trece;

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— ¡Al fin! —La chica soltó un quejido nada más sentarse en uno de los bancos que conformaban la mesa del comedor.

Shinsou decidió hacer lo mismo, sentándose al lado de ella y dejando el banco de enfrente para Awase y Yaoyorozu, la cual había aparecido Dios sabe por qué para echar una mano. Los dos teñidos se preguntaron numerosas veces cómo esa chica había aparecido para ayudarles con todo el proceso cuando el mismísimo Todoroki, amigo de la infancia de ambos, había creado un plan perfecto para no aparecer.

Puede que la chica intentara ganarse el cielo de alguna manera y ayudar a los tres desgraciados de turno era la vía más rápida para hacerlo, pero realmente echar una mano en una mudanza era querer morir en el intento.

—Deberías quedarte hoy a dormir, Yaoyorozu. Ya es muy tarde para que vuelvas a casa.

—No quiero molestar, Awase-san.

—Insisto. —Movió vagamente la mano el moreno, hundiéndose más en el asiento—. He traído un futon para estos casos.

—Yo también. —Añadieron los otros dos a la vez.

—Está bien que asimilemos que vamos a vivir más de tres en esta casa la mayor parte del tiempo.

—Por lo menos aquí caben más de seis personas. Te recuerdo que vivía en un piso para tres personas con dos más de las necesarias y sólo un baño. —Marcó con la mano antes de bajarla y apoyarla sobre la mesa, seguida de su cabeza—. Aquí hay dos baños, una habitación libre y un salón-comedor absurdamente grande.

—Los tres pisos de escaleras han salido rentables. —Agregó Shinsou.

—Y menos mal que han sido tres. Con cinco pisos me pensaba volver al manicomio de mi antiguo piso.

Su amigo le dio un suave golpe en la espalda, intentando no recordarle a la chica lo bien que se lo pasó ayer por culpa de sus amigos. Ya había escuchado toda la historia nada más comenzar con las cajas y, aunque a él le rechinaban muchas de las decisiones, tenía que estar feliz con su amiga por tener de nuevo las amistades de los otros. Eran parte de su vida, una importante que no quería dejar atrás.

—Mis padres quieren venir a ver el piso.

Los dos de cabellos morados miraron a su compañero, el cual tenía el móvil en la mano. Ambos realizaron el mismo gesto al instante, sorprendiendo a Yaoyorozu.

—Que vengan todos un mismo día, ¿no?

—Sí, estaría bien. Hace mucho que nuestros padres no se ven.

— ¿A quién de los dos se lo dices, Shinsou?

—A ambos —murmuró levantando la mirada un instante para ver a Awase.

—Supongo que podemos quedar un día todos para comer si conseguimos sincronizar a todos.

—Que guay que viváis juntos, en serio. A mi también me gustaría vivir con mis amigos. —Intervino Yaoyorozu, mostrando una gran sonrisa.

—Vente, tenemos una habitación libre —dijo el moreno haciendo que los dos asintieran a la vez. Todo lo que fuera rebajar el alquiler, les venía perfectamente.

— ¿E-En serio? ¿Pero no tenéis los instrumentos ahí?

—El salón es gigante, además no puedes dejar a Jirou aquí sola.

— ¿Eso a que viene? —murmuró ella abriendo el chat de Kaminari, el cual había tropecientos mensajes.

—Dos chicos y una chica, ya sabes.

— ¿Esto está bien?

La de la coleta no dejaba de mirar al otro moreno en búsqueda de una aprobación de algún tipo. Shinsou le dio un codazo a su amiga para que saliera del trance, sabiendo que estaría absorta en la conversación con el otro. Le señaló disimuladamente a la pareja, los cuales no se quitaban la mirada de encima.

Conectados; KamijirouDonde viven las historias. Descúbrelo ahora