Capítulo 8

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Blake caminó tranquilamente hasta llegar a la barra, sintiéndose segura de lo que hacía, colocó los codos sobre la larga mesa y dejó que sus pechos tocaran la superficie, llamando la atención del mesero y de todos los hombres presentes.

—¿Qué quieres damita? —preguntó el hombre grande del bar.

—Quiero tres jarras de ron —sonrió Blake—, quiero tener una buena paga y eso sale después de que logro emborrachar a mi presa.

—No creo que necesites emborrachar a nadie preciosa —dijo un hombre sentado a unas sillas de ella—, eres lo suficiente embriagante como para no necesitar ni una gota de alcohol.

—¿Eso cree? —ladeó la cabeza la joven, era uno de los Sorts.

—Estoy más que seguro.

—Bueno, al fin y al cabo, solo busco la mejor paga —se inclinó de hombros—, no me importa llevar unos tragos.

—¡Soy de los más ricos de aquí! —se puso en pie otro de los Sorts— ¿Por qué no estás trayendo mis tragos?

—¿Quiénes sois vos? —se extrañó la joven.

—Jorge y Michael Sorts —apuntó el primero—, nosotros tenemos un barco cargado en dirección a Estados Unidos.

—Ah, igual que el Capitán Satán.

—¡El capitán Satán! —se burló Michael Sorts— ¡No me digas que a él llevas las bebidas!

—Sí, es un hombre muy rico.

—¡Mis polainas! —gritó Jorge Sorts— ¡Nosotros tenemos más cargamento que él en esta ocasión! ¡Ven siéntate, bebe esto!

—¿En serio? —se inclinó de hombros ella, tomando la jarra que le tendían y empinando el contenido—. A mí me dijeron que el cargamento que él tiene de algodón es el más basto de todos los barcos.

—¡Cuenta! ¡Cuenta muchacha! ¡Nosotros tenemos más! —gritó Michael— ¡Bríndanos tus placeres a nosotros!

Blake se sintió asqueada por esas palabras. No podía creer que existiera hombres tan repugnantes como ellos. Pero los había, y ella los conocía más que bien, no por nada había terminado casada con el último hombre que pensó.

—No lo sé, como me podéis comprobar que sois más ricos. No iré con ustedes si no me convienen.

—Muchacha interesada —sonrió Jorge—, pero es válido, es válido. Digamos, que bajamos cuantiosamente el capital ve vuestro amado Capitán.

—Pero ojo, muchacha, si decís una palabra, te dejamos sin lengua —advirtió Michael.

—Lo que no comprendo, es como lo lograron. Me han dicho que nadie entra a ese barco sin ser de la tripulación. Son estrictos, os los digo porque quise entrar en varias ocasiones y me lo negaron.

—Ahí tienes tu respuesta muchacha. La falla está en el interior.

—¡Eso quiere decir que hay uno de ustedes en la tripulación del capitán Satán!

—¡Bingo!

—Toma, bebe esto —Blake miró el vaso, deseaba rechazarlo, pero tenía que seguir la conversación.

—Sois muy listos, más listos que ese imbécil del capitán.

—¡Al fin comienzas a comprender muchacha!

—Por el momento, tomate esto y puedes seguir meneándole el culo a ese imbécil, pero en la noche, te vas con nosotros.

—¡Vosotros sois muy buenos! —sonrió Blake con encanto— ¡Así podré sacarle más dinero!

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