Capítulo 1: Oportunidad (parte IV)

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La escena, era de una película de terror pensaba Milton. Llovía, empezaba a hacer frío y su cuerpo estaba recorrido por una sensación de pánico. Observó y frotó sus ojos varias veces sin poder creer haber imaginado eso. « Estaba ahí» se decía.

En el piso, lo único que había era el salpicado constante de las gotas de la llovizna. Elevó su mirada, intentando descifrar el acertijo en el que estaba inmerso y se confundió aun más. Donde antes, había podido observar un balcón, ahora se encontraba sólo una ventana. Habría sido capaz de describir ese balcón con detalle y ahora no existía. 

Ya sin más que hacer y estando en el medio de la calle, empezó a correr hacia Oportunidad. Se sentía indefenso, con mucho miedo como si no pudiera dominar lo que su mente le decía. «Mi cabeza no para de jugarme trucos» pensaba mientras llegaba agitado al Orfanato.

Estando frente a la puerta, intentó tranquilizarse. Respiró unas cuantas veces para calmarse y que no se note el pánico que traía consigo.

—¡Milton! ¡Te estás mojando! —decía Mailen preocupada—. ¡Entrá, entrá!

En ese momento, la encargada pensó «es la segunda vez que hace esto». Consideró un segundo si retarlo o dejársela pasar. «En unas horas es su cumpleaños». Lo miró de arriba abajo. Estaba mojado, con frío y algo confundido, finalmente decidió. —Anda a bañarte, mañana hablamos.
Milton aprovechó y salió casi corriendo hacia su habitación. Estaba todavía algo confundido pero no quería pensar en eso. No se quería distraer de lo que realmente importaba, que era que todo estaba mejorando en su vida. Así que pensando en eso se metió en la bañadera. No sin dejar registrado que sería tema para hablar con su psicóloga.

—¡Que olor sale del baño! —bromeaba su amigo—. ¿Qué estás haciendo?

—Lavándole los calzoncillos a Toni —seguía el chiste mientras terminaba de bañarse.

Milton salió del baño, saludó a Leo y le contó de su charla con Jazmín. Luego sintió como su estomago le hablaba, no había comido nada en toda la tarde y su cuerpo se lo hacía saber.
Entonces aprovechó que su amigo se metería al baño para ir a la cocina y comer algo.

Poco a poco fue olvidando el episodio que había vivido y reemplazó esos pensamientos con otros positivos. Después de todo, sería quizá el primer cumpleaños en el cual estaría contento.

—Mil —interceptaba Mailen al adolescente mientras bajaba las escaleras—. Mañana vendrán los Clemente a la tarde a pasar un rato por tu cumpleaños. Los invité porque me pareció otro buen momento para que conecten —se justificaba—. ¿Qué te parece?

—¡Qué bueno! —no dudó un segundo en responder—. Le diré a Jazmín entonces y a Leo también —seguía entusiasmado—. Así Horacio y Juan conocen a mis amigos.

A Mailen le daba una enorme alegría el progreso que estaba teniendo Milton. Ella lo quería y cuidaba mucho, a veces, lo confundía con su hijo y eso siempre era un problema ya que de vez en cuando, tenía que poner los puntos y retarlo. Pero en verdad, él nunca le había causado muchos problemas o por lo menos no graves. Claro que recordaba las veces en las que espantaba a las familias que querían conocerlo o cuando se escapaba de clases. Al pensar en ello se generaba en la encargada una sonrisa y pensaba «es sólo un chico».

Milton fue a la cocina y notó que no había nadie. Un cartel pegado en la heladera decía "No hay cocinero, mientras buscamos uno les dejamos frutas y sándwich de jamón y queso". Él era vegetariano, por lo que agarró un sándwich y le sacó el jamón.
Mientras comía pensaba en que le quería regalar algo a los Clemente, quería romper con la rutina de darle regalos al cumpleañero. Después de todo, era un agradecimiento, ya que gracias a ellos Milton iría a pasar un gran día. «Después de la escuela buscaré algo»

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