, dibujándose el mismo trisquel de sus brazaletes y muñecas y transformándose en otro símbolo circular con seis líneas salidas de su centro antes de abrirse.

Tras unos segundos de dubitación, atravesaron el umbral que tanto los había separado de la civilización cuando eran niños. Su fortaleza. Recorrieron el camino entre la verja y la mansión, observando sobrecogidos como una suave brisa que los rodeaba y se adelantaba a sus pasos, revivía la vegetación muerta por la falta de atención y coloreaba los árboles, plantas y flores; como si hubieran estado esperando su llegada. Pero no solo la mansión parecía despertar. En sus adentros, los Owen sintieron como su alma recuperaba partes desaparecidas tras años de búsqueda. Seguían sin recordar nada anterior a su supuesta salida de Atanasia, pero tenían la esperanza de que la mansión les daría las piezas del puzle que faltaban.

En el interior de la mansión todo estaba tal y como la recordaban. Algo así ya no los sorprendió, pero sí hizo que se les formara un nudo en la garganta y se les encogiera el estómago. El mobiliario, los objetos de decoración, las plantas de Áthena como si ella nunca se hubiera marchado, e incluso los dos vehículos familiares se hallaban en el aparcamiento. Sus habitaciones también estaban intactas, con todo aquello que ellos dejaron atrás el día que se marcharon: algunos libros de Blair; el piano de pared de Gary junto a su viejo cuaderno de partituras; los objetos deportivos de colección de Robbie; los blocs de dibujo de Jimmy; el boticario de Kitty; y la colección de discos de vinilo de Mark. El hecho de que el día de su marcha solo cogieran ropa y algunos objetos personales, dejando su vida atrás, hizo como si hubieran vuelto al punto de partida. Pero seguía siendo una sensación extraña. Pese a que su madre ya no estaba allí, podían sentir su presencia en cada rincón.

Los Guardianes (II): Claro de LunaRead this story for FREE!