El beso.

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Yo cubría mis ojos con con mis manos, pero podía verte a través de las ranuras entre mis dedos.

Sonreías.

Sonreías y me veías de cierta forma que me cuesta tanto describir. Nadie más me ha visto de esa forma, y, si te soy sincera, no quiero que alguien más lo haga, porque en ese preciso instante, tu mirada me dijo todo lo que necesitaba saber.

Me pedías que descubriera mi rostro, y sonreías, y yo trataba de cubrir mi sonrisa,  pero esperaba que notaras lo feliz que me sentía, y a veces jalabas mis brazos, y otras tantas me tomabas de la cintura.

Y yo temblaba.

Tu tacto, tu presencia, tu aroma, tu mirada, tu sonrisa... mi cuerpo se sentía ligero, emocionado, repleto de tantas sensaciones...

Yo era la pólvora y tú eras el fuego.

Te inclinabas hacia mí, y mis terminaciones nerviosas se activaban al instante.

Bésame, pensaba, bésame de una vez, déjame probarte.

-Por favor -dijiste-, descubre tu rostro.

Y eso hice, sonriendo,  y ahora nada me impedía admirar tu sonrisa, esa sonrisa que tanto amo, esa sonrisa que era mía...

Sonreíste aún más, y yo hice lo mismo. Tus ojos brillaban y te veías feliz, mi corazón se alegraba porque era por mí, era gracias a mí. Mi pulso era tan veloz como era posible, y temblaba, de nervios,  de miedo, de felicidad, y de todas las cosas que me inundaban en ese momento.

Poco a poco acortaste aún más la distancia,  sonriendo, sonriendo, y temía que pudieras escuchar a mi agitado corazón. Nuestros ojos no se apartaban los unos de los otros, conectados fuertemente.

Tu mirada.

El contacto no se rompió hasta que mordiste tu labio inferior.

Carajo, no hagas eso, yo quiero hacerlo.

Tomaste mi barbilla con una mano, y después acariciaste mi mejilla con la otra, y al mismo tiempo te inclinabas poco a poco.

Yo sonreí. Te amaba tanto y llevaba deseando besarte desde siempre. Te amo tanto y desearía poder besarte hasta que el mundo se extinguiera.

... si tan sólo siguieras conmigo...

Sonreíste de vuelta, y yo incliné un poco mi cabeza. Y ese instante ne parece eterno, porque lo es.

Tus labios al fin se juntaron con los míos, suavemente, lentamente,  amorosamente...

Tus labios, suaves, tiernos, temblorosos, se unieron con los míos y yo podría jurar que es ahí a donde pertenecen, que eres la mitad perdida que tanta falta me hace.

Nuestros labios se acoplaron, y comenzaron a moverse a su propio ritmo.

No sé cómo, pero mis manos estaban alrededor de tu cuello, y tus manos alrededor de mi cuntura, y entre más tiempo pasaba, más fuerte se hacía el abrazo y más corta se hacía la distancia.

Fue nuestro primer beso. El único que me importa, y de los pocos que serán inolvidables para mí.

Los únicos inolvidables son los tuyos.

Recuerdos.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora