Capítulo 28- Ligeramente enloquecedor

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Vincent, el lacayo de Thomas Peyton, miró de reojo a la criminal que su Señor acababa de tirar contra el asiento delantero. Por más que la miraba, no podía terminar de creer que un ser tan hermoso fuera malvado. Llevaba años no, toda una vida, como mercenario al servicio de los caballeros más adinerados y jamás se había lamentado por el triste destino de ninguno de los malhechores a los que había tenido que liquidar. Pero con esa bella creación de Dios, sentía que algo quemaba en su interior, sentía que no le podría quitar la vida aunque quisiera. Y se sintió un desgraciado por ese sentimiento, por ese pensamiento que atentaba contra su honor y sus deberes al servicio de una casa tan prestigiosa como los Peyton. No era la primera vez que tenía que matar a una mujer, ni si quiera era la primera vez que tenía que matar a una mujer bonita. Pero Virgin era mucho más que una cara bella y un cuerpo exuberante. Su mirada, tan atípica y, el movimiento casi imperceptible de sus labios  la hacían terriblemente atrayente...Por no mencionar el dulce aroma que desprendía su tersa y pálida piel. 

Ella seguía con la cara contra el asiento, ni si quiera había hecho el esfuerzo para incorporarse, tal y como Thomas la había dejado caer,  se había quedado. Ajena a todo, y a todos. Ausente. O quizás no era ausente el mejor término, sino carente de interés. 

 En cuanto el carruaje emprendió la marcha, Vincent la incorporó. Lo hizo despacio, casi con indolencia, no supo el por qué de su acción, pero lo hizo. No debía mostrar ningún tipo de amabilidad ni cordialidad con la persona que había intentado asesinar, repetidas veces, a sus señores. Sin embargo, ese acto tan simple, lo consumió de deseo. Por ambas partes. Y fue consciente de ello al instante puesto que Virgin clavó —por primera vez— su mirada sobre él. 

Vincent no era precisamente joven, sino más bien entrado en años; sin embargo, tenía la gran ventaja de no aparentar la edad que verdaderamente tenia. Teniendo así la impresión de estar con un hombre vigoroso y enérgico con toda la experiencia y características de un caballero de antaño. 

—¿Quién es usted?— finalmente preguntó Virgin tras haber estudiado a ese hombre que había conseguido remover su interior con un solo toque. 

—Vincent— ¿por qué diablos le había respondido? ¿desde cuando un verdugo se presenta a su víctima? Se sintió estúpido y se decepcionó con él mismo. 

Tal vez uno de los principales atractivos de Virgin Monroe, concluyó cuando ella también se presentó, era que parecía totalmente ajena a su extraordinaria belleza. Porque era poco menos que deslumbrante. 

Vio que apartaba su mirada en dirección a la nada y se sintió extrañamente ofendido. 

—¿Por qué ha hecho todo esto?— demandó sintiéndose con el derecho de demandarle el por qué de su suicidio.  Volvió a captar su atención. 

—No tengo nada en contra de Thomas ni de su esposa, solo quería hacer justicia...

—¿Justicia era querer matar a una persona inocente?

—Si con eso perjudicaba a Charles Peyton me daba por satisfecha. 

—¿Por qué quería perjudicar a Charles Peyton?

Virgin lo miró e hizo vibrar sus pupilas sobre esas dos orbes azules que parecían estudiarla con detenimiento. Y sin saber por qué, empezó a narrar con detalle el día en que su padre murió. No tenía ni idea de por qué estaba siendo sincera con ese extraño, ni por qué estaba contando algo que ya no tenía sentido contar. 

Vincent se asombró por la forma tan inexpresiva en que Virgin narraba el suicidio de su progenitor.  No sabía si era realmente ajena al dolor o era demasiado fuerte como para demostrarlo. 

Manto del firmamento ( IV Saga de los Devonshire)©¡Lee esta historia GRATIS!