En un suspiro (extracto)

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Extracto de la novela En un suspiro que próximamente será publicada a través de Amazon y otras plataformas digitales:

Obra registrada en el Registro de la propiedad intelectual.

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«La vida es una constante montaña rusa, en un instante estás en lo más alto y al siguiente… cayendo en picado en cuestión de segundos. Sucede tan rápido que apenas te das cuentas de que se esfuma delante de tus ojos tan rauda, efímera y veloz que se convierte en un mero suspiro hasta que se vuelve a detener, deja de girar y escapar por un instante, para ver que en la realidad no todo es sueño y un final, sino que te mira, sonríe y se llena de luz para desaparecer nuevamente al final del camino»

La cubierta de dos libretas se cerraron casi al mismo tiempo en lugares distintos; similares pensamientos, diferentes palabras pero el mismo sentimiento. 

Laira dejo escapar el aire retenido con lentitud, casi al mismo ritmo en que latía su corazón, veía pasar a través de la luna del cristal los edificios de su nueva ciudad y no percibía ninguna emoción salvo la presencia de la lluvia, una que formaría parte de su vida de ahora en adelante ya que, cinco de cada siete días de los meses de julio a agosto se llenarían de ella como el reflejo de su interior; gris, melancólico y lleno de grietas por donde rebosaban las lágrimas durante las horas de oscuridad. Esa sería su nueva ciudad, Vancouver, situada en la costa pacífica de Canadá, al suroeste de la provincia de Columbia Británica, entre el estrecho de Georgia y las montañas Costeras; rodeada de agua y naturaleza. Ella y sus padres se habían mudado allí tras lo sucedido, necesitaba cambiar de aires, dejar de recordar cada segundo de esa maldita noche y no pisar más esas calles que había recorrido con él. 

Por suerte, Malena, su mejor amiga estaba con ella; viviría con ellos durante lo que durase la carrera. Los padres de esta habían accedido costeando los gastos, y los suyos estaban encantados de poderla tener, pues era como uno más de la familia. Su hermana pequeña peleaba atrás con Bruno, el mayor, sin embargo, sus constantes tirones y gritos no parecían irritarla como habría sucedido en otras ocasiones, simplemente seguía sentada en el coche, ausente cual fantasma, respirando y meciéndose automáticamente al paso del vehículo por las rugosidades del asfalto. 

Al menos, Malena conocía gente allí, ella no era la primera vez que viajaba a Canadá y eso les facilitaría el adaptarse e integrarse en su nueva Universidad; nuevo ciclo, nueva vida pero la misma piel y el mismo dolor acompañándola, ojalá fuera tan fácil hacer lo mismo con los sentimientos… quitarse una prenda para colocarse otra.

Oía al resto hablando pero ella seguía ausente hasta que la voz de Malena y su mano posándose en su brazo la hicieron salir de su sopor.

—Tierra llamando a Laira, llevo cinco minutos intentando que hagas caso ¿se puede saber que andabas escribiendo otra vez en ese cuaderno?

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